El Personalismo: Fundamentos y Dimensiones de la Persona Humana

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El Personalismo: Un Movimiento Filosófico Centrado en el Ser

En la segunda mitad del siglo XX surgió un movimiento filosófico denominado el personalismo. Su objetivo principal fue recuperar la reflexión referida a la noción de persona para convertirla en el tema central de la discusión filosófica. El personalismo posee una característica esencial: ofrece una visión de la persona considerada como el valor más alto, el valor superior. Existen varias corrientes y opiniones personalistas, representadas por autores como Gabriel Marcel, Maurice Merleau-Ponty y Emmanuel Mounier, entre otros.

La Intimidad y la Libertad como Ejes Centrales

La persona es intimidad; cada individuo tiene derecho a ser respetado en su esfera privada. La intimidad constituye la riqueza interior del ser humano; es un secreto, por así decirlo, que le pertenece solo a él. Esta se enriquece cuando uno se conoce a sí mismo. Dicha interioridad íntima puede comunicarse a los demás porque el ser humano posee la capacidad de manifestarla mediante:

  • Palabras y gestos.
  • Acciones y silencios.

El cuerpo también es parte de esa intimidad y merece ser respetado, tanto por uno mismo como por los demás. Cada persona es dueña de sí misma y de sus actos; por lo tanto, los seres humanos poseen libertad. Todo el mundo es libre de decidir qué hacer con su vida y de guiarla por el camino que elija la propia persona.

La Capacidad de Dar y el Encuentro con el Otro

Cuando una persona ofrece su intimidad, la manifiesta porque es libre, y surge una nueva característica: la capacidad de dar. No solo estamos en el mundo para recibir, sino también para ser generosos con los demás. El acto de ser generosos y dar implica el diálogo, lo cual supone ponerse en el lugar del otro y adquirir un enriquecimiento mutuo. En esta corriente se entiende que no hay yo sin .

Posesión, Hábitos y Virtudes

Las personas somos capaces de tener y de poseer. Las posesiones que más valor tienen son los hábitos, las costumbres, las formas positivas y las virtudes. Los hábitos no se heredan de nadie; se adquieren mediante el esfuerzo de realizar repetidamente una acción. Quien no se quiere a sí mismo, no se esfuerza por nada. Por ello, el mejor tesoro son las virtudes, fundamentales para ayudar a los demás.

La Búsqueda de la Felicidad y la Trascendencia

Las personas son buscadoras de la felicidad, entendida como la adecuación entre lo que se quiere conseguir y lo que se vive. Asimismo, la persona es capaz de trabajar; el trabajo bien hecho genera satisfacción para el ser humano. La persona es, además, un anhelo de eternidad, porque quiere —y a la vez desea— ser querida para siempre; quiere ser feliz para siempre, busca la virtud y quisiera poseerla eternamente. Esto conlleva a que el ser humano esté abierto a la trascendencia, a un más allá después de la muerte que suponga esa eternidad. En este sentido, la persona es un ser religioso.

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