Pilares de la Madurez Psicológica: Claves para el Desarrollo Personal

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Pilares Fundamentales de la Madurez Psicológica

1. Autonomía del yo

Implica, dentro de un marco de cumplimiento de las normas sociales, ser libre; es decir, no estar esclavizado al ambiente social ni al grupo en que se vive.

Exige actuar tal como uno es y de acuerdo con sus propios criterios, valores y conciencia, a pesar de que esa manera de comportarse sea mal vista o criticada por la sociedad.

2. Fuerza de voluntad

Es la capacidad de organizar las energías corporales en dirección a una meta.

La fuerza de voluntad proporciona la constancia en las acciones y el esfuerzo prolongado; se opone al cambio continuo de planes, al trabajo errático y al idealismo fantasioso que nunca se concreta en realizaciones.

3. Capacidad de esfuerzo

Es la «voluntad de querer», es decir, la acción continuada y esforzada por lograr un objetivo o cumplir una tarea.

Es el factor que permitirá alcanzar metas difíciles o aquellas que requieren un largo plazo. Permite superar las satisfacciones inmediatas para luchar por objetivos cuya recompensa será retardada; asimismo, proporciona permanencia en la acción y compromiso para cumplirla.

4. Capacidad de convivencia

Supone tener en cuenta no solo las necesidades del propio yo, sino también las necesidades, derechos y motivos de los demás.

Exige que se haya desarrollado la idea de convivir, que se aprecien en los otros valores, cualidades y aportes necesarios para la construcción de la sociedad, y que se haya superado el egoísmo. Es condición indispensable para poder llegar a amar y sentir la necesidad del esfuerzo personal en la construcción del bienestar ajeno.

5. Autenticidad

El hombre maduro ha adoptado aquellos valores, normas de vida e ideales que considera mejores en relación con sus motivaciones y actúa de forma consecuente con ellos.

Tiene una filosofía de vida según la cual interpreta las cosas y orienta sus acciones; a pesar de las deficiencias o fallas que pueda tener en su actuación, tratará de identificarse con su forma de concebir la vida humana.

Este factor refuerza su autonomía y le permite ser libre, aun viviendo intensamente las realidades sociales propias de su ambiente de trabajo y convivencia.

Conclusión

Una persona madura es aquella que está bien integrada interiormente, que se adapta correctamente al medio ambiente, que obtiene gratificaciones del mismo y se comporta de manera trascendente, de acuerdo con sus aptitudes y posibilidades.

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