Origen y Evolución del Turismo de Masas: Claves del Modelo Fordista
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Turismo de Masas: Origen y Características
Finalizada la Segunda Guerra Mundial, tiene lugar un largo periodo de paz y prosperidad inspirada en las teorías keynesianas, sin la cual el crecimiento y auge del turismo habría sido inviable. Es un período que se caracteriza por un gran crecimiento económico y por la generalización de la regulación fordiana de la economía, basada en una organización de la producción continua, masiva y mecanizada que aumenta considerablemente la productividad en medianas y grandes empresas.
Los cambios socioeconómicos, culturales y políticos de la Europa de la posguerra ponen las condiciones para que se desarrollen el turismo de masas y el viaje organizado. Por el lado de la oferta turística, surgen respuestas a la creciente demanda con la aparición de un conjunto de nuevas empresas: los operadores turísticos, que aprovechan, además, los avances tecnológicos del transporte aéreo.
A partir de la década de los sesenta, el sector turístico se consolida como la actividad económica que se conoce actualmente, gracias a la acción de agentes económicos como los operadores turísticos. Partiendo de los mencionados factores de cambio que han dado lugar al modelo turístico de masas o fordista, el funcionamiento del modelo presenta las siguientes características:
1. Democratización del viaje turístico
El turismo pasa a ser una actividad de ocio que se pone al alcance de casi todas las clases sociales. La democratización del viaje turístico no supone una desaparición de las desigualdades en el acceso a este producto de ocio; en los países desarrollados, se observa que no todos los individuos viajan con la misma frecuencia.
2. Dominio de la oferta sobre la demanda
El modelo se caracteriza por la predominancia de una oferta regulada de servicios, dada la proyección internacional y el gran control que ejercen los tour operadores sobre el proceso de producción. Estos son los protagonistas indiscutibles de este crecimiento basado en el viaje organizado, desarrollando la integración vertical de la oferta (transporte y alojamiento). La actividad organizada de esta forma da lugar a una serie de mecanismos de producción rígidos.
3. La centralidad del producto turístico “sol y playa”
El producto estrella del desarrollo turístico masivo es el “sol y playa”. Es un modelo que fomenta una demanda creciente pero estacional, localizada en verano, llegando a confundirse las vacaciones con la actividad turística. El turismo masivo moderno se convierte en un icono de la sociedad de masas, pues toda experiencia de viaje de ocio se transforma en la búsqueda de un consumo prototípico.
4. Concentración espacial, temporal y separación de otras actividades sociales
El modelo turístico fordista supone una concentración espacial de la actividad en lugares delimitados, por ejemplo, en torno a la línea de costa y playa. Estos espacios de litoral pasan a ser abstraídos de su contexto, convirtiéndose en escenarios de exhibición de la condición social adquirida por la ocupación laboral que ostenta el individuo en la producción.
5. Internacionalización de la actividad
El turismo internacional se ha extendido progresivamente a todos los lugares del mundo, impulsado por la creciente demanda de destinos y experiencias alternativas, haciendo que todos los espacios sean potencialmente turísticos. También ha contribuido a la internacionalización la propia dinámica de expansión de las empresas hoteleras, operadoras y compañías de transporte aéreo.
6. Demanda organizada en torno al consumo de imágenes
Los operadores turísticos juegan el papel creativo en la definición y marketing de las imágenes vacacionales con una finalidad comercial. Diversos autores coinciden en que el consumo turístico fordista parecería más inclinado a practicar, en unos casos, un turismo como compensación, y en otros, una “ruptura” con las rutinas de la vida cotidiana y laboral.
- En aquellos que practican el turismo como conducta “liminal”, el tiempo vacacional presupone una ruptura con la vida cotidiana.
- En la fase actual del turismo postfordista, hay una tendencia a plantear el turismo como vivencia autónoma.