Poesía de la posguerra española: arraigada, desarraigada y social

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La poesía de la posguerra española

La posguerra, caracterizada por el aislamiento y la censura para los artistas, dejó a los poetas de la época solo dos posibles salidas: aprobar y ensalzar la nueva situación o reflejar la desesperanza ante el presente y el futuro. Dámaso Alonso las definió como literatura arraigada y literatura desarraigada.

La poesía arraigada

Dionisio Ridruejo fundó la revista Escorial y José García Nieto, la revista Garcilaso. Sus propósitos eran volver a las formas clásicas, dejando atrás la poesía pura y el vanguardismo de la Generación del 27, en especial el surrealismo. Valoraban las formas clásicas y el soneto. Junto a los temas tradicionales predominará el tema religioso. Poetas como Luis Rosales y Leopoldo Panero son representativos de esta corriente.

La poesía desarraigada

Surge en León con la revista Spadaña, cuyos fundadores fueron Eugenio de Nora, Victoriano Crémer y González de Lama. Defendían una poesía sencilla, anti-tópica, de lenguaje más directo y tono bronco, casi desesperado. Los temas pretendían instaurar una poesía realista, comprometida con la situación existencial e histórica del hombre, invadida por la angustia producida por la posguerra. El tema religioso adquiere un tono existencial en las abundantes preguntas que el poeta plantea a Dios sobre el sentido del sufrimiento humano. Hijos de la ira, de Dámaso Alonso, es una obra clave de esta tendencia.

Existen otras corrientes minoritarias:

  • El postismo, que da nombre a la revista fundada por Carlos Edmundo de Ory.
  • El surrealismo, que resurge con un tono lúdico, antisocial y antiacadémico en poetas como Ángel Crespo.
  • En Córdoba aparece la revista y el grupo Cántico, que propugna una poesía intimista, sensual y neobarroca, tendencia encabezada por poetas como Pablo García Baena.

La poesía social

Los poetas desarraigados consideraron la poesía como un instrumento de denuncia social y abandonaron los sentimientos personales para dar testimonio de la realidad del momento. Se considera un instrumento para despertar conciencias y transformar la sociedad mediante la denuncia de la injusticia y la solidaridad con los oprimidos. Se constituye en testimonio sobre las realidades colectivas y de grupo.

Nace por unas causas muy concretas: la situación nacional y europea al término de la Segunda Guerra Mundial, las tensiones internas de la Guerra Fría y el propósito de colaborar en la transformación de esta situación social, a lo que debe unirse el ambiente literario anterior.

Características

  • Poesía realista, de orientación narrativa y vocación eminentemente comunicativa.
  • Predomina el tema sobre la forma.
  • Tendencia a la sencillez y la repetición de estructuras formales, incluso con una deliberada tendencia hacia el prosaísmo.

Blas de Otero

Blas de Otero escribió poesía con el propósito de sacudir las conciencias y de compartir su “tragedia viva”. Se inclina por la poesía existencial y desarraigada, Ancia. Los versos de esta etapa reflejan la angustia del hombre ante la muerte y un mundo hostil. El yo poético se siente solo y dirige su voz a un Dios que no responde a sus preguntas desesperadas. Con Pido la paz y la palabra (1955) inicia su etapa de poesía social. En estos libros, el compromiso político y social del poeta se centra en la carencia de libertades. Son sencillos los conceptos de “palabra”, que permite a todo hombre gritar su protesta, y “paz”, para que el país pueda vivir sin la presencia de la muerte y la injusticia.

Gabriel Celaya

Gabriel Celaya es uno de los pilares de la poesía social. Tras unas experiencias surrealistas antes de la Guerra Civil, se decantó por una poesía de tono existencial, que revela su inseguridad frente al mundo, en el que el individuo busca su afirmación. Movimientos elementales y, a partir de Cantos íberos, cuando se define como poeta social, Celaya publica el libro en el que defiende su tesis más famosa: la función de la literatura como arma de lucha social. Celaya inicia la etapa vanguardista.

José Hierro

José Hierro publica sus primeros versos en distintas revistas del frente republicano. Acabada la contienda, va a la cárcel, y esta experiencia lo marca definitivamente. Irrumpe en el panorama lírico de los años 40 con dos libros que tienen un claro poso autobiográfico. El primero se titula Tierra sin nosotros, un título que resume buena parte de la producción poética surgida de la guerra: la imagen de la patria, que un día fue habitable, aparece en ruinas. Esta reflexión continúa en su siguiente libro, Alegría, del mismo año. Con Quinta del 42 comienza la exploración de la vía solidaria y de compromiso. Sin embargo, la suya no es una poesía social al uso, ya que Hierro se preocupa por las formas y desdeña el prosaísmo de otros poetas. Antirrealistas y llanos de la poesía social serán Cuanto sé de mí y otros muchos, hasta concluir con Cuaderno de Nueva York.

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