La Península Ibérica en la Baja Edad Media: Política, Crisis del Siglo XIV y Expansión Mediterránea
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1. Organización política e instituciones
La máxima autoridad en cada reino es el rey, quien con el paso del tiempo va acaparando más poder frente a la nobleza, convirtiendo el cargo en hereditario al sucederle su primogénito. Se instaura así un poder autoritario que tiende a la unificación territorial, institucional, legal y económica de sus reinos. Una de las bases principales de su poder será la creación de un ejército permanente a finales de la Edad Media.
- Corona de Aragón: Se estructuró como una confederación de cuatro territorios (Aragón, Cataluña, Mallorca y Valencia), donde el monarca estaba representado en algunos de ellos por un virrey. Sus Cortes tuvieron un marcado poder legislativo y de control sobre la monarquía (pactismo).
- Corona de Castilla: Las Cortes tuvieron únicamente carácter consultivo, limitándose prácticamente a votar y aceptar los subsidios e impuestos solicitados por el rey.
- Administración de justicia: Las Audiencias o Chancillerías se constituyeron como los máximos tribunales judiciales de los reinos.
- Administración local: Los municipios urbanos fueron progresivamente intervenidos y controlados por la corona a través de la figura de los corregidores.
2. Crisis demográfica, económica y política del siglo XIV
El siglo XIV se caracterizó por una profunda crisis demográfica y por el retroceso del crecimiento poblacional debido a la irrupción de una mortalidad catastrófica. El sistema feudal carecía de recursos materiales e innovaciones técnicas para solventar la superpoblación y el desequilibrio entre población y recursos agrícolas, lo que desató graves hambrunas generalizadas. La desnutrición resultante facilitó la rápida propagación de epidemias y el aumento desmedido de la mortalidad, manifestado con crudeza durante la Peste Negra de 1348.
Asimismo, fue una centuria marcada por cruentas guerras civiles dinásticas e internas. Este escenario trajo consigo las siguientes consecuencias:
- Abandono de tierras y despoblación: Aparición de despoblados tanto en zonas urbanas como rurales, junto con el abandono masivo de cultivos por escasez de mano de obra.
- Parálisis productiva y comercial: Al desaparecer los excedentes de producción, la actividad artesanal y las rutas comerciales se redujeron al mínimo.
- Conflictividad social: En Castilla estallaron violentas persecuciones y revueltas contra minorías sociorreligiosas, principalmente los judíos, a quienes se culpabilizó de las calamidades. En la Corona de Aragón, la conflictividad adquirió un carácter marcadamente antiseñorial, producto de la presión que los señores ejercían para retener e impedir la huida de los pocos vasallos que aún permanecían en sus feudos.
Ya en el transcurso del siglo XV, los reinos peninsulares experimentaron una lenta recuperación demográfica y la consiguiente reactivación de las actividades económicas.
3. Expansión de la Corona de Aragón en el Mediterráneo
Una vez concluida la Reconquista en su ámbito peninsular y balear, la Corona de Aragón inició una intensa política de expansión militar y comercial a través de la cuenca mediterránea, orientada a salvaguardar los intereses mercantiles de su pujante burguesía marítima.
- Sicilia: A finales del siglo XIII, la isla se independizó de la dominación francesa tras las Vísperas Sicilianas y quedó incorporada a la órbita de Aragón tras recibir auxilio militar directo.
- Cerdeña: El rey Jaime II consolidó el dominio insular a pesar de las reticencias y la oposición inicial de la Santa Sede.
- Grecia y los almogávares: Las tropas mercenarias aragonesas (la Gran Compañía Catalana o almogávares) acudieron en socorro del emperador bizantino para contener el avance turco; sin embargo, al sentirse traicionados por los griegos, se rebelaron y terminaron conquistando y anexionando los ducados de Atenas y Neopatria a la corona aragonesa.
- Nápoles: A comienzos del siglo XV se completó la hegemonía mediterránea mediante la conquista del Reino de Nápoles en el sur de Italia por parte de Alfonso V el Magnánimo.
Todos estos dominios mediterráneos serían posteriormente conservados y defendidos por los Reyes Católicos y la dinastía de los Austrias frente a las pretensiones imperiales francesas y el expansionismo otomano.