Pensamiento político de Kant: cosmopolitismo, paz perpetua y división de poderes
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El pensamiento político de Kant y su vigencia actual
El pensamiento político de Kant, y en realidad toda su obra filosófica, constituye el punto de referencia clave desde el que se va a configurar todo el pensamiento contemporáneo, bien para refutar las tesis kantianas, bien para adecuarlas a las nuevas necesidades y características de las sociedades actuales.
Desde esta perspectiva, la filosofía actual desarrolla un debate entre los detractores de Kant y el proyecto ilustrado (Derrida, Foucault, Vattimo…) y quienes, reconociendo las deficiencias de dicho proyecto, apuestan por su renovación y actualización (Habermas, Apel, …).
A partir de aquí trataremos de valorar algunos de los aspectos más sobresalientes que, a mi juicio, se encuentran en la filosofía política kantiana.
1. El cosmopolitismo kantiano
En primer lugar, el cosmopolitismo kantiano: su concepción de las relaciones humanas y sociales no solo dentro del marco estricto de una sociedad, sino con unas miras mucho más amplias que atienden a todos los seres humanos como miembros de la comunidad mundial. Kant habló ya de unas condiciones de hospitalidad que debían garantizarse a cualquier persona, del derecho de todo hombre a circular libremente por la Tierra.
Esta actitud contrasta con las actitudes nacionalistas y xenófobas que están caracterizando, cada vez más, nuestras sociedades. La defensa de la identidad nacional, los derechos del pueblo vasco, catalán, o vaya usted a saber qué, el rechazo del otro como alguien semejante a mí… son actitudes que se generalizan en los llamados países desarrollados e industrializados.
Frente a esto es necesario reivindicar —y para ello Kant puede ser un punto de referencia crucial— el reconocimiento de la dignidad de todos los seres humanos como miembros del reino de los fines, independientemente de su condición, raza o sexo. En definitiva, reconocer el mestizaje del que todos provenimos, que constituye el fundamento de la especie humana y por el que pasa necesariamente el futuro de esta.
2. La paz perpetua y la federación de Estados
Por otro lado, la paz perpetua, fundamentada en la constitución republicana, postula ya algo que en los siglos venideros será una necesidad: la federación de Estados, encaminada a mejorar las relaciones entre los distintos países, como paso previo a la instauración de un Estado mundial, garante máximo de la paz.
La Sociedad de Naciones, primero, y la ONU, después, no son sino un intento de armonizar, quizá más ideal que realmente, las relaciones internacionales. No obstante, detrás de la paz juegan otros intereses, fundamentalmente de carácter económico, que limitan cualquier posibilidad de alcanzar el fin último de dicha constitución: la paz perpetua.
3. La división de poderes
El último aspecto que quisiera destacar es la importancia que Kant concede a la idea de división de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) como elemento crucial de cualquier sistema político. Dicha división sigue siendo necesaria si atendemos a los acontecimientos políticos producidos a lo largo del siglo XX: las dictaduras fascistas, el nazismo y los regímenes autoritarios comunistas no son sino la expresión clara de lo que puede suceder en una sociedad en la que uno solo, o un grupo reducido, posee la potestad de legislar, de ejecutar sus leyes y de decidir cuándo se incumplen y qué penas traerá consigo su violación.
La división de poderes garantiza el respeto de los derechos fundamentales de todos los ciudadanos, incluso de aquellos que se acaban indignos por la monstruosidad de su acción.