El Pecado Original y el Sentido de las Plagas de Egipto
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Las Plagas de Egipto y el Pecado Original
Hay que ver las plagas de Egipto en el contexto de las consecuencias que el pecado original tuvo en el hombre. Estas plagas no son más dañinas que las enfermedades que nos asedian todos los días, como por ejemplo el cáncer. Además, muchas de esas plagas son fenómenos naturales que, antes del pecado original, no afectaban al hombre.
Obviamente, no son ajenas al querer de Dios. Dios las permite, como permite tantas y tantas desgracias en las vidas de los hombres, para que entendamos de una vez que la gran desgracia del hombre es haberse alejado de Dios por el pecado. Jesucristo, al curar solo en la medida en que eso ayuda al hombre a acercarse a Dios (pudo haber desterrado la enfermedad de la tierra con una sola palabra y no lo hizo), nos da esta misma lección: la tragedia del hombre no es enfermar y morir, sino haberse alejado de Dios por el pecado.
Fundamentos Teológicos
- San Pablo: "Pues lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, son perceptibles para la inteligencia a partir de la creación del mundo a través de sus obras".
- San Agustín: "Nos has hecho, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti".
Por eso, el cristianismo es una religión revelada. No es una religión buscada y encontrada, sino recibida; es un don gratuito, un regalo.
La Promesa y el Sacrificio
Dios primero promete a Abraham su bendición, dándole descendencia y tierra, y después le pide algo, porque Dios es amor. Isaac es imagen de Jesús porque era hijo único de su padre y, al igual que Cristo, llevaba la madera para su sacrificio. El carnero que aparece acto seguido y que es sacrificado también representa a Jesús. Cada vez que pecamos, nos parecemos a Esaú, pues cambiamos a Dios por un pequeño placer.
Consecuencias del Pecado Original
- Perdimos el ser hijos de Dios y la amistad con Él.
- Perdimos la inmortalidad en el mundo, como nos dirá San Pablo.
- Perdimos el don de la impasibilidad; es decir, empezamos a sufrir y padecer dolor.
- Quedamos inclinados al mal y al pecado, incapaces de vivir las cuatro virtudes cardinales de manera perfecta.
- Después del pecado original, estamos llamados al combate espiritual; es decir, como decía Jesucristo, a vigilar.