Realidad mental o extramental Descartes

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1. Situación histórica de Descartes


a) se trata de una situación de crisis y desconcierto, tanto en el campo del saber científico-filosófico como en el campo de la religión. Esta situación es consecuencia de 2 acontecimientos: - El primero son los descubrimientos físicos y astronómicos efectuados por Copérnico, Kepler y Galileo. Los descubrimientos de estos científicos destruyeron la imagen del universo que se tenía hasta entonces refutando el geocentrismo.-El segundo es la reforma protestante, emprendida principalmente por Lutero y Calvino, como consecuencia de ella el Occidente cristiano  quedo dividido y se desencadenaron guerras de religión, la iglesia católica reacciono a la reforma protestante creando la contrarreforma   cuya orden religiosa más representativa fue la Compañía de Jesús.
Descartes se formó intelectualmente en una institución dirigida por esta orden

. B)

En la filosofía occidental se produjeron 2 reacciones opuestas: la primera fue la de Montaigne y la segunda fue la de D.. La reacción de Montaigne consistíó en abrazar el escepticismo.
El escepticismo define que no podemos alcanzar la certeza, por lo que todos nuestros conocimientos son inseguros. La reacción de D. Consistíó: en buscar la certeza dentro de los 2 terrenos en los que la misma se había perdido: el científico-filosófico y el religioso. En el terreno científico, la búsqueda de la certeza le condujo a Descartes a elaborar un método universal de proporcionar conocimientos seguros; y en el religioso, le llevo a demostrar filosóficamente algunos dogmas fundamentales.

2.1 El carácter dubitable de la existencia del mundo

D. Emprende una búsqueda de la certeza. Esta búsqueda consiste en el intento de encontrar un conocimiento del que resulte imposible dudar, un conocimiento absolutamente seguro. Según D. Este conocimiento no puede ser un dato suministrado por la percepción sensible. D. Justifica la posibilidad de dudar de los datos de los sentidos  basándose en el hecho comprobado de que estos a veces nos conducen a error. Además hay que tener en cuenta que los descubrimientos físicos y astronómicos que se están produciendo en su época alimentan la desconfianza de los sentidos, porque demuestran que estos nos engañan. Según D. Si nos apoyamos en los sentidos ni siquiera podemos afirmar con certeza que cosas existen, ya que el mundo podría ser solo una especia de sueño, en el que estamos metidos sin darnos cuenta de ello.

2.2 El carácter indubitable de la existencia del yo

D. Cree que lo único que no podemos dudar de su existencia es el yo. Supongamos que estoy percibiendo una habitación. Para D. El hecho de que mis sentidos me informen de la existencia de la habitación no basta para garantizar que la habitación existe. Pero una cosa es la habitación y otra distinta mi percepción de ella. Mi percepción de la habitación a diferencia de ella: no es una cosa del mundo sino un acto mental mío; y yo no lo capto con la percepción sensible sino con mi percepción interna. Pues bien: Podre dudar de que exista la habitación; pero no puedo dudar de que la estoy percibiendo, ni tampoco, por tanto de que yo existo. D. Niega la certeza de la percepción sensible, pero afirma, por el contrario, la certeza de la percepción interna. Como el mundo se capta con la percepción sensible, y esta no tiene certeza, la existencia del mundo no es indudable; pero, como el yo se capta con la percepción interna, y esta si tiene certeza, la existencia del yo si es indudable. Es por esto que la filosofía de D. Es una egologia:
Porque la certeza, no reside en la percepción externa que el yo tiene de las cosas del mundo sino en la percepción interna que el yo tiene de sus propios actos mentales, de sus propios pensamientos porque aunque no pueda estar seguro de lo que veo, puedo estar seguro de que lo veo.


2.3 La respuesta inicial de Descartes a la pregunta por la existencia


. La respuesta de D. A la pregunta ¿Qué existe? ¿Quién existe?, en el primer momento de su investigación, consiste en afirmar que existe el yo y existen los actos mentales que el yo percibe en sí mismo. No podemos afirmar que  exista también el mundo, porque la falta de certeza de la percepción sensible nos lo impide. El mundo podría existir; pero, de momento, no sabemos con seguridad si su existencia es un hecho. Y los mismo cabe decir de nuestro cuerpo.
Como este también se percibe con la percepción sensible, su existencia resulta tan dubitable como la del mundo. La única existencia que no podemos poner en duda es la de nuestro propio yo, que es el sujeto de nuestra actividad mental, y la de los actos mentales que la componen.

2.4 noción cartesiana de idea

Para designar estos actos, D. Emplea el término “idea”. Pero las ideas, para D., no son solo nuestros actos mentales sino también los objetos de ellos. Cuando percibo una habitación, ejecuto un acto mental. Este acto mental (del que yo soy el sujeto) tiene un objeto propio. Mi acto mental es la percepción; y el objeto del mismo, la habitación. Según D. , como ingrediente de una idea que existe en mi mente: la idea que yo tengo de la habitación. Esta idea es, a la vez, mi acto de percibir la habitación y la propia habitación, en tanto que objeto percibido por mí. D. Dice que debo distinguir entre la habitación como realidad extramental  y la habitación como objeto de mi acto mental: la primera, si existe, está fuera de mi mente, pero la segunda está en mi mente. La primera, como no está en mi mente, no es parte de una idea mía; pero la segunda, como esta en mi mente, si lo es.

2.5 El idealismo de Descartes

Según D.: cuando percibo una habitación, no percibo una realidad extramental sino un objeto; pero este objeto forma parte, junto con mi propio acto de percibirlo, de una idea mía; por tanto, lo que yo percibo, cuando percibo una habitación, es una idea mía. Aquí se pone de manifiesto un rasgo revolucionario de la filosofía de D.: el idealismo. El idealismo consiste en afirmar que los objetos de nuestro pensamiento no son las cosas reales sino las ideas que nosotros tenemos de ellas. Como la existencia del mundo no es evidente, no podemos partir de que los objetos de nuestro pensamiento son cosas reales; tenemos que partir de que son ideas, que están en nuestra mente pero que acaso no correspondan a ninguna cosa real.

2.6 La contraposición entre realidad objetiva y realidad substancial

Dado que los objetos de nuestro pensamiento son ideas y no cosas reales, no por eso carecen totalmente de entidad. Según D., les corresponde un cierto tipo de realidad, él lo llama “realidad objetiva”. Realidad objetiva es la que tiene, por ejemplo, una habitación que yo percibo por el hecho de estar en mi mente. A la realidad objetiva se contrapone otro tipo de realidad, que D. Llama “realidad substancial”. Este segundo tipo de realidad les correspondería a las cosas reales, si existieran. Realidad substancial es la que tendría, por ejemplo, la citada habitación si, además de estar presente en mi mente, existiera en el mundo.


3.1 El problema de la fundamentación de la verdad


Nuestro yo tiene en su mente unas ideas. En estas, junto con nuestros actos mentales, hay unos contenidos dotados de realidad objetiva. Estos contenidos son los objetos de nuestros actos mentales. Pero D. Pretende probar que, más allá de la mente y sus contenidos objetivos, existe un mundo de cosas dotadas de realidad substancial: porque, si ese mundo no existiera, entonces según él, por mucho que nosotros existamos, nuestro conocimiento seria falso. La verdad de mi conocimiento, según D., depende, pues de 2 factores: de que exista un mundo de cosas más allá de mi mente; y de que entre las ideas que yo tengo en mi mente y las cosas del mundo haya una coincidencia, no una divergencia. La tarea de D. A partir de aquí, consiste en demostrar esta coincidencia.

3.2 Dios como fundamento de la verdad

La apertura a la teología le sirve a D. Como vía para denostarla. Él está convencido de que esa demostración puede hacerse apoyándose en la idea de Dios.
El razona en el marco del horizonte de la creación, introducido en la filosofía occidental por el Cristianismo. Razonando en este marco considera que si Dios es el creador de toda la realidad, entonces tanto la realidad objetiva de nuestras ideas como la realidad substancial de las cosas han sido creada por EL; y que si las 2 han sido creadas por El, entonces Él puede haber hecho también que las 2 coincidan. Pero este razonamiento no puede darse automáticamente por válido, porque en él se presuponen 2 hechos no demostrados: que Dios no existe; y que Dios al crear la mente y el mundo, ha hecho que coincidan las realidades de una y del otro. Para poder dar este razonamiento, en primer lugar, toma la idea de Dios y construye varios argumentos para demostrar que Dios existe. En segundo lugar después de haber planteado esas pruebas de Dios, alega que, como Dios es bueno, no puede querer que vivamos engañados. Como no puede querer que vivamos engañados, tiene que haber creado la mente y el mundo de manera que las ideas de la primera expresen la realidad de las cosas del segundo. Pero es preciso señalar que, para D., esta coincidencia entre las 2 realidades no tiene lugar en el caso de todas nuestras ideas. La razón de ellos es la siguiente: D. Distingue entre 2 tipos de cualidades: las primarias y las secundarias: -las primarias son la figura, el tamaño y el movimiento y las secundarias, por ejemplo, los colores, sonidos, ETC. La diferencia entre unas y otras es que las primeras son matematizables mientras que las segundas no. Pues bien: D. Sostiene que en el mundo solo existe lo matematizable, y que, por tanto, las únicas cualidades que constituyen las cosas del mundo son las primarias. Las cualidades secundarias poseen realidad objetiva, porque los objetos de una parte de nuestras ideas las tienen; pero no son propiedades de las cosas reales como tales. Las cosas reales son cuerpos que tienen figura y tamaño y se mueven en el espacio, pero que no tienen cualidades secundarias de ninguna clase.

3.3 La respuesta final de D. A la pregunta por la existencia

D., en este momento avanzado en su investigación ya tiene la respuesta completa a la pregunta metafísica: ¿Qué existe?, ¿Quién existe?: Al principio, basándose en el testimonio de la percepción interna, había afirmado solamente que existe el yo y que existen sus ideas; pero después, razonando deductivamente a partir de una de estas ideas, la idea de Dios, afirma también que existe Dios; y por último, apoyándose  en uno de los atributos divinos que están expresados en la idea de Dios, la veracidad, termina afirmando que existe el mundo.


4.1 El concepto cartesiano de substancia


Dios, yo y mundo son substancias: los 3 poseen realidad substancial y no meramente objetiva. Esto significa que ninguno de ellos es sólo el contenido objetivo de una idea. La sustancia se define para D. Como “aquello que existe de tal modo que no necesita de otra cosa para existir”. Existir de este modo supone:- existir en sí mismo y no en otro; y existir, además, por sí mismo y no por otro. Lo primero significa ser sujeto de atributos y no mero atributo. D. Piensa que cada substancia posee un atributo fundamental que la define; pero para él, la substancia es el sujeto que tiene el atributo, y no simplemente el atributo. En cuanto a los segundo, D. Reconoce que solo resulta aplicable a Dios, ya que las otras 2 substancias son substancias creadas y, como tales, no existen por ellas mismas si no por Dios. Pero en otro sentido más amplio también se puede aplicar al yo y al mundo, porque ninguno de los 2 necesita del otro para existir. O sea. El yo y el mundo, según D., son co-dependientes de Dios, pero independientes entre sí; y el ser independientes entre sí permite que los consideremos también como substancias, a pesar de no cumplir a rajatabla la definición del concepto de substancia. Que el yo es independiente del mundo significa que no es parte de éste (al contrario que nuestro cuerpo) y que puede existir sin estar en él. Como puede existir sin estar el, cabe la posibilidad de que nuestra conciencia personal perviva más allá de la muerte. Con este argumento D. Justifica el dogma cristiano de la inmortalidad del alma.

4.2 Los atributos de las substancias

Hemos dicho ya que, para D., de los atributos que posee cada substancia, uno es el fundamental y la define. Los otros caracteres de la substancia presuponen este atributo fundamental y son simples variaciones del mismo. A) El yo tiene como atributo fundamental el pensamiento, y se define, por ello como substancia pensante.
B) Los cuerpos que forman el mundo tienen como atributo fundamental la extensión. El mundo se define como el ámbito de la substancia extensa.
C) Y Dios tiene como atributo fundamental la infinitud, y se define, por ello, como la substancia pensante infinita.


5.1 La dualidad yo-cuerpo


Según D., el ser humano está compuesto por el yo y el cuerpo. Aunque los 2 son componentes suyos, el más propio de él es el primero. El yo y el cuerpo son substancias que pertenecen a ámbitos también distintos: el primero al ámbito de la substancia pensante y el segundo al ámbito de la substancia extensa. Por ser substancias distintas, son autónomos e independientes entre sí, sin embargo están relacionados. Partiendo de esta idea fundamental, la del dualismo antropológico, en la antropología de D. Hay 3 cuestiones principales de abordar:1) como concibe D. El yo 2) como concibe el cuerpo 3) y como concibe la relación, en el hombre, entre el yo y el cuerpo.

5.2 El yo como pensamiento y libertad

El yo es el sujeto de los pensamientos. Estos son básicamente las operaciones del entendimiento y la voluntad:- las operaciones del entendimiento son los diversos modos de percepción, sentir, imaginar, concebir. – y las operaciones de la voluntad, los distintos modos de la determinación, desear, rechazar, afirmar, negar, ETC. La carácterística esencial de la voluntad es la libertad. Para D., la libertad constituye el atributo principal del hombre. Sostiene que su existencia es un hecho evidente y que la conocemos de forma innata. La libertad consiste en que la voluntad pueda realizar sus operaciones sin ser obligada a ello por ninguna fuerza exterior. A D. Le preocupa de modo especial el problema de la libertad, porque la nueva ciencia creada por Galileo había introducido una concepción mecanicista del Cosmos; y esta concepción llevaba consigo un determinismo, que ponía en peligro la afirmación de la libertad humana.
El mecanicismo concibe el cosmos como “un mecanismo de fuerzas en el que los cuerpos se influyen recíprocamente según leyes puramente mecánicas”. Según esta concepción, los fenómenos naturales se producen por necesidad y no están dirigidos hacia ningún fin. La naturaleza, para el mecanicismo, no es un dominio de libertad sino de necesidad. D. Acepta el mecanicismo, pero le restringe a la explicación de los procesos que acontecen en el ámbito de la substancia extensa. Como el yo del hombre no pertenece a este ámbito sino al ámbito de la substancia pensante, y entre los 2 ámbitos hay una distinción radical, el modelo mecanicista no puede aplicarse para explicar las actividades del yo. Para D. Estas actividades son algo totalmente diverso de los fenómenos que afectan a los cuerpos, y no se rigen, como ellos, por leyes mecánicas. Esto le sirve a D. Para afirmar conjuntamente la existencia de la libertad humana y el mecanicismo propio de la nueva ciencia.

5.3 El cuerpo como maquina

Según D. El cuerpo del hombre, al contrario que el yo, forma parte del gran mecanismo del cosmos. Se rige por leyes mecánicas lo que significa que no tiene libertad. Mientras que el yo es simple, el cuerpo es compuesto y como es compuesto es susceptible de descomponerse. Si el cuerpo es una maquina nuestros movimientos o expresiones corporales son el resultado de esta máquina. El proceso físico que genera el movimiento del cuerpo está desencadenado, según D., por unas partículas que recorren las venas y los nervios. El las denomina Espíritus Animales.
Para D. Hay muchos espíritus animales en el cuerpo no todos de ellos están compuestos por los mismos elementos, ni provienen de los mismos órganos, ni tienen la misma forma.


5.4 La interacción entre el yo y el cuerpo: la función de la glándula pineal


La división de la naturaleza en 2 substancias autónomas  y la división del ser humano en 2 componentes independientes, tiene una ventaja y un inconveniente. La ventaja es que le sirven a D. Para resolver el problema de explicar cómo el ser humano, a pesar de vivir en un cosmos mecanicista, puede ser libre; pero el inconveniente es que le obligan a afrontar el problema de explicar cómo el cuerpo y el yo a pesar de ser independientes entre si, pueden interaccionar. Pues lo que no puede negarse es que interaccionan: los estímulos recibidos por el cuerpo afectan al yo y los deseos y decisiones del yo también afectan al cuerpo, porque determinan sus acciones. En su tratado las pasiones del alma, D. Sostiene que el yo del hombre se aloja en la glándula pineal, situada en el cerebro, y que es a través de esta glándula como se establece la comunicación entre el cuerpo y él. La comunicación entre el yo y el cuerpo que se establece a través de la glándula pineal tiene lugar en ambos sentidos: del yo al cuerpo y del cuerpo al yo. Por un lado, es desde allí donde el yo conecta con el cuerpo modificando sus movimientos a través de los espíritus animales; pero por otro también es allí donde se recibe todo cuanto ha de pasar del cuerpo al alma.

5.5 Las pasiones

 Según D. Como consecuencia de la interacción entre el yo y el cuerpo, la parte inferior del primero es afectada por percepciones que se originan en el segundo. D. Llama pasiones a estas percepciones que tienen in origen fisiológico y de los que el yo es sujeto pasivo. Las pasiones tienen 2 propiedades:  a) aparecen en el yo sin que éste lo determine con su voluntad b) pueden estar en desacuerdo con la razón. Si las pasiones llegan a dominar la voluntad en contra del criterio de la razón, se vuelven peligrosas. Por esto D. Defiende la necesidad de un autodominio.
La teoría de las pasiones constituye, en la filosofía de D., un puente entre la antropología y la ética.

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