El Pensamiento de San Agustín de Hipona: Antropología, Ética y la Ciudad de Dios

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Antropología: El Hombre como Imagen de Dios

Para Agustín de Hipona, el hombre constituye una unidad. En su pensamiento, la unidad consiste en que el alma posee al cuerpo, usa de él y lo gobierna. El hombre es, esencialmente, un alma que se sirve de un cuerpo. Para San Agustín, el alma es una sustancia racional completa, inmaterial e inmortal, dotada de todas las virtualidades necesarias para gobernar el cuerpo, y que tiene por fin último la unión con Dios.

Hecha a imagen de Dios, el alma es un reflejo de la Trinidad en sus tres facultades principales:

  • Memoria (asociada al Padre).
  • Entendimiento (asociado al Hijo).
  • Voluntad (asociada al Espíritu Santo).

El hombre, conociéndose a sí mismo como imagen de Dios, llega al conocimiento de ese mismo Dios. El ser humano desea intrínsecamente ser feliz, y el lugar natural del corazón humano es Dios; hacia Él tiende todo el amor digno y noble. Por tanto, la felicidad solo puede consistir en la posesión de Dios por el amor.

El Problema Político: Las Dos Ciudades

Las dos ciudades, una ordenada por lo material y otra por lo espiritual, se distinguen y se oponen radicalmente. San Agustín afirma: «Dos amores fundaron dos ciudades: el amor del hombre por sí mismo, que lleva al desprecio de Dios, la ciudad terrenal; el amor de Dios, que lleva al desprecio de sí mismo, la celestial. La primera se gloría a sí misma, la segunda en Dios».

  • La ciudad terrenal aspira a la paz que coincide con el bienestar temporal.
  • La ciudad celestial aspira a la paz eterna que se obtiene tras la muerte, gracias a la plena posesión de Dios en la visión beatífica.

El sentido de la historia del mundo se desarrolla mediante la contraposición y lucha entre estas dos ciudades. Sin embargo, cualquiera que sea el devenir de la humanidad y sus alternancias entre el bien y el mal, al final la civitas terrena perecerá y saldrá vencedora la civitas Dei, en virtud del amor a Dios, pues como sostiene el autor: «el bien es inmortal y la victoria ha de ser de Dios».

El Problema Ético: La Naturaleza del Mal y la Libertad

El mal debe intentar comprenderse para poder luchar contra él. El mal es un hecho, pero no es producido por Dios, siendo este el bien perfecto. El mal no tiene entidad propia: es, en realidad, la privación del bien. Tras su abandono de la escuela maniqueísta, Agustín negó que el mal fuera necesario, ya que, si lo fuera, no existiría la vida moral (la búsqueda del bien, que sí posee entidad propia).

Tipos de Mal

San Agustín sostiene que existen dos tipos de mal:

  1. Mal moral: Aquello que se realiza en libertad, pero haciendo un mal uso de la misma. Si el mal se hace en libertad, somos igualmente libres de elegir el bien (libertas maior).
  2. Mal físico: Referido a las catástrofes naturales y el sufrimiento corporal.

Si entendemos la libertad, sabremos que el mal moral es producido por un mal uso del libre albedrío. Además, este mal es, en última instancia, consecuencia del mal físico. Nuestro filósofo sostiene que el fin al que atiende el ser humano es la eudaimonía (la felicidad), que consiste en alcanzar la plenitud del amor de Dios. Por ello, el motor de la acción moral no será otro que el amor: «Dilige et fac quod vis» (ama y haz lo que quieras), porque si amas realmente, descubres qué es el bien y el bien será lo que hagas libremente.

El Problema de Dios: Creacionismo y Ejemplarismo

San Agustín defiende el Creacionismo: el mundo y el tiempo han sido creados por Dios desde la nada. Esta creación se explica a partir de la Teoría del Ejemplarismo: Dios ha realizado en la materia los seres concretos a partir de aquellas ideas eternas que están en su mente divina (los arquetipos).

Además, Dios depositó en la materia los gérmenes de todos los seres futuros (razones seminales) para que fueran apareciendo progresivamente en el tiempo. Todo ser creado se constituye de:

  • Materia: Que puede ser corpórea o espiritual.
  • Forma: La esencia que le hace ser lo que es.

Esta creación no es abandonada por Dios; Él la cuida y gobierna mediante un plan para el mundo expresado en la ley eterna. Ante esto, surge el problema del mal: si el mal existiera como entidad, sería algo creado por Dios, lo cual es imposible. La solución agustiniana es considerar que todo lo creado por Dios es bueno, siendo el mal una imperfección o carencia de ser. Además, el mal solo lo es en tanto que individual y concreto, pero no para la totalidad de la creación, donde siempre resulta de él un bien mayor. Así se explica también el mal moral humano como fruto de un bien superior: la libertad.

Demostración de la Existencia de Dios

Si bien para San Agustín la existencia de Dios es una certeza de fe, propone argumentos racionales para demostrarla:

  • La grandeza de la creación: La realidad es demasiado compleja para no haber sido creada por una inteligencia superior.
  • El argumento del consenso: La mayoría de los hombres creen en la divinidad.
  • El argumento de las verdades eternas: Es su argumento preferido. Deriva del carácter eterno e inmutable de ciertas ideas en nuestra alma, que contrastan con la naturaleza humana mutable y finita. Por tanto, deben tener como causa un ser eterno e inmutable: Dios.

A Dios se le conoce, aunque sea de forma imperfecta, a través de las huellas que ha dejado en sus criaturas.

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