Racionalismo vs. Freud: La Estructura Psíquica y la Represión Social
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La Naturaleza Humana y la Sociedad: Perspectivas Filosóficas y Psicológicas
La Visión Racionalista: El Ser Humano como Animal Social
Para los racionalistas, el ser humano posee una disposición natural a vivir en sociedad: el ser humano es un animal social (político, dirá Aristóteles) que, al poseer lenguaje, tiene la posibilidad de vivir en comunidad. Ningún individuo es autosuficiente. De ahí que necesite por naturaleza vivir en sociedad. Muchos de ellos, el caso más claro es el de Aristóteles, conciben, además, la sociedad como un «todo», como un organismo del que el individuo forma parte. Separado del organismo no hay posibilidad de supervivencia.
El hecho de la sociabilidad humana se basa fundamentalmente en dos argumentos:
- Ningún individuo es autosuficiente para satisfacer sus necesidades materiales y espirituales.
- El ser humano es el más sociable de los animales gracias a la comunicación.
(Nota: Para Descartes, los sentimientos son «estados confusos de la mente»).
Concepción Psicologista: El Modelo Estructural de Freud
Al hablar de psicologismo nos vamos a referir a la concepción del ser humano que posee Sigmund Freud, por la influencia que ha tenido durante gran parte del siglo XX. Para Freud, el psiquismo humano está formado por tres instancias o estructuras:
El «Ello»
Engloba las pulsiones primarias de la naturaleza humana no controladas por la conciencia. Las más importantes son las sexuales, las de autoconservación y las agresivas. Por otro lado, también forman parte de él los rasgos hereditarios y los deseos reprimidos. Los contenidos del «ello» son energía que quiere liberarse, demandan incondicionadamente su satisfacción, ya que esa instancia del ser humano se encuentra regida por el «principio del placer». Además, son irracionales, al ser puramente instintivos, y amorales, puesto que exigen su satisfacción sin atender a prohibiciones morales o sociales.
El «Super-yo»
Es el conjunto de normas, prohibiciones y amenazas morales que el ser humano adquiere desde que nace; es lo que se denomina la conciencia moral de la persona. El «super-yo» se opone a los impulsos primitivos del «ello» cuando estos entren en conflicto con la moralidad, y también es, según Freud, una estructura inconsciente.
El «Yo»
Es la instancia que media entre el «ello» y la realidad exterior. Posee un papel regulador y trata de ajustar las pulsiones del «ello», dominadas por el principio del placer, a las exigencias del «super-yo», dominado por el deber moral. Busca satisfacer los impulsos y pulsiones del «ello» sin que dicha satisfacción provoque conflictos con las creencias del individuo. Se rige, pues, por el «principio de realidad».
Vemos, pues, cómo para Freud, el ser humano no es principalmente un ser racional, sino un ser de pulsiones y de deseos, tanto en su estructura como en su desarrollo. El objetivo de la terapia es liberar el inconsciente y acrecentar el dominio consciente del sujeto sobre su vida psíquica para aumentar su libertad. Sin embargo, ese camino de liberación parece demasiado limitado, porque el «yo» permanece bajo la influencia de un conjunto de fuerzas innatas, y el «super-yo» no es otra cosa que el conjunto de presiones que provienen del medio sociofamiliar.
Socialización y Represión
Para Freud, la socialización es un proceso claramente represor del ser humano. Es la socialización la que provoca la aparición del «super-yo», que surge cuando el niño comienza a aceptar las pautas sociales que le van a permitir vivir en comunidad. A partir de ese momento, las normas morales de la sociedad interiorizadas en el «super-yo» se oponen a los impulsos primitivos del «ello», y la represión de esos deseos se convierte en el principal mecanismo de defensa del individuo para integrarse en la sociedad.
Las necesidades biológicas de supervivencia y de conservación de la especie solo se pueden cumplir en sociedad; el ser humano solo puede ser tal viviendo en sociedad y es inimaginable al margen de la misma. Y es esa sociedad la que establece qué es lo bueno y qué lo malo para armonizar la convivencia de los que pertenecen a ella, que es lo prioritario. Y la convivencia exige sacrificios muy crueles: todo aquello que no esté específicamente destinado a ella en la conducta del individuo, está prohibido; y la presión es tan fuerte que no se limita a manifestarse mediante leyes.
La cultura de la sociedad es la causa de la pérdida de la autenticidad, de la individualidad. El ser humano es lo que le deja ser la cultura de la sociedad en la que vive, cuya finalidad no es la felicidad de los individuos, sino la convivencia entre los mismos, que solo se logra mediante la represión.