Principios de la Libertad Humana y la Conciencia Moral
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La Libertad
La libertad es el poder de obrar o de no obrar y de ejecutar así, por sí mismo, acciones deliberadas. La libertad alcanza su perfección cuando está ordenada a Dios, el supremo Bien. “Para ser libres nos libertó Cristo”.
La Condición Moral de los Actos Humanos
El objeto elegido es un bien hacia el cual tiende deliberadamente la voluntad. La intención es un movimiento de la voluntad hacia un fin. Las circunstancias, comprendidas en ellas las consecuencias, pueden agravar o disminuir la bondad o la malicia moral de los actos humanos y, también, atenuar o aumentar la responsabilidad del que obra.
El objeto elegido especifica moralmente el acto de la voluntad según que la razón lo reconozca y lo juzgue bueno o malo. “No se puede justificar una acción mala por el hecho de que la intención sea buena” (S. Tomás de Aquino). El fin nunca justifica los medios. El acto moralmente bueno supone a la vez la bondad del objeto, del fin y de las circunstancias.
Hay comportamientos concretos cuya elección es siempre errada porque esta comporta un desorden de la voluntad, es decir, un mal moral. No está permitido hacer un mal para obtener un bien.
La Conciencia Moral
La conciencia es “el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella” (GS 16). La conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la calidad moral de un acto concreto.
Para el hombre que ha cometido el mal, el veredicto de su conciencia constituye una garantía de conversión y de esperanza. Una conciencia bien formada es recta y veraz. Formula sus juicios según la razón, conforme al bien verdadero querido por la sabiduría del Creador. Cada cual debe poner los medios para formar su conciencia.
Ante una decisión moral, la conciencia puede formar un juicio recto de acuerdo con la razón y la ley divina o, al contrario, un juicio erróneo que se aleja de ellas. El ser humano debe obedecer siempre el juicio cierto de su conciencia. La conciencia moral puede permanecer en la ignorancia o formar juicios erróneos, no siempre exentos de culpabilidad.