Platón: Dualismo, Teoría de las Ideas y el Mito de la Caverna

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Platón y la nueva filosofía

Platón fundó una nueva filosofía en la que defiende el dualismo antropológico, es decir, la distinción entre alma y cuerpo. Además, trata temas importantes como la epistemología, la ontología y las cuestiones éticas y políticas.

Influencias filosóficas

También se vio influenciado por otros filósofos de su época. La más importante fue, sin duda, la de Sócrates, cuya influencia puede dividirse en dos aspectos:

  1. La definición de las virtudes y de las conductas, lo que llevaría a Platón a crear un neologismo: la idea.
  2. La importancia de la moral, conocida como intelectualismo moral o socrático, que explicaremos más adelante.

Otras influencias fueron:

  • Los pitagóricos, que le transmitieron su interés por las matemáticas.
  • Heráclito, con su concepción del movimiento (todo está en constante cambio), que impulsó la creación de la teoría de las ideas.
  • Parménides, cuya influencia se observa en la importancia que Platón da a la razón como medio para comprender la realidad y en la división del mundo en dos: el sensible y el inteligible.
  • Zenón de Elea, discípulo de Parménides, que le transmitió la importancia de la dialéctica, la discusión racional, como el mejor instrumento para perfeccionar los conceptos y alcanzar una conclusión más completa.

Ontología: la teoría de la realidad

La teoría de la realidad de Platón (ontología) o teoría de las ideas concibe las ideas como el verdadero ser, es decir, verdades absolutas, eternas, inmutables e independientes del mundo de los fenómenos. Según Platón, existen dos mundos:

  • El mundo inteligible, constituido por las ideas, arquetipos inteligibles de las cosas materiales de la naturaleza sensible. Aunque son la verdadera realidad, son invisibles y solo pueden contemplarse mediante la inteligencia.
  • El mundo sensible, sometido a la generación, que es solo una copia del inteligible y se percibe a través de los sentidos.

Las ideas están jerarquizadas:

  1. La idea del Bien, que ilumina a todas las demás y da inteligibilidad a los objetos noéticos.
  2. Las ideas sobre lo abstracto (justicia, belleza, etc.).
  3. Las ideas de los números.
  4. Las ideas de los objetos sensibles.

Epistemología: la teoría del conocimiento

La gnoseología de Platón (epistemología) o teoría del conocimiento se representa muy bien en el mito de la línea y en el mito de la caverna, donde se distinguen cuatro grados de conocimiento:

  1. Imaginación o eikasía: conocimiento de las imágenes del mundo sensible (las sombras en la caverna).
  2. Creencia o pistis: conocimiento de los objetos del mundo sensible.

Estas dos clases de conocimiento son sensibles y proporcionan opinión o doxa, es decir, conocimiento de las cosas del mundo visible, que son cambiantes.

  1. Pensamiento discursivo o dianoia: conocimiento de las entidades matemáticas.
  2. Intelección o noesis: conocimiento de las ideas, mediante la dialéctica.

Estas dos últimas proporcionan conocimiento intelectual y saber o episteme.

El mito de la caverna

El mito de la caverna es una metáfora sobre la condición humana: nos hallamos en una situación de engaño. En el relato, estamos encadenados de pies y manos, con la cabeza mirando hacia unas sombras (imágenes del mundo sensible) proyectadas por el fuego (el sol) y emitidas por unas figuras (objetos del mundo sensible) que pasan detrás de nosotros, desde que éramos niños. Todos estos esclavos creen estar viendo la realidad, pues no han visto nada más en sus vidas, y no saben que solo son sombras.

Entonces, será el gobernante (filósofo) quien más tenga que aprender. No hay que olvidar que esta enseñanza correrá a cargo del Estado, y sus contenidos serán la aritmética, la geometría plana y de volúmenes, la astronomía, la armonía y, por último, el método dialéctico. Todas estas enseñanzas constituyen la llamada dialéctica ascendente, que eleva el alma hasta contemplar las ideas.

Pero ¿cómo convencer a alguien que es feliz de que sacrifique su felicidad en beneficio de la polis? Porque quien conoce el bien no puede actuar mal (intelectualismo moral o socrático), y como ha sido gracias al Estado que ha logrado obtener este conocimiento, tiene el deber de devolverle el favor. Este proceso es lo que se conoce como dialéctica descendente.

Así concluye Platón al final de su Carta VII, poco antes de su muerte:

"Y me vi obligado a reconocer, en alabanza de la verdadera filosofía, que de ella depende el obtener una visión perfecta y total de lo que es justo, tanto en el terreno político como en el privado, y que no cesarán en sus males el género humano hasta que los que son recta y verdaderamente filósofos ocupen los cargos públicos, o bien los que ejercen el poder en las ciudades lleguen, por especial favor divino, a ser filósofos en el auténtico sentido de la palabra."

Entonces llega alguien (un filósofo) que los saca de su engaño, desencadenándolos, rompiendo sus cadenas, molestándolos enormemente y causándoles un gran dolor por el cambio. Es aquí, y solo aquí, cuando el esclavo ve las figuras que proyectaban las sombras que antes veía y se da cuenta de que esas sombras no eran la realidad, sino que las figuras sí lo son, reconociendo que ha sido engañado todo este tiempo. Al salir de la caverna y ver la luz del sol, le cuesta acostumbrarse, pero poco a poco empieza a ver las sombras y los reflejos, luego las figuras que las proyectan, y comprende entonces que las figuras de la caverna tampoco eran reales, sino representaciones de la realidad. Se encuentra ahora en una situación de desengaño y descubrimiento, y la sed de sabiduría lo corroe por dentro.

Sin embargo, no queda satisfecho: el esclavo ahora quiere ir a desengañar a los otros esclavos que se encuentran encadenados en la caverna, los cuales no creerán lo que dice, ni les agradará que intente desencadenarlos por la fuerza, pues ellos están muy cómodos en su situación y no quieren que cambie, e incluso intentarán matarlo.

Antropología: el alma tripartita

Según la teoría antropológica, lo que nos hace verdaderamente nosotros (el yo) es el alma, que tiene tres funciones con sus respectivas virtudes:

  • El alma racional: hace posible la contemplación de lo suprasensible; su virtud es la sabiduría.
  • El alma irascible: regula las pasiones nobles, como el valor o la ira; su virtud es la fortaleza.
  • El alma concupiscible: controla las pasiones innobles y los deseos vegetativos; su virtud es la templanza.

La sociedad ideal

Platón, según esta clasificación del alma, imagina el Estado ideal, la sociedad perfecta, compuesta por tres partes:

  1. Los artesanos, la clase más amplia, que ofrecen los recursos suficientes para las necesidades básicas mediante un trabajo productivo. En ellos predomina el alma concupiscible.
  2. Los guardianes, que mantienen la seguridad de la polis; su alma es la irascible.
  3. El gobernante, cuya misión es dirigir la sociedad; su alma es la racional.

Esta sociedad sería justa, a ojos de Platón, si todas las personas cumplen con la función para la que han nacido. En esta sociedad jerarquizada, cada individuo recibe una educación dependiendo del alma que predomine en él.

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