Orígenes y Desarrollo de la Primera Revolución Industrial (1780-1860)

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La Primera Revolución Industrial (1780-1860)

La industrialización comenzó en Gran Bretaña. En la primera fase de la industrialización destacaron dos sectores: la industria textil y la siderurgia.

La industrialización: la fábrica y la mecanización

Hasta el siglo XVIII, las manufacturas se elaboraban en pequeños talleres artesanos que estaban dispersos por el territorio. Todas las ciudades tenían varios talleres que abastecían a la población de manufacturas; realizaban su trabajo de forma manual: no usaban máquinas y solo se ayudaban con unas pocas herramientas. Cada artesano realizaba las piezas completas y controlaba su ritmo de trabajo, por lo que no estaba sujeto a un horario fijo.

Desde finales del siglo XVIII, los talleres comenzaron a ser sustituidos por fábricas, establecimientos en los que los obreros utilizaban máquinas. Las primeras máquinas funcionaban con una nueva fuente de energía: el vapor. James Watt inventó la máquina de vapor. En este periodo ya existía la división del trabajo, la cual aumentó la productividad y permitió que los precios de los productos disminuyeran.

Gran Bretaña, centro de la primera industrialización

La industrialización se inició en Gran Bretaña debido a varios factores fundamentales:

  • 1: En primer lugar, tenía mano de obra suficiente y un amplio mercado para sus productos.
  • 2: Además, contaba con yacimientos de hierro y abundante carbón.
  • 3: La nueva mentalidad liberal estaba muy extendida.

Entre 1820 y 1840, las innovaciones de la Revolución Industrial se extendieron por Europa, alcanzando a los países más próximos a Gran Bretaña, como Francia y Alemania.

Los sectores punta: el textil y la siderurgia

La industria textil algodonera fue la que más rápidamente integró las innovaciones técnicas. El algodón llegaba a Gran Bretaña desde las colonias a bajos precios. Alrededor de 350,000 personas trabajaban en el hilado y tejido de prendas utilizando inventos como el telar mecánico. Los textiles británicos, al ser baratos y de buena calidad, inundaron los mercados mundiales.

Por otro lado, la industria siderúrgica alcanzó un gran desarrollo a mediados del siglo XIX. La sustitución del carbón vegetal por el carbón mineral impulsó la construcción de modernos altos hornos, en los que se producía una gran cantidad de hierro.

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