Platón | Contexto

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Este fragmento forma parte del libro VII de su obra “La República”, cuyo tema principal es la organización ideal del Estado y la Justicia. Esta obra fue escrita en su período de madurez, en el que se funda la Academia. Otras obras de este período son: “El Banquete”, “Fedro” y “Fedón”. Además de éste distinguimos otros tres períodos en su vida. En el de juventud, escribe obras todavía muy influenciadas por Sócrates, como son “Apología de Sócrates” y “Protágoras”. En el de transición, Platón ya muestra una autonomía mayor y una elaboración más personal de su pensamiento, y lo refleja en obras como “Gorgias”, “Menón” o “Crátilo”. Y en el de vejez o crítico, realiza una autocrítica de su obra poniendo incluso en duda algunos de sus pensamientos, y destacan “Teeteto”, “Parménides” y “Timeo”.
Platón vivió la época en que se produjeron las
guerras del Peloponeso, que suponían un enfrentamiento entre Atenas y Esparta, es decir, entre dos formas de entender la vida y la sociedad, un enfrentamiento entre democracia y oligarquía. La principal consecuencia fue la derrota de Atenas y la imposición de un régimen no democrático por parte de Esparta: el gobierno de los Treinta Tiranos. Éste fue incapaz de establecer el orden y de actuar justamente y por ello se produjo un descontento general y el restablecimiento de la democracia. Sin embargo, en este período ocurrió un hecho que marcó la vida y el pensamiento de Platón: la muerte de su maestro, Sócrates, que supuso para él una crisis vital, política y filosófica. Tanto es así, que Platón abandonó los estudios de política y empezó a preocuparse por cuestiones más teóricas.
Esta crisis producida en Platón le llevó a hacer viajes. En primer lugar viajó a Egipto, donde conoció a Crátilo (discípulo de Heráclito) y a Hermógenes (discípulo de Parménides), y la influencia de éstos le llevó a encontrar, al fin, una solución al problema del cambio planteado por sus maestros: la teoría de las ideas. En segundo lugar, viajó a
Siracusa, donde adquirió conocimientos de los pitagóricos, quienes le mostraron que es posible un conocimiento sólido e indiscutible: el de las matemáticas. Además, aprendió de ellos la concepción comunitaria de la vida filosófica. En este período, se dice que su herencia socrática se amplia con el saber matemático de los pitagóricos.
De vuelta en Atenas fundó
la Academia, una escuela inspirada en las comunidades pitagóricas, cuyo objetivo era fundamentar la posibilidad de alcanzar la verdad absoluta. Posteriormente realizó un segundo viaje a Siracusa que fue un fracaso, pues se dedicó a reflexionar y cuanto más lo hacía más dudas le asaltaban. Cabe destacar, por último, la entrada en la Academia de Aristóteles, un alumno que supuso un estímulo importante para Platón y que incluso llegó a poner en entredicho parte de la filosofía del maestro.
Hay que destacar como influencias para Platón a
Sócrates, que comparte con su discípulo el ser optimista epistemológico, es decir, que ambos creen que es posible alcanzar el conocimiento; a la oposición de los sofistas, unos escépticos y relativistas que afirmaban que no existía la verdad absoluta y que en el caso de que existiese, el hombre no podría llegar a conocerla; a los pitagóricos, como hemos dicho antes; a Aristóteles, que creará una corriente contraria al Idealismo: el Realismo; y también a Heráclito y Parménides.
En cuanto a repercusiones, Plotino fundó el
Neoplatonismo basado en las ideas de Platón. La concepción dualista del hombre ha marcado todo el pensamiento occidental y muy especialmente la antropología cristiana (por tanto, también al creador de esta corriente cristiana, San Agustín). Por otra parte, su concepción idealista fue recogida por Descartes bajo la forma de Racionalismo, y por Hegel, como Idealismo Absoluto. Por último, su valoración platónica de las matemáticas renació con Galileo.

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