Poesía española en la posguerra: Miguel Hernández y las corrientes poéticas de los años 40

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La poesía durante la Guerra Civil y la posguerra

La poesía en los años cuarenta estuvo marcada por la Guerra Civil y sus consecuencias: el exilio de numerosos intelectuales y la censura, que condicionaron su evolución. Aunque hubo un corte en la producción poética española, éste no fue tan drástico como en otros géneros: existen nexos entre la poesía anterior y la posterior a la guerra, como la línea de rehumanización iniciada con la llegada del Surrealismo en 1927. En este sentido, la poesía de Miguel Hernández (humanizada y social) sirve de puente entre la poesía del 27 y la de los primeros años de los 40.

Miguel Hernández

Miguel Hernández nació en Orihuela, participó en tertulias y viajó pronto a Madrid, donde la amistad con Neruda fue fundamental en su crecimiento poético. Con la Guerra Civil se alistó como voluntario en el ejército de la República y sufrió prisión por ello. Sus últimos años estuvieron marcados por la tristeza y la desesperación. Murió tuberculoso a los 32 años en la cárcel de Alicante.

Fue un poeta autodidacta, dotado de gran imaginación creadora, técnica y fuerza expresiva. Se caracteriza por la concentración expresiva unida a la fuerte emoción de sus temas graves y humanos.

Obras principales

  • Perito en lunas: responde a modelos clásicos y utiliza metáforas complejas.
  • El rayo que no cesa: transmite un vitalismo trágico que percibe la vida como amenazada (vida, amor, muerte...).
  • Elegía a Ramón Sijé, junto a poemas como Viento del pueblo y El hombre acecha: obras comprometidas, de combate y épicas.
  • Cancionero y romancero de ausencias: escritos en la cárcel; la presencia de su hijo y el amor a su esposa resultan conmovedores.

Las tendencias poéticas en la década de los 40

Como consecuencia de lo anterior, no podemos hablar de una ruptura total con la poesía de preguerra, aunque sí de la aparición de nuevas líneas y tendencias durante la década de los 40:

Poesía arraigada

Surge a principios de la década y fue apoyada y difundida por las revistas Garcilaso y Escorial. Se trata de una literatura que evoca los Siglos de Oro: métrica clásica, temática nostálgica por un pasado glorioso y contenidos relacionados con vivencias amorosas y religiosas del poeta.

Destacan poetas garcilasistas como José García Nieto, Leopoldo Panero y Luis Rosales. Éste último es el principal representante de la corriente por dos obras destacadas:

  • Rimas: donde ahonda en su humanismo y en el sentido de la vida, superando el dolor y la angustia gracias a la esperanza cristiana.
  • La casa encendida: un único y largo poema dividido en cinco estancias que representan distintas vivencias del poeta, influidas por su fe.

Poesía desarraigada

Surgida a mediados de la década, esta corriente pone el énfasis en la comunicación mostrando una angustia existencial (patetismo). Aparece una religiosidad conflictiva, con acentos de duda y desesperación, que se manifiesta en imprecaciones a Dios por el escándalo del dolor humano. También denuncia el dolor por la España de la época: miseria, corrupción y hambre.

Destaca Dámaso Alonso, cuya producción de posguerra supera lo realizado anteriormente. Desde su primera fase de poesía pura en Poemillas puros y Poemas de la ciudad, escribe Hijos de la ira, con la que se inicia la poesía existencialista desarraigada: versículos, lenguaje bronco, léxico duro, lleno de imprecaciones e imágenes violentas y alucinatorias. Tras esta obra llegarán Oscura noticia y Hombre y Dios, de tema religioso: un diálogo con Dios y una religiosidad angustiada.

Conexiones y revistas marginales

Todos estos autores intentaron enlazar con la poesía de preguerra a través de revistas marginales como Cántico (Córdoba), que continuaba la estela del Grupo del 27, o mediante movimientos como el Postismo, que reivindicó lo vanguardista.

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