Post-impresionismo y Surrealismo: Arte Francés, Movimientos y Grandes Pintores

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Post-impresionismo (Pintura, siglo XIX)

Post-impresionismo: Representado inicialmente por Cézanne, valora lo expresivo, lo anímico y lo subjetivo. Formarán parte de este grupo Gauguin, Van Gogh y Toulouse-Lautrec.

Cézanne creó un arte muy personal. Los problemas lumínicos y tonales serán sustituidos por un diseño de búsqueda del volumen, la masa y la geometría a base de contrastes de color. Su pintura tiene también mucho de intuitiva, plasmando con frecuencia el subconsciente del artista. Hacia 1890 pinta algunas de sus mejores obras: Jugadores de cartas, Muchacho con chaleco rojo y Retrato de Madame Cézanne. Además, siente interés por el paisaje y posteriormente intenta elaborar sus bodegones a base de formas geométricas.

Gauguin pintó a base de colores yuxtapuestos, tintes planos, luces sin sombras, formas simplificadas, etc. Es un pintor simbolista de colores vivos y brillantes, y con tradición a veces de estados anímicos. Pintó El Cristo amarillo, Mujeres en la playa o El mercado, todas ellas pintadas con amplias zonas de color, siempre vivas y brillantes.

Van Gogh, desde sus primeras obras de colorido sombrío e intencionalidad crítica y moralizante, evoluciona hacia un pintor de colorido luminoso, deslumbrante y rabioso a base de amarillos, verdes y azules que descubre en Francia y que plasma en cuadros tan conocidos como Los girasoles o Los campos de trigo. Esta visión optimista se quiebra cayendo en una crisis que le lleva a la locura y que tendrá su plasmación en La habitación de Vincent, Los cipreses bajo la luna, Retrato del doctor Gachet o sus autorretratos.

Toulouse-Lautrec se moverá por el mundo de los cabarets, espectáculos y circo que le inspiran la mayor parte de sus obras. En 1891 dibuja su primer cartel para el Moulin Rouge, con lo que inicia sus series de litografías que darán lugar al arte moderno, en el que nos muestra ese mundo noctámbulo, frenético, caricaturesco y sórdido en el que le gustaba vivir. Obras como El baile del Moulin Rouge dan testimonio de ello.

Toda su pintura, tremendamente expresiva y realista, se caracteriza por un movimiento frenético y un dibujo con gran fluidez en el trazo.

Surrealismo (Pintura, siglo XX)

Breton es uno de sus creadores. Del surrealismo se han buscado precursores entre El Bosco, Goya, Blake, etc. Aunque es Giorgio de Chirico quien ejerció la influencia más decisiva sobre los pintores de este movimiento.

Entre los grandes maestros que lo forman hay que citar a René Magritte, que se siente atraído por lo mágico, lo extraño y lo misterioso, y sobre todo a Miró y Dalí.

Miró, antes de llegar al surrealismo, tuvo influencias cubistas y fauvistas. En París conoce a Picasso y en esta época corresponden obras como La masía, detallista, de color delicado y de cierta inspiración infantil. A partir de 1924 ya se incorpora plenamente al surrealismo, envolviendo sus pinturas en una atmósfera onírica y mágica que nos lleva al mundo de la fantasía multicolor y alegre. En los años posteriores se inicia en la técnica del collage. En los años 60 se dedica a los gouaches, aunque no abandona la pintura mural.

Dalí es el gran maestro de lo fantástico, lo extraño y lo perturbador. Aportó al surrealismo el método paranoico-crítico. El dibujo minucioso, la técnica realista y el colorido luminoso le permiten plasmar sus sueños en estado de vigilia. Cenicitas, El gran masturbador o El retrato de Gala son algunos de sus cuadros más famosos.

Magritte destaca por el carácter surrealista de su obra. Pintor de gran calidad fotográfica, plantea situaciones irreales e imposibles. Destaca su interés por lo extraño, lo mágico y lo misterioso. Entre sus obras podemos destacar La isla del tesoro.

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