El Proceso de Radicalización en la Revolución Francesa y el Fin de la Monarquía

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La Dinámica del Doble Poder en la Revolución

La revolución acaba siendo desbordada en sus impulsos iniciales por un segundo impulso que la lleva mucho más lejos de lo previsto en un principio. Existe un doble poder: el de aquellos revolucionarios que han accedido a la dirigencia de la cosa pública, y el de aquellos, no menos entusiastas que los primeros, que no han podido acceder, porque no caben todos en el puesto de mando. Unos son dueños de los resortes del Estado; los otros son dueños de la calle.

Los Clubes Políticos y la Agitación Social

En Francia, especialmente en París, el poder de la calle estaba ejercido por los clubes y por las secciones (nombre que se daba a los distritos electorales en cuya sede se discutía de política). La mayoría de los clubes toman el nombre de una orden religiosa, pues se reunían en los antiguos conventos incautados. Entre las facciones más destacadas se encontraban:

  • Feuillants: Eran los sectores moderados.
  • Jacobinos: Se convirtieron en una fuerza de choque extremista y bien organizada.
  • Cordeliers: Representaban a los sectores más radicales.
  • Girondinos: No llegaron a ser propiamente un club, pero sí un grupo bien caracterizado, partidario de no llegar tan lejos como los jacobinos en las formas de la revolución, pero sí de extender sus máximas al exterior; aspiraba a llevar la Revolución al mundo entero.

De estos clubes salían las consignas, las manifestaciones multitudinarias y los oradores callejeros que hablaban desde tribunas improvisadas.

La Crisis de la Monarquía y la Fuga de Varennes

La radicalización de la Revolución comenzó a operarse cuando en junio de 1791 se descubrió un intento de fuga del rey (la fuga de Varennes), quien fue detenido y obligado a regresar a París. Luis XVI seguía siendo necesario, a juicio de muchos revolucionarios, pero desde entonces se le vio con desconfianza. Los monárquicos, como Mirabeau y La Fayette, comenzaban a verse desbordados por republicanos como Robespierre, Danton o Marat.

La Guerra Exterior como Estrategia Política

Fueron los girondinos los que impusieron el criterio de la guerra exterior. Esta podría no solo propagar la revolución, sino dar a los franceses un sentimiento popular-patriótico: por primera vez no iban a defender a su rey, sino a su patria, y la guerra podría unir en un solo haz a tantos grupos dispersos.

Las potencias europeas, especialmente Austria, Prusia y Rusia, habían visto la Revolución Francesa con más satisfacción que recelo, pues parecía debilitar a su más poderoso enemigo, Francia. Se dieron cuenta un poco tarde de su error. El 20 de abril de 1792, Luis XVI, contra su voluntad, declaraba la guerra a Austria.

El Colapso del Régimen y el Nacimiento de la República

Sin embargo, a los revolucionarios radicales les convenía que la lucha comenzara con derrotas para justificar la toma de medidas extremas, que de otra forma no hubiera sido posible adoptar en un supuesto régimen de libertades. Y esto sucedió cuando los prusianos se adelantaron a los austriacos y comenzaron la invasión de Francia. Por otra parte, estas derrotas desacreditaron a los girondinos y fueron dando cada vez más influencia a los jacobinos.

El Manifiesto de Brunswick y el Asalto a las Tullerías

En agosto de 1792, uno de los generales del ejército invasor, el duque de Brunswick, redactó un imprudente manifiesto amenazando con pasar a cuchillo a los parisinos si se resistían o maltrataban a su rey. La amenaza era por entonces todavía muy lejana, pero sirvió para crear una conciencia de «gato acorralado» muy útil a los radicales.

El 10 de agosto, los grupos más revolucionarios asaltaban el palacio de las Tullerías y tomaban preso a Luis XVI, que sería meses más tarde ejecutado. Se proclamó la República, y la Revolución se vio abocada de pronto a extremos imprevistos en un principio. Al mismo tiempo, la inesperada victoria de Valmy salvaba tanto a Francia como a la Revolución.

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