El Presidencialismo de Coalición en América Latina: Teorías, Desafíos y Gobernabilidad

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¿Qué es una coalición de gobierno?

Una coalición de gobierno es un acuerdo entre dos o más partidos que se comprometen a sostener conjuntamente un gobierno, compartiendo cargos ejecutivos (típicamente ministerios) y un programa común, con el fin de asegurar la mayoría parlamentaria necesaria para gobernar. En los sistemas parlamentarios multipartidistas, las coaliciones no son una opción estratégica sino una necesidad estructural: como ningún partido suele obtener mayoría propia, la pregunta no es si habrá coalición, sino con quién, en qué términos y para qué.

Teorías clásicas sobre la formación de coaliciones

La literatura clásica ofrece varias teorías sobre su formación:

  • Teoría del tamaño de Riker (1962): Sostiene que, si los partidos son actores racionales maximizadores, no invitarán a socios innecesarios. La predicción es la Coalición Mínima Ganadora (CMG), aquella en la que ningún socio sobra, pues si un partido se retira, la coalición pierde la mayoría. Cada socio tiene así poder de veto. El problema empírico es que muchas coaliciones son más grandes de lo necesario.
  • Teoría de la contigüidad ideológica de Axelrod (1970): Corrige el modelo anterior argumentando que los partidos no solo maximizan poder, sino que también quieren minimizar el conflicto interno. Por ello, las coaliciones tenderán a integrarse por partidos ideológicamente contiguos.
  • Coaliciones sobredimensionadas: Incluyen a la “gran coalición”, que incorpora socios innecesarios para tener márgenes de seguridad ante disidencias, alcanzar mayorías especiales (por ejemplo, para reformas constitucionales) o ganar legitimidad en momentos de crisis.

Aplicabilidad en los sistemas presidenciales latinoamericanos

La aplicabilidad de estas teorías al presidencialismo latinoamericano es solo parcial, porque fueron pensadas para el parlamentarismo, donde el gobierno necesita la confianza del parlamento para existir. En el presidencialismo, el presidente tiene mandato propio y no necesita una coalición para llegar al cargo ni para sobrevivir en él; sin embargo, sin mayoría legislativa, puede sobrevivir sin poder gobernar eficazmente.

Desde los años noventa, la literatura reconoce que en América Latina sí se forman coaliciones bajo el concepto de “presidencialismo de coalición” (término acuñado por Sérgio Abranches), aunque con lógicas distintas:

  1. La coalición se forma después de la elección presidencial y no antes del gobierno.
  2. La disciplina es menor, pues los socios pueden votar contra el gobierno en algunos temas sin abandonar la coalición.
  3. Los incentivos para permanecer son débiles, porque un socio puede irse sin que el gobierno caiga.

El resultado puede ser una “coalición de papel”. Por tanto, las teorías clásicas iluminan los dilemas básicos (tamaño y afinidad ideológica), pero deben adaptarse a los incentivos propios del presidencialismo.

Democracia, multipartidismo y coaliciones en América Latina

En “Democracia, multipartidismo y coaliciones en América Latina”, se examinan los desafíos que estas plantean para la gobernabilidad. El argumento de Chasquetti (2001) desafía la tesis pesimista de Mainwaring sobre la “difícil combinación” entre presidencialismo y multipartidismo. Su hallazgo puede resumirse en tres escenarios:

  • El presidencialismo con bipartidismo tiende a ser estable.
  • El presidencialismo con multipartidismo y coalición mayoritaria también genera gobiernos estables.
  • El riesgo real de crisis aparece cuando hay presidencialismo multipartidista sin coalición mayoritaria.

Es decir, el problema no es el multipartidismo en sí, sino la ausencia de mecanismos que provean al presidente de mayorías legislativas. La evaluación resulta convincente a la luz de la evidencia regional: la expectativa teórica de bloqueo y parálisis no se verificó en muchos casos porque la variable omitida era, precisamente, la formación de coaliciones como resultado del aprendizaje y la adaptación de los actores.

Incentivos y casos de éxito

Los incentivos que llevan a un presidente a formar coaliciones son claros: sin mayoría propia, necesita apoyo parlamentario para aprobar su agenda, evitar el bloqueo legislativo y reducir el riesgo de crisis de gobernabilidad (incluso de interrupción del mandato). Para obtener ese apoyo, distribuye ministerios y otros cargos entre los partidos socios a cambio de votos en el parlamento.

Los casos exitosos ilustran el mecanismo:

  • Chile (1990-2019): Donde los partidos aprendieron a coordinarse en dos grandes coaliciones (Concertación y Alianza) que negociaban programa y candidato antes de las elecciones, produciendo veinte años de alternancia estable.
  • Uruguay: Donde, pese a un sistema proporcional con seis partidos, el Frente Amplio funciona como coalición en sí mismo y la “coalición republicana” actúa como bloque, permitiendo gobiernos con capacidad de gestión.

Principales trade-offs en la formación de coaliciones de gobierno

El principal trade-off en la formación de coaliciones es la tensión entre tamaño y cohesión; es decir, entre maximizar el número de socios para asegurar mayorías y mantener la coherencia programática necesaria para gobernar con eficacia.

Ventajas y costos de la dimensión coalicional

Una coalición grande ofrece ventajas evidentes: más seguridad legislativa, margen para absorber deserciones y la posibilidad de alcanzar mayorías especiales. Pero tiene costos claros: mayor heterogeneidad ideológica, más conflictos sobre políticas, y una agenda de gobierno diluida en el mínimo común denominador de los integrantes.

Una coalición pequeña, en cambio, es más cohesionada, pero resulta más vulnerable: cada socio se vuelve indispensable y adquiere poder de veto. La evidencia muestra que el mejor predictor son las coaliciones mínimas ganadoras ideológicamente consistentes, precisamente porque equilibran ambos objetivos.

La gestión del trade-off en América Latina

En los presidencialismos latinoamericanos, esta tensión se agudiza porque los incentivos para la disciplina son débiles. Los presidentes la resuelven de diversas maneras:

  • Brasil: El caso extremo de priorización del tamaño. Lula da Silva inició su tercer mandato (2023) con representantes de nueve partidos en un gabinete de 37 ministerios, incorporando incluso a ex aliados de Bolsonaro. El resultado es una base legislativa amplia pero de heterogeneidad ideológica extrema.
  • Chile: Ilustra una solución más equilibrada con coaliciones estables e ideológicamente contiguas.
  • Uruguay: Muestra estructuras coalicionales institucionalizadas que estabilizan la cooperación.

En la práctica, los presidentes administran este balance mediante la distribución proporcional de carteras (lógica de Gamson) y la negociación programática.

Lógicas institucionales: Parlamentarismo vs. Presidencialismo

Clark, Golder y Golder muestran que la formación de coaliciones responde a lógicas institucionales distintas según el régimen.

El modelo parlamentario

En los sistemas parlamentarios, el gobierno emana del parlamento y necesita su confianza para sobrevivir. El proceso está institucionalizado: el jefe de Estado designa un formateur para armar la coalición, se negocia el programa y la distribución de carteras, y el acuerdo se presenta al parlamento para el voto de confianza. La permanencia está disciplinada por una amenaza creíble: romper la coalición puede significar la caída del gobierno.

El modelo presidencialista

En los sistemas presidenciales, el presidente tiene origen y supervivencia separados del parlamento. El presidencialismo de coalición latinoamericano difiere en tres aspectos clave:

  1. Timing: La coalición se forma después de la elección, cuando la presidencia ya está adjudicada.
  2. Disciplina: Los socios pueden votar contra el gobierno en cuestiones puntuales sin ser expulsados.
  3. Incentivos: Son débiles, porque un socio puede retirarse sin que el presidente pierda su cargo.

Las teorías de Riker y Axelrod conservan valor para entender qué socios se eligen, pero deben complementarse con el análisis de los incentivos específicos del presidencialismo.

¿Por qué el presidencialismo en América Latina es un desafío?

La tesis de la “difícil combinación” de Mainwaring sostiene que la coexistencia de presidencialismo y multipartidismo es problemática. Al no poder disolver el parlamento ni ser removido fácilmente, un presidente en minoría queda “atrapado”. Sin embargo, la formación de coaliciones es la “variable omitida” que explica por qué estos sistemas no colapsaron. Mediante la distribución de ministerios, el presidente reconstruye por vía política la mayoría que las urnas no le otorgaron.

Coaliciones preelectorales vs. Coaliciones de gobierno

Una coalición preelectoral es un acuerdo celebrado antes de los comicios: los socios se presentan como bloque y coordinan candidaturas. Una coalición de gobierno se forma después de la elección, durante la negociación del gabinete.

Factores de estabilidad

La estabilidad de una coalición depende de:

  • Duración: Tamaño adecuado, homogeneidad ideológica y un acuerdo detallado que funcione como contrato.
  • Riesgos de derrumbe: Conflictos de políticas, escándalos de corrupción o cambios en el entorno electoral que incentiven la deserción.

El caso chileno (1990-2019) con la Concertación ilustra una transición exitosa de coalición preelectoral a coalición de gobierno estable. En contraste, las coaliciones en Brasil suelen ser posteleccionarias, lo que implica una cohesión más baja y una renegociación constante de apoyos legislativos.

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