Principios Fundamentales del Realismo Político en las Relaciones Internacionales
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Cuestionario de Repaso
- 1. B
- 2. A
- 3. Realismo (B), Sociología (A)
- 4. 1 (B), 2 (C), 3 (A)
- 5. Exportación de capital
- 6. Son 6
Los 6 Principios del Realismo Político
1. La política se rige por leyes objetivas
El realismo sostiene que la política y la sociedad se rigen por leyes objetivas e invariables. Como la naturaleza humana no ha cambiado a lo largo de la historia, es posible desarrollar una teoría racional basada en la razón y la experiencia, distinguiendo la realidad de las opiniones o deseos utópicos.
Ejemplo: Si observamos la intensa rivalidad geopolítica, tecnológica y militar entre Estados Unidos (la potencia establecida) y China (la potencia emergente), vemos que operan bajo la misma ley objetiva. Independientemente de las ideologías, los discursos o las buenas intenciones, la búsqueda de supervivencia obliga a ambos Estados a competir por el poder.
2. El interés nacional definido en términos de poder
El realismo considera el interés como la clave para entender la política internacional. Este concepto relaciona la razón con la realidad y explica las acciones de los gobernantes por sus intereses, más que por sus creencias o preferencias personales.
Ejemplo: La relación energética entre Estados Unidos y Venezuela. Aunque ambos gobiernos mantienen una enemistad ideológica en público, Washington autorizó a empresas operar en Venezuela para asegurar el suministro de petróleo, demostrando que el interés nacional y el poder siempre se anteponen primero.
3. El interés definido como poder es una categoría objetiva universal
El interés es la esencia de la política y permanece constante a través del tiempo. Sin embargo, la forma que adopta y el contenido del poder dependen del contexto histórico, político y cultural. El poder puede manifestarse de distintas maneras, desde la fuerza física hasta formas más sutiles de influencia y control.
Ejemplo: La disputa tecnológica de microchips e IA entre EE. UU. y China. Mientras que el interés de dominio permanece intacto desde la antigüedad, la forma del poder cambió: ya no se busca la conquista territorial física, sino el control sutil y digital de los flujos de información y tecnología, demostrando que el contenido del poder se transforma según el contexto histórico.
4. La moral y la acción política
El realismo acepta la moral, pero considera que los Estados deben priorizar su supervivencia y actuar con prudencia, evaluando siempre las consecuencias de sus decisiones. El individuo puede sacrificarse por la moral, pero el Estado debe velar por la supervivencia nacional.
Ejemplo: La OTAN condena moralmente la invasión rusa, pero no envía soldados a pelear directamente en Ucrania. Los líderes occidentales aplican la prudencia: saben que mandar tropas causaría una guerra nuclear que destruiría a sus propios países, demostrando que la supervivencia del Estado siempre va antes que la moral abstracta.
5. Se juzga a las naciones por su poder, no por su moral
El realismo sostiene que los Estados deben ser evaluados según sus intereses y poder, no según pretensiones morales universales, para mantener un juicio político más objetivo y moderado.
Ejemplo: El uso del veto por parte de Estados Unidos en la ONU para bloquear sanciones contra Israel. Aunque la mayoría del mundo pide el fin del conflicto por razones morales y humanitarias, EE. UU. prioriza su propio interés geopolítico al proteger a su aliado estratégico clave en Medio Oriente, demostrando que los Estados deben ser juzgados por sus intereses de poder y no por pretensiones morales universales.
6. La autonomía de la política
El realismo entiende la política como un ámbito independiente y evalúa las decisiones por sus efectos sobre el poder del Estado, no por consideraciones morales o jurídicas.
Ejemplo: La ley de EE. UU. para forzar la venta o prohibición de TikTok. Aunque esto va en contra de las leyes tradicionales de libre mercado y propiedad privada, el gobierno estadounidense priorizó su seguridad nacional y la contención de la influencia de China, demostrando que el cálculo del poder estatal es autónomo y está por encima de los criterios jurídicos o económicos ordinarios.