La Política Exterior del Franquismo: Del Aislamiento a la Apertura Internacional

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La política exterior del franquismo durante la Segunda Guerra Mundial

La política exterior del franquismo fue profundamente cambiante y oportunista, diseñada siempre para asegurar la supervivencia del régimen. En los primeros años, durante la Segunda Guerra Mundial, el franquismo mostró una clara simpatía hacia las potencias fascistas: en 1939 abandonó la Sociedad de Naciones y en 1940, tras la caída de Francia, adoptó una postura de “no beligerancia”. Ese mismo año, Franco se reunió con Hitler en Hendaya, dispuesto a entrar en la guerra si obtenía ciertas concesiones. Aunque no lo logró, colaboró con el Eje enviando materias primas y, en 1941, la División Azul para luchar contra la URSS.

El aislamiento de posguerra y el giro de la Guerra Fría

Al ver el cambio de rumbo de la guerra, Franco se distanció de sus antiguos aliados. Sustituyó a Serrano Suñer por Gómez Jordana y empezó a eliminar los símbolos fascistas, como el saludo obligatorio. A pesar de este giro, en 1946 la ONU condenó al régimen, recomendando la retirada de embajadores, lo que dio lugar a un período de aislamiento internacional. España quedó fuera del Plan Marshall y sin reconocimiento diplomático, y buscó apoyos en países como Argentina o Portugal.

La situación cambió con la Guerra Fría. El anticomunismo del régimen le permitió reposicionarse como aliado estratégico de Estados Unidos. En 1953 se firmaron los Pactos de Madrid, que supusieron la entrada de ayuda militar y económica a cambio de la cesión de bases militares en territorio español. Ese mismo año también se firmó un concordato con el Vaticano, y en 1955 España ingresó en la ONU, rompiendo el aislamiento.

Apertura económica y crisis final del régimen

A partir de entonces, se inició un proceso de apertura internacional, necesario para el desarrollo económico de los años sesenta. No obstante, el pasado autoritario del régimen seguía pesando. En 1970, los Juicios de Burgos contra militantes de ETA provocaron una fuerte condena internacional, y las últimas ejecuciones de 1975 despertaron nuevas críticas y aislaron al régimen en sus últimos meses. Aunque Franco aspiraba a integrar España en la CEE y la OTAN, estas puertas permanecieron cerradas hasta la Transición.

Tras su muerte en noviembre de 1975, se abrió un nuevo período de normalización internacional, tutelado por Estados Unidos, Francia y Alemania. La política exterior franquista fue camaleónica, pragmática y subordinada a los intereses del régimen, oscilando entre el fascismo, el aislamiento y el alineamiento con el bloque occidental, siempre con el objetivo de mantener el poder.

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