La Primera República Española: Orígenes, Desafíos y Colapso

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La proclamación de la I República española fue la salida más fácil ante la renuncia de Amadeo de Saboya. El 11 de febrero de 1873 y por una amplia mayoría de votos. Pero estos datos no reflejaban un apoyo real a la nueva fórmula de gobierno. Gran parte de la Cámara era monárquica, y su voto republicano fue una estrategia para ganar tiempo y organizar el retorno de los Borbones al trono español. Así pues, la República nació con escasas posibilidades de éxito, lo que se evidenció en el aislamiento internacional del nuevo sistema. Salvo Estados Unidos y Suiza, ninguna potencia reconoció la República española, a la que veían como un régimen revolucionario que podía poner en peligro la estabilidad de una Europa mayoritariamente burguesa y conservadora.

A pesar de todo, la República fue recibida con entusiasmo por las clases populares, que creyeron que había llegado el momento de cumplir sus aspiraciones. En Andalucía se produjo un movimiento insurreccional que pretendía dar solución al problema del reparto de tierras entre el campesinado. En las ciudades se produjeron también amplias movilizaciones populares entre el movimiento obrero, especialmente el catalán, se generalizaron las reivindicaciones a favor de la reducción de jornada laboral, del aumento de salarios y de la implantación inmediata del Estado federal.

El Fracaso de la Consolidación Republicana

La Primera República intentó, sin éxito, consolidar el régimen nacido en septiembre de 1868, a lo largo de sus once meses de existencia. La idea republicana no contaba con suficiente raigambre en el país y, por otro lado, los cuadros dirigentes republicanos se encontraban divididos en unitarios y federalistas.

Presidencias y Conflictos Internos

La preocupación del primer presidente de la República, Estanislao Figueras (republicano federal que contó con el apoyo de los unitarios), (11 de febrero a 11 de junio de 1873), fue reunir Cortes Constituyentes. Las elecciones las ganaron ampliamente los republicanos federales, que definieran la nueva situación. Constituidas las Cortes en junio de 1873, la presidencia de la República recayó entonces sobre Pi i Margall, (11 de junio a 18 de julio de 1873), partidario del federalismo. El proyecto de Constitución que Pi i Margall presentó a las Cortes, en julio, convertía a España en una República Federal de 17 estados, pero no pudo aprobarse, ya que la insurrección cantonal obligó a suspender las Cortes y Pi i Margall tuvo que dimitir.

El Cantonalismo: Un Desafío a la Unidad

El federalismo fue un pretexto de independencia más que un elemento de unión. En toda España habían estallado movimientos cantonalistas (que querían dividir el estado en cantones o regiones independientes) potenciados por los graves problemas sociales de las clases humildes. Estos movimientos de independencia fueron violentos y en ellos también estuvo presente el movimiento anarquista. El cantonalismo era un fenómeno complejo en las que se mezclaban las aspiraciones autonomistas propiciadas por los republicanos federales intransigentes con las aspiraciones de revolución social inspiradas en las nuevas ideas internacionalistas de los anarquistas.

La proclamación de cantones independientes, con sus gobiernos autónomos y su propia legislación, fue la consecuencia de aplicar de forma radical y directa la estructura federal desde abajo, impulsada, al mismo tiempo, por el deseo de avanzar en las reformas sociales. Por tanto provocaron la caída de Pi i Margall que se opuso a sofocar la revuelta por las armas y dimitió; sustituido por Nicolás Salmerón.

Giro Conservador y Represión

La República evolucionó hacia posturas más conservadoras, giro iniciado por el nuevo presidente, Nicolás Salmerón, (18 julio a 7 de septiembre de 1873), que se mostró dispuesto a terminar con la resistencia cantonal e inició una acción militar contra el movimiento cantonalista. Excepto en Cartagena, la intervención militar acabó rápidamente con la insurrección, pero dio un inmenso poder a los generales que asumieron la represión y volvió a colocar al ejército en el papel de única garante del orden y barrera contra la revolución social.

Tras la dimisión de Salmerón (que se sintió moralmente incapaz de firmar las penas de muerte impuestas por la autoridad militar contra activistas cantonalistas), la presidencia de la República recayó entonces en Emilio Castelar (del republicanismo unitario y muy conservador en cuestiones sociales), (7 de septiembre de 1873 a 3 de enero de 1874), practicó una política de autoridad encaminada a asegurar el orden y la unidad. La República inició entonces un progresivo desplazamiento a la derecha. Se abandonaban las pretensiones federalistas y reformistas. Castelar consiguió plenos poderes de las Cortes para reorganizar el ejército, obtener un crédito y gobernar con el Parlamento cerrado, que se mantuvo así hasta el 12 de enero de 1874.

El Fin de la República

Cuando las Cortes se reunieron de nuevo el 3 enero de 1874, el gobierno de Castelar fue derrotado en una moción de censura de republicanos federales. Era inminente la formación de un gobierno de izquierda federal pero al conocer este hecho se produjo la intervención militar del general Pavía, capitán general de Madrid, quién disolvió las Cortes. Los diputados se resistieron en principio pero, la invasión del hemiciclo por el coronel Iglesias de la Guardia Civil les hizo abandonar la Cámara. Apenas hubo resistencia, ni política ni popular, lo que demuestra la debilidad de la República que, excesiva para unos y demasiado tibia para otros, apenas contaba con base social en la que sustentarse. Esa base social ya había optado por la solución alfonsina.

El general Serrano comenzó entonces el cuarto ensayo político del sexenio, al asumir el Poder Ejecutivo de la República, bajo el orden constitucional de 1869. Serrano mantuvo durante el año 1874, hasta diciembre, una República unitaria y conservadora. El régimen tenía los días contados por su propia provisionalidad y de ello se aprovechó el partido alfonsino, que acabó asegurando la restauración de los Borbones, después del levantamiento del General Martínez Campos en Sagunto, en diciembre de 1874.