La Pradera de San Isidro: Visiones de Goya y Beruete en el Museo del Prado
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La Pradera de San Isidro de Francisco de Goya (1788)
Ficha técnica: Año 1788, técnica de óleo sobre lienzo, estilo rococó. Se sitúa en el Museo del Prado de Madrid.
La Pradera de San Isidro recrea la zona de Madrid situada entre la ermita de San Isidro, su santo patrono, y el río Manzanares, con la vista de la ciudad al fondo. En la obra se reconocen los principales monumentos, desde el Palacio Real, a la izquierda, hasta la gran cúpula de la iglesia de San Francisco el Grande, a la derecha. La muchedumbre aparece representada durante la festividad del santo labrador, patrono de Madrid, que se celebra el 15 de mayo.
Contexto Histórico y Encargo
Se trata del boceto preparatorio para la escena principal del conjunto de tapices pensados para la decoración del dormitorio de las Infantas, las hijas del futuro Carlos IV (1748-1819) y María Luisa de Parma (1751-1818), en el Palacio de El Pardo en Madrid. Goya recibió el encargo en 1787, pero la muerte de Carlos III en diciembre del año siguiente (1716-1788) interrumpió este proyecto, ya que su sucesor, Carlos IV, favoreció otros Sitios Reales, como el Palacio de La Granja, el Palacio de Aranjuez y El Escorial.
Estilo y Composición
La obra muestra las costumbres de la época, meriendas, verbenas y tradiciones de Madrid. En el primer plano se muestra a la muchedumbre en celebración por la festividad, que se trataba de clase alta acomodada pero a la vez superficial; en ella apreciamos majos y majas de la época. Destaca la precisión de la pequeñez de las figuras presentes en el cuadro, que era de dimensiones no muy grandes.
También es notable la luminosidad y claridad del cuadro, que contrasta con la oscuridad con la que solía tratar Goya. Utiliza una gama de colores fríos para lograr esta sensación.
La Pradera de San Isidro de Aureliano de Beruete (1909)
Ficha técnica: Año 1909, óleo sobre lienzo, impresionismo español, 62x103 cm, Museo del Prado, Madrid.
Descripción del Paisaje
Representación de la Pradera de San Isidro con el horizonte de Madrid al fondo, en el que se pueden reconocer las siluetas del Palacio Real, a la izquierda, la Iglesia de San Andrés y la gran cúpula de San Francisco el Grande.
En primer plano, los árboles de hojas marrones delatan la estación en la que fue pintado el cuadro, quizás otoño o invierno. Hacia el río vierten las praderías en suave declive, resueltas por el artista con una pincelada amplia y jugosa, atenta a captar la diversidad de los verdes y ocres. En la zona que se representa en primer término, la de San Isidro, se celebraba la romería del santo patrono de Madrid. En estos lugares abundaban las ventas y mesones, junto a algunas casas que el pintor representó con total exactitud, según revelan fotografías contemporáneas.
Elementos de la Composición
El río se animaba por la presencia de lavanderas, que contrataban la colada de algunas familias madrileñas y del Palacio Real, y que solían secar al sol las ropas, según se ve a la izquierda de la composición. En la obra destacan sobre el horizonte, de izquierda a derecha:
- El cuartel de la Montaña del Príncipe Pío.
- La mole blanca del Palacio Real.
- Las cúpulas de San Francisco el Grande y San Andrés.
Su tratamiento en certeras y precisas manchas los integra totalmente en el caserío de la ciudad. En paisajes amplios como este, el artista suele mostrar una relación perfectamente trabada entre los distintos planos de profundidad, eligiendo la composición de modo que aparezcan según una ligera oblicuidad sus términos principales.
Técnica Impresionista y Color
Los planos están definidos solo mediante el color: ocre en el camino del primer plano, violáceo en el río y blanco y rojizo en los edificios principales de la ciudad. De todos modos, fiel a la visión impresionista y a su sentido del color local, utiliza pinceladas de distintos tonos que contribuyen a plasmar la luz precisa de cada elemento del paisaje en el instante en que lo pinta.
Así puede verse cómo, frente a los intensos blancos de los muros de la venta del primer término y los del tambor de San Francisco el Grande al fondo, hay un área de casas en sombra que aparecen en colores violeta y malva. En su madurez, Beruete recurrió a veces, como en este caso, a un tratamiento para realizar el cielo a base de pinceladas de color moteadas que van variando del rosa al azul. En cambio, en la parte inferior resalta el contraste entre los blancos puros y los rojos sobre el verde.
La pincelada de Beruete suele ser alargada, como la de Velázquez, cuya técnica había estudiado en profundidad el artista, hasta el punto de convertirse en el autor de una importante monografía sobre el pintor sevillano.