Proceso de Conquista Romana y Romanización de Hispania: Orígenes, Fases y Legado Histórico

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Introducción a la Conquista de Hispania

La conquista fue un proceso largo que comenzó a finales del siglo III a. C. y finalizó unos 200 años después, a finales del siglo I a. C. La presencia al principio de Roma en la península ibérica se debía al deseo de contrarrestar a los cartagineses, que eran rivales en el Mediterráneo occidental.

Los cartagineses sustituyeron a los fenicios en el sur y sureste de la península en actividades comerciales y de influencia sobre los pueblos indígenas. Las dos grandes potencias del Mediterráneo eran Roma y Cartago; estas entraron en conflicto por objetivos económicos y geoestratégicos. Primero se firmaron tratados (348, 306 y 279 a. C.) para delimitar las áreas de influencia, y después se produjeron las guerras púnicas.

Las Guerras Púnicas y el Dominio Romano

1ª Guerra Púnica (264-241 a. C.)

Se desarrolla fuera del territorio peninsular con la derrota de Cartago. Esta pierde Sicilia y Cerdeña, y además tiene que pagar indemnizaciones. Cartago empieza a expandirse por el este y sureste peninsular. La familia de los Bárquidas será la que dirige el proceso (Amílcar Barca, Asdrúbal, Aníbal) y, con la fundación de Cartago Nova, queda claro el control de la zona. En el 226 a. C. se firma el Tratado del Ebro.

2ª Guerra Púnica (218-202 a. C.)

Supone la primera incursión de Roma en la península. Hay avances y retrocesos sucesivos; con la caída de Carthago Nova y Gades, Roma triunfa. La península (los territorios dominados por los cartagineses) pasa a depender de Roma, que los organiza en una nueva provincia: Hispania, dividida en dos prefecturas, Citerior y Ulterior. Primero han de someter a los pueblos que se rebelan ante los nuevos dominadores; después, Roma se embarca en la conquista de todo el territorio peninsular.

Conquista del Resto Peninsular

  • Guerras celtíberas (155-133 a. C.): Quedan sometidos los pueblos celtíberos y vacceos después de fuertes resistencias en la ciudad de Numancia. Las derrotas suponen el sometimiento de unos pueblos hostiles. La población de los celtíberos y vacceos quedó en la categoría de súbditos y fueron obligados al pago de impuestos. Con el dominio de estas regiones se abría la Meseta por el valle del río Duero a la conquista.
  • Guerras lusitanas (155-136 a. C.): Enfrentamientos contemporáneos a las guerras celtíberas que presentan una fuerte resistencia de los pueblos lusitanos (ejemplo de Viriato y la guerra de guerrillas) y una dura represión por parte de Roma (Galba). Para la eliminación de la resistencia y las tensiones sociales se procedió a una rápida romanización del territorio con la fundación de ciudades y el reparto de tierras entre los soldados romanos.
  • Conquista de Baleares (123 a. C.): Las Baleares se convirtieron en posible refugio de piratas, y estos obstaculizaban el comercio en el Mediterráneo occidental. Metelo logró someter a la población indígena balearica repartiendo tierras entre veteranos de las guerras en Iberia.
  • Guerras cántabras (29-19 a. C.) - Crisis final de la República: El extremo noroccidental de la provincia Citerior está fuera del ordenamiento romano y es objeto de actividades puntuales vinculadas a la búsqueda de botín o el reclutamiento de mercenarios. La sumisión de estos pueblos se realiza mediante diversas operaciones militares dirigidas por Octavio Augusto. Con esta dominación se completa la integración de la península, lo que reportó beneficios económicos por la riqueza minera.

El Proceso de Romanización

La romanización es el proceso de integración en el mundo romano y la aceptación de sus formas de vida. Roma introdujo en la península los elementos propios de su organización social, política y cultural. Los elementos del mundo romano se impusieron en un proceso dinámico y progresivo.

La romanización en Hispania fue bastante completa, sobre todo por el sur y en la zona de Levante, donde empezó. En las zonas montañosas del norte fue más débil (País Vasco, Navarra). El latín se convirtió en la lengua general y la población aceptó las formas políticas, religiosas, económicas, sociales, artísticas y culturales romanas. Hispania aportó a Roma emperadores y personalidades de todos los ámbitos culturales. A este proceso también contribuyó la presencia en la península de soldados y comerciantes romanos, y la participación de hispanos en el ejército. Las ciudades hispanas y las vías de comunicación fueron importantes focos de romanización.

Urbanización

Roma nació como ciudad-estado y se desarrolló a través de ciudades. En los pueblos prerromanos solo había ciudades en el Mediterráneo (Cartago Nova, Emporion, Sagunto); los romanos impulsaron su desarrollo. Hasta la época de Augusto no existió una política racional colonizadora.

Cada ciudad y sus habitantes tenían un estatus jurídico diferente según sus circunstancias, y el estatus podía variar a lo largo del tiempo. Para adoptar las instituciones romanas, las ciudades tenían que recibir el statuto de municipium:

  • Colonias: Urbes plenamente romanas con derechos ciudadanos reconocidos, no pagan impuestos, presentan un fuerte asentamiento de romanos y eran consideradas como una extensión de Roma (Cartago Nova, Emerita Augusta).
  • Federadas: Independientes, ligadas a Roma por un pacto (Cádiz, Málaga).
  • Estipendiarias: Con propia organización, obligadas a pagar tributos y sostener guarniciones militares.

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