Pensamiento de Anaxágoras, Demócrito y los Sofistas en la Filosofía Presocrática y Clásica
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Anaxágoras de Clazómenas
Fue el primer filósofo que abrió una escuela en Atenas, pero lo dejó porque fue acusado de ateísmo y por decir que el sol no era un dios, aunque fue un pretexto del que se valieron sus enemigos políticos. En vez de cuatro elementos, pensó que la naturaleza estaba constituida por partículas invisibles que se unen al dar lugar a las cosas y se separan originando el fin de las mismas. Las llamó semillas (spermata).
En todas las cosas hay semillas de todas las cosas, según él. Pero, si todo está en todo, ¿por qué son diferentes las cosas? Porque en cada cosa predominan unas semillas distintas. Además, la causa de la unión y separación de las semillas se debe a un principio espiritual: el Nous.
Demócrito de Abdera
Cree que la realidad está constituida por una pluralidad innumerable de elementos materiales a los que denominó átomos (palabra griega que significa indivisibles), que se distinguen por el tamaño y la forma: grandes y pequeños, redondos y lisos. Además de los átomos, existe el vacío.
No solo la physis está formada por átomos, sino las mismas almas. Él cree en el azar, pero no hay una finalidad.
Doctrina Sofista o Pensamiento Sofístico
La concepción sobre el conocimiento de los sofistas se divide en varias corrientes fundamentales:
Fenomenismo
No podemos conocer más que los aspectos de las cosas; no se puede llegar al fondo de la esencia de las cosas. Se capta solo una parte mínima de las cosas existentes en el mundo. El conocimiento se queda, frente a lo que pretendieron los presocráticos, en las apariencias de las cosas; afirman que las cosas son lo que parecen.
Subjetivismo
No podemos llegar a un conocimiento objetivo y universal; la verdad objetiva no existe. Los sujetos cognoscentes realizan el acto y proceso de conocimiento, por eso cada sujeto posee una opinión particular de la realidad de la cual no puede salir.
Escepticismo
Si no es posible alcanzar verdades objetivas, aún lo será menos conseguir verdades absolutas y universalmente válidas para todos.
Relativismo
Los sofistas se quedan en lo cambiante, impermanente y en la pluralidad. Nada hay fijo y permanente, por ello las ciencias de las cosas son variables. Esta postura los lleva a defender en el campo de la ética el relativismo moral y, en las leyes de la polis, el convencionalismo jurídico.
Relativismo moral
No hay normas morales absolutas, universales y válidas para todos. Las normas y leyes son relativas a cada comunidad humana. Cada polis tiene sus propias normas morales y ninguna debe imponer las suyas a las demás como si las suyas fueran las únicas válidas para todos los hombres. El orden moral, como el jurídico y el político, está basado en la convención humana.
Convencionalismo jurídico
Las instituciones y el derecho por el que se rigen los pueblos no se fundan en la naturaleza ni en los dioses, sino que son creaciones humanas. Las leyes (el nomos) son leyes positivas creadas por el hombre y modificables por la voluntad humana.
La Solución Sofista: El Utilitarismo
Los sofistas creyeron que la solución era el utilitarismo: las normas y leyes son preferibles a otras porque son útiles para la ciudad y el individuo. Se terminó imponiendo lo que la mayoría consideraba como lo más útil y beneficioso, o aquello que una minoría, con manipulación dialéctica si era necesario, hacía creer convirtiendo en fuertes las razones débiles.