A un olmo seco: interpretación, estructura y recursos en Campos de Castilla (Machado, 1912)

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Introducción

Este poema pertenece al poemario «Campos de Castilla» (1912), insertándose así dentro de la segunda etapa poética de Antonio Machado. Tanto en este poema como en el libro al que pertenece, predomina la preocupación del autor por la difícil situación que atravesaba España en aquellos momentos. El poema «A un olmo seco» describe a un olmo de la ribera del Duero, acentuando el asombroso hecho de que, entre tanto pesimismo y muerte, todavía tiene hojas; llegando a la conclusión de que en realidad no se habla solo del Duero, sino también de un deseo y de la esperanza de prosperidad.

Métrica y forma

El poema se compone de 30 versos, combinando endecasílabos y heptasílabos (arte mayor y arte menor, respectivamente), sin seguir un esquema regular previo. Debido a esto, estamos ante una silva, ya que los versos se alternan y riman al gusto del poeta. Desde un punto de vista formal, puede dividirse en dos partes: la primera formada por 14 versos y la segunda que abarca los 16 restantes. La rima es, en general, consonante y encadenada, exceptuando los versos 13-14, 15-16 y 21-22, donde la rima se presenta como abrazada.

Estructura interna (tripartita)

El poema presenta una estructura tripartita reconocible en su desarrollo temático y de tono:

  • Primera parte (v. 1–14): Machado escribe en tercera persona sobre el centenario olmo, utilizando distintos matices de color para contrastar el deterioro del árbol. Establece un símil con otros álamos (v. 9–11) al señalar que estos tienen ruiseñores en sus frondosas ramas, cosa que ya no podrá disfrutar el olmo, totalmente desnudo de hojas.
  • Segunda parte (v. 15–27): El poeta cambia a la segunda persona y se dirige directamente al olmo. En los versos 15–25 se observan enumeraciones con asíndeton presididas por la anáfora «antes», que describen el pésimo y mortal futuro que parece aguardarle al árbol. No obstante, antes de que eso ocurra, Machado trata de eternizar el instante en el que «algunas hojas verdes le han salido» de forma poética.
  • Tercera parte (v. 28–30): Los tres últimos versos cierran el poema y constituyen la tercera parte. El autor cambia a la primera persona del singular para identificarse con el olmo: si el árbol puede reverdecer con la llegada de la primavera, él también alberga una oportunidad en el futuro a pesar de sentirse solo, triste y cansado.

Tema y símbolos

Para Machado, la principal preocupación de su poesía remite a un lugar concreto: España. No es solo un espacio geográfico, sino un concepto integral; conviene recordar que todos los miembros de la Generación del 98 trataron este tema en sus composiciones. Así, a través de la metonimia o del símbolo del árbol, Machado en «A un olmo seco» reflexiona sobre la realidad que tanto le preocupa. Por esta razón, la muerte tras el transcurso de la vida fue una constante en toda su producción poética. En este poema, la anáfora «antes que» marca un eje teórico: el olmo vivió un pasado sufrido y, sin embargo, puede albergar la posibilidad de un futuro próspero.

Estilo y recursos estilísticos

El modernismo está presente en la obra de Machado, aunque el autor optó por un estilo más sobrio y denso, en consonancia con el carácter antirretórico de la Generación del 98. En definitiva, Machado participó tanto en el modernismo como en el noventayochismo, combinando elementos de ambos para autenticar su obra poética. En este poema destacan los siguientes recursos estilísticos:

  • Paralelismos: por ejemplo, «las lluvias de abril y el sol de mayo».
  • Apóstrofe: «Antes que te derribe, olmo del Duero», en el que el hablante se dirige al árbol.
  • Metáforas: como «otro milagro de primavera», que alude a la posibilidad de revivir.
  • Anáfora y asíndeton: recursos que enfatizan la enumeración del destino adverso y la insistencia temporal (antes).

Estos y otros recursos contribuyen a la intensidad expresiva del poema, que combina denuncia, melancolía y esperanza en un tono reflexivo y contenido.

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