Periodización de la ONU
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Segunda fase: apertura y desarrollismo (1950-1973)
Entre 1950 y 1973, el régimen franquista entró en una segunda fase caracterizada por la apertura internacional y el desarrollismo económico. El contexto de la Guerra Fría favorecíó a España, que se convirtió en un aliado estratégico frente al comunismo. En 1953 se firmó un acuerdo con Estados Unidos para instalar bases militares en territorio español a cambio de ayuda económica y respaldo político. Esto facilitó la entrada del país en organismos internacionales como la UNESCO (1952), la ONU (1955) y el FMI (1958), consolidando su reconocimiento exterior.
En el ámbito interno, a partir de 1957 los tecnócratas del Opus Dei sustituyeron a los falangistas en la gestión económica. Bajo su impulso, se aprobó el Plan de Estabilización de 1959, que abandonó el modelo autárquico y permitíó la liberalización de la economía: entrada de capital extranjero, fin del racionamiento, liberalización de precios y una reforma fiscal. Aunque supuso avances, también trajo sacrificios sociales, como la congelación de salarios y el aumento del desempleo, lo que generó oposición política y protestas, especialmente en universidades y movimientos clandestinos como el PSOE, PCE, PNV o ETA.
La emigración masiva hacia Europa ayudó a aliviar el desempleo, mientras que los Planes de Desarrollo de 1964 y 1969 impulsaron un crecimiento económico significativo. Sectores como la industria, el turismo y los servicios se fortalecieron. Entre 1959 y 1973, la renta media crecíó un 40 %, se consolidó una sociedad de consumo y los hogares comenzaron a adquirir electrodomésticos, automóviles como el SEAT 600 y televisores.
Este auge económico transformó también la sociedad. La influencia de la Iglesia disminuyó, cambiaron los hábitos sociales y sexuales, y se adoptaron modas extranjeras. La emigración rural a las ciudades aceleró la urbanización, revirtiendo la ruralización anterior. Más de un millón de españoles emigraron a Europa, lo que trajo beneficios económicos, pero también problemas como el desarraigo y desigualdades regionales.
Durante esta etapa también se produjo un notable crecimiento demográfico: el “baby boom” entre 1958 y 1975 reflejó la mejora en las condiciones de vida y la modernización de la sociedad. Esta fase representó un punto de inflexión en el franquismo, con una España cada vez más integrada en el mundo, aunque todavía bajo una dictadura autoritaria.