La paradoja de la libertad humana y el simbolismo de la creación
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Un hombre creado libre pero advertido
Una vez que Dios ha creado al hombre, le da a este un jardín para que lo cuide, en el que le dice que puede comer de todos los árboles menos del conocimiento del bien y del mal. Esto lo hace debido a que el hombre ha sido creado libre y responsable de sí mismo. Pero, en realidad, ¿puede ser creado libre? Dios es libre porque es Dios y no debe más que a sí mismo su existencia. Una libertad creada es una paradoja, ya que supone a su vez un origen no libre.
Al llegar a cierta edad, podemos decir que somos responsables de nuestro rostro, uno de los rasgos que constituye nuestra personalidad. Podemos decir también que nuestra progresión en libertad no se detiene nunca; la libertad se va construyendo y nuestra vida adquiere sentido. El proceso de cada ser humano, la génesis del ser, se encuentra en el proceso global de la humanidad. Esta se entiende como un ser vivo que progresa en libertad siglo tras siglo y prosigue su marcha, razón por la cual los problemas que nos planteamos sobre nuestra existencia son sometidos a crítica.
La creación de la mujer
La creación de la mujer es símbolo de amor; Dios creó a la mujer para que el hombre no estuviese solo y le diese ayuda. Para crear a la mujer, aprovechó mientras dormía el hombre para quitarle una costilla y la creó; por tanto, la mujer se convierte en carne del hombre. Por ello, el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, pasando a ser de una sola carne.
Este hecho ha sido cuestionable, ya que cada generación ha buscado y descubierto algo nuevo. El relato dice que la mujer es parte así del hombre y sin ella le faltaría algo. Adán la reconoce como "huesos de sus huesos y carne de su carne". Una sola carne evoca a la unión; esa unión de los cuerpos simboliza los dos corazones. Para los antiguos, la creación es un dato religioso muy concreto y todo está envuelto en amor, como si fuese un nacimiento.