Presocraticos, sofistas y socrates

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PLATÓN OBRAS
Su pensamiento fue evolucionando a travé s de tres é pocas hasta llegar a ser plenamente creativo. Destacamos algunas obras de cada etapa.
1.Diá logos de juventud o socrá ticos: Apologí a de Só crates; Protá goras; Menó n; Crá tilo.
2.Diá logos de madurez o sistemá ticos: Feló n; Banquete; La Repú blica; Fedro.
3.Diá logos de vejez o autocrí ticos: Parmé nides; Sofista; Las Leyes.
PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO Y CONCEPCIÓN DE LA REALIDAD EN PLATÓN
*La realidad de la Idea: Para Platón la verdadera realidad, la esencia de las cosas, son las Formas o Ideas; éstas son “lo realmente real”. El verdadero conocimiento será el conocimiento de las ideas; y entre ellas destaca la Idea de Bien, siendo el conocimiento de tal idea el más elevado. Las ideas se caracterizan por: son reales, subsisten (son “en sí”), son inmutables, son trascendentes, y están jerarquizadas. Unas son superiores a otras, unas dependen de otras. Las formas superiores no participan de las que de ellas dependen, mientras que sí ocurre al contrario.
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Análisis de la Idea de Bien: El Bien es el objeto de estudio supremo. Unos lo confunden con el placer, que es un bien particular. Otros en cambio olvidan que el hombre es un cuerpo material y que necesita el placer. La solución platónica es decir que el alma busca el Bien, pero está sometida al cuerpo. El Bien, dentro de las ideas, es superior a la Belleza y a la Justicia, que a veces sólo se poseen en apariencia. Lo bueno y lo bello que hay en el mundo es reflejo del Bien y de la Belleza. El Bien tiene los rasgos distintivos siguientes: es lo que da sentido a todo el sistema platónico; es aquello a lo que todo tiende; es lo que hace comprensible cuanto existe e inteligente a quien lo conoce; excede a todo lo pensable y está más allá de cualquier posible definición.
*Alegoría del sol: La Idea de Bien es para el mundo inteligible lo que el sol para el sensible. El sol es principio de luz, de calor y de vida. La Idea de Bien da al espíritu capacidad para comprender. Pero no sólo es el origen de la inteligencia y de la verdad, es también el principio del ser y de la esencia.
*Alegoría de la línea dividida: El objeto del verdadero conocimiento no puede ser algo inestable, sino algo susceptible de una definición precisa, válida para todo tiempo y lugar. De no ser así, la ciencia sería imposible. Para Platón existen diferentes grados de realidad a los que corresponden otros tantos grados de conocimiento. Esto lo ejemplifica con el símil de la línea dividida. Cada sección del segmento es, por un lado, un grado de conocimiento, y por otro, una clase de objeto real correspondiente. El conocimiento de las matemáticas es importante como medio de acceder al verdadero conocimiento, el de las ideas.
*Dualismo antropoló gico: El hombre es un compuesto de cuerpo y alma (dualismo). El cuerpo está hecho de materia y es una especie de cárcel para el alma. El alma está constituida por tres partes. Se asemeja a un carro tirado por dos corceles y conducido por un auriga. Los corceles son los representantes de los dos tipos de apetitos. El blanco, fácil de dominar, simboliza las pasiones y deseos nobles: valor, esperanza y ambición. El corcel negro, de más difícil control, representa los apetitos más bajos, como la sensualidad, la gula… El auriga representa a la razón. Ésta debe controlar los apetitos como un auriga domina a los corceles en las carreras de carros. Los carros o almas que no fueron controlados por su auriga cayeron desde el mundo inteligible al sensible, alojándose en un cuerpo material. La caída hizo olvidar las maravillas que contempló el alma en el lugar celeste en compañía de los dioses. Existe la posibilidad de que el alma, encarcelada en el cuerpo y sometida a los caprichos de los apetitos de sus corceles, se remonte al mundo de las ideas, siempre que el auriga (la razón) conduzca con mano firme el conjunto del carro, es decir, viva virtuosamente (armonía). Permanece una leve sombra de recuerdo, tenues reflejos de lo inteligible. Ello permite al alma recordar y, en consecuencia, conocer para remontarse de nuevo a la verdad y sabiduría (REMINISCENCIA). El alma no sólo preexiste a nuestro nacimiento, sino que es inmortal. Pertenece al mundo inteligible y a él debe volver, una vez purificada por medio del esfuerzo intelectual.
*El demiurgo: Los seres que constituyen al universo no pueden ser fruto del azar. Es preciso suponer que haya existido un divino artesano o demiurgo que plasmase en la materia los modelos ideales. El demiurgo es causa de la naturaleza que refleja los modelos del que son copias los seres que la constituyen: las ideas.

La República plasma la teoría política de Platón. El libro primero plantea la actitud general: la política es una ciencia, y su objetivo está constituido por el interés, no del gobernante, sino del gobernado. Después, cuando llegamos a la construcción del Estado, nos encontramos con el principio fundamental en que se basa: los hombres no se bastan a sí mismos, sino que necesitan unos de otros, y sólo es posible asegurar la eficacia si cada uno se especializa en un trabajo. Este principio es desarrollado a continuación, y a partir de él resulta que el gobierno del conocimiento exige una clase gobernante especializada en adquirir el conocimiento necesario y respaldada por una clase gobernante auxiliar especializada en proteger al Estado contra los ataques interiores y exteriores. Sólo un sistema de educación planificada con el máximo cuidado puede asegurar que los guardianes sean el tipo adecuado de hombres; y ahora vemos que el conocimiento de las ideas eternas es precisamente el tipo de conocimiento que venimos comprobando que necesita el gobernante. En realidad, el único que realmente practica la ciencia política es el filósofo, como Sócrates. La armonía y comunidad de intereses entre los guardianes sólo puede ser alcanzada si se destruyen las dos causas del egoísmo, la propiedad privada y la familia. Finalmente, el estudio de la íntima conexión existente entre las distintas formas de Estado y los distintos tipos de individuos nos muestra por qué el estadista debe hacer mejores a los ciudadanos si quiere hacer mejor el Estado.

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