Oradores griegos y romanos

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LA PROSA GRIEGA:


Los tres géneros literarios principales de la antigua Grecia (épica, lírica y dramática) utilizaban el verso por estar vinculados al canto y la recitación. La prosa surge con otros géneros que cumplen distintas funciones, además de la puramente estética.

Géneros en prosa

 

Con la civilización griega nacen muchas disciplinas de conocimiento científico y humanístico. Estas disciplinas consiguen que, a través de obras escritas en prosa, el conocimiento se transmita y se conserve para la posteridad.

Filosofía


 Aunque los primeros filósofos escribieron en verso, los grandes pensadores griegos utilizaron la prosa, excepto Sócrates, que no escribíó obra alguna, pero cuyo pensamiento nos ha llegado gracias a la obra de sus discípulos, principalmente de Platón (428-347 a.C.), quien cuidó mucho la forma de sus diálogos filosóficos (Fedón, El banquete, La República) y recurríó a menudo a mitos para sus explicaciones.
Aristóteles (384-322 a.C.) compuso la Poética, un tratado literario muy influyente tanto en la Antigüedad clásica como en la Edad Media y la Edad Moderna.

Tratados científicos

Hipócrates (s. V a.C.), famoso médico, está considerado el padre de la medicina, a la que dio una fundamentación científica. Se le atribuyen numerosos escritos, que constituyen el Corpus Hippocraticum y que abordan diversas disciplinas médicas, así como otras cuestiones relativas a la ciencia y la profesión médica, como el famoso juramento hipocrático (una especie de código ético del ejercicio de la medicina).

Oratoria

El arte del discurso político o judicial adquiere gran importancia a partir de la democracia ateniense, ya que los ciudadanos tienen la posibilidad de expresarse y discutir en las asambleas públicas. Entre sus principales representantes se cuentan:
Lisias (s. V a.C.), orador que se especializó en escribir discursos por encargo para ser pronunciados ante los tribunales, y Demóstenes (s. IV a.C.), orador político que tuvo una intervención muy destacada para mantener la independencia política de Atenas frente al rey Filipo de Macedonia. Contra Filipo escribíó sus famosas arengas, llamadas Filípicas, que influyeron decisivamente en los atenienses contra el poder macedonio.

Historia

Herodoto (484-424 a.C.), llamado «padre de la Historia» por aplicar a la historiografía criterios científicos, escribíó su Historia en nueve libros, donde recogíó la crónica de los países vecinos de Grecia (Persia, Egipto, etc.) y concluyó narrando las guerras entre griegos y persas. Es un gran narrador, claro, ameno y a veces pintoresco, que recoge leyendas y sucesos recopilados en sus viajes.

El otro gran historiador griego fue Tucídides (465-395 a.C.). Al contrario que Herodoto, tuvo una concepción realista de la historia, rechazando lo legendario y las intervenciones divinas en los acontecimientos. Su Historia de la guerra del Peloponeso detalla en ocho libros y con gran rigor y exactitud la larga contienda que enfrentó a atenienses y espartanos durante veintisiete años.

Fábulas

Las fábulas son breves relatos de origen popular con enseñanza moral protagonizados por animales. A Esopo, personaje probablemente legendario, se le considera el creador de este género. En el siglo V a.C. Circulaban por Atenas muchas de estas fábulas, llamadas esópicas, que fueron recogidas y publicadas por el político, filósofo y orador ateniense Demetrio de Falero en el siglo IV a.C.

Pervivencia y evolución de las fábulas

Las fábulas de Esopo gozaron de gran popularidad ya desde su origen en la Antigüedad. En la Edad Media fueron recogidas por muchos escritores, sobre todo por su carácter moralizador y ejemplarizante, muy acorde con la mentalidad del hombre medieval. En el ámbito hispánico, por ejemplo, aparecen fábulas de Esopo en El conde Lucanor, del infante don Juan Manuel, y en El libro de buen amor, de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita.

El ingenio, la sencillez y la sabiduría que acumulan las fábulas aseguran su pervivencia en la tradición literaria durante siglos -La Fontaine en Francia, en el Siglo XVII, o Samaniego e Iriarte en España, en el Siglo XVIII-; hoy en día siguen gozando de buena salud, frecuentemente asociadas al mundo infantil, gracias al protagonismo y la humanización de los animales, y también a su carácter didáctico.

LA PROSA LATINA:


Los géneros de prosa en latín más importantes son la historia y la oratoria.
La prosa histórica destaca por el número, la calidad y la variedad de los autores; la oratoria como género es consecuencia de la importancia de la política y el derecho en la sociedad romana.

La historia

En Roma el cultivo de la historia rebasaba el marco meramente literario. Los romanos utilizaron la historia como instrumento político, para justificar su supremacía sobre los demás pueblos, o para apoyar diferentes posturas en la política interna. Emplearon para ello no solo la selección y presentación de los hechos, sino también la manifestación de sus opiniones: de manera directa, mediante intervenciones en primera persona, o indirecta, mediante abundantes discursos puestos en boca de sus protagonistas.

 Los más importantes historiadores romanos son: Julio César, Salustio, Tito Livio y Tácito.

Julio César (101-44 a.C.)

Se conservan dos obras suyas: los «comentarios» sobre el desarrollo de la conquista de las Galias, La guerra de las Galias, y los que escribíó sobre la Guerra Civil contra Pompeyo y el Senado, La Guerra Civil. La primera obra es una exaltación de su papel en la conquista, y la segunda, una justificación de su actuación en la guerra contra Pompeyo. César alterna la narración de las campañas militares con la exposición de su pensamiento político, muchas veces mediante la reproducción de discursos y arengas. En su prosa, de gran calidad, César consigue aunar la precisión y la elegancia, compensando la aridez del tema con la inteligencia del planteamiento.

Salustio (87-35 a.C.)

Inspirado en Tucídides, es el primer gran historiador romano en sentido estricto. Tiene un estilo muy personal, conciso, enérgico y un poco arcaico. Emplea la frase breve, con abundantes paralelismos y yuxtaposiciones. En sus obras aborda la narración bélica, la geografía, la política -donde no oculta sus posiciones-, el retrato psicológico o la reflexión moral. De sus obras se conservan íntegras dos de ellas: La conjuración de Catilina y La guerra de Yugurta.

Tito Livio (59 a.C.-17 d.C.)

Consagró su vida a componer una historia general de Roma en 142 libros, llamada Desde la fundación de la ciudad. Como indica su título, la obra abarca la historia de Roma desde sus orígenes, y aunque no se conserva en su totalidad, es la mejor fuente que existe sobre los primeros siglos de la historia de Roma. Obra monumental, enseguida fue considerada canónica; en ella late un hondo patriotismo y la convicción en el destino superior de Roma, como corresponde al pensamiento oficial y dominante en época de Augusto.

Tácito (55-120)

A diferencia de Tito Livio, Tácito escribíó sobre la historia inmediatamente anterior a él. Recoge la historia del siglo I en dos obras que nos han llegado incompletas: Anales e Historia. Es un historiador riguroso, basado en la documentación del Estado, y mantiene una distancia crítica hacia el régimen imperial al que sirvió como político. Su obra es muy cercana a la sensibilidad actual, tanto desde el punto de vista historiográfico como desde el literario.

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