Principios de Asociación, Conocimiento y Ética en Hume: Una Perspectiva Filosófica
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La Asociación de Ideas según Hume
Hume distingue entre dos tipos de asociación de ideas. La primera, denominada natural, se produce por la actividad simple de la imaginación y se basa en los caracteres de las ideas mismas. La segunda, llamada filosófica, es producida por nuestra mente de forma arbitraria. Existen tres principios de conexión entre las ideas:
- Por semejanza: surge al relacionar una idea con un arquetipo inicial o con otra suficientemente intensa.
- Por contigüidad: cuando una idea se relaciona con otra a la que está cercana en el espacio y en el tiempo.
- Por relación causa-efecto: es aquella en la que dos ideas distintas se conectan entre sí al tomarse una como causante del ser o del movimiento de la otra. Esta es la más importante de las tres.
Mientras que las asociaciones por semejanza y contigüidad son proclives a engaños, la causalidad es, para Hume, el conocimiento más satisfactorio, más fuerte y más instructivo. Sin embargo, una agrupación imaginativa de ideas puede ser algo natural, e incluso inevitable, pero eso no quiere decir que sea verdadera.
Tipos de Verdades en la Filosofía de Hume
Para Hume, existen dos posibilidades de mostrar la verdad:
- Verdades de razón: son aquellas verdades que son así y no pueden ser de otro modo; su opuesto es contradictorio. En el ámbito de las ciencias formales, solo pueden darse entre ideas, nunca entre realidades. Solo en este nivel puede hablarse de verdadera demostración. Leibniz las denominó de esta manera.
- Verdades de hecho: son verdades que son así pero podrían haber sido de otro modo; se deducen de modo empírico, y este nivel no pasa de una mera probabilidad.
Las ideas deben estar causadas, directa o indirectamente, por las impresiones y a ellas se remiten para comprobar su verdad. En el caso de una idea que no corresponda en ningún sentido a una percepción, como la sustancia, la causalidad o Dios, no puede decirse que sean propiamente ideas, sino "pseudoideas". Con esto se entiende la igualación entre imaginación y pensamiento. Las ideas, en realidad, no son más que imágenes. La imaginación y su facultad asociativa son el eje de todo nuestro conocimiento.
Consecuencias del Pensamiento de Hume
De este modo, se reducen los conocimientos verdaderos a dos extremos: aquellos que tienen una conexión inmediata con las impresiones o los que son absolutamente necesarios. Los conceptos científicos o los grandes conceptos metafísicos son contingentes, pues reflejan sucesos reales que no pueden ser nunca necesarios, ya que dependen de la fragilidad de lo existente. Hume termina por negar los principios del racionalismo.
La Ética de Hume: Emotivismo Moral
La ética de Hume es una falacia naturalista, en la que el papel principal lo tiene la emoción, lo que se conoce como emotivismo moral. Se reconoce como bueno aquello que nos agrada, y como malo aquello que nos desagrada. En la ética de Hume, lo importante es la voluntad, y no la razón. Como buen empirista, el autor parte de los hechos de la experiencia, y estos para él son las pasiones (emoción o afecto ante un hecho). Las pasiones básicas son el orgullo-humildad y el amor-odio. Estas tienen una base natural y responden a unos motivos específicamente insertados en nuestra naturaleza.
Simpatía y Aprendizaje
Como existe cierta similitud entre todos los hombres, podemos hacernos una idea de lo que le ocurre al otro sujeto y esa idea produce una sensación, que si es viva, puede provocar en nosotros una pasión similar a la del otro individuo. Hume llama a eso simpatía, a través de la cual aprendemos.
Libertad y Espontaneidad
La libertad para Hume es puro azar, falta de causa y de necesidad, es decir, la libertad es sinónimo de espontaneidad. Así, el motivo real de la actuación hay que buscarlo en la atracción o aversión que en nosotros producen las aversiones. Por lo tanto, la razón no produce los actos de la voluntad, ya que solo tiene un campo teórico y científico.
Moralidad Común y Relativismo Moral
Por último, Hume asegura que existe un sentimiento de moralidad común en todos los hombres para no caer en el relativismo moral. Ese sentimiento es característico del nuevo modo de entender la realidad, y aunque no sea explicable, no deja por eso de ser infalible. Las virtudes se distinguen de los vicios por su utilidad y placer natural. Según él, ese infalible sentimiento donado por la naturaleza se impondrá, pues sobre él se basa toda la moralidad.