Obras 1
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Columnata de la Plaza de San Pedro del Vaticano (1598-1680) Bernini
El planteamiento de Bernini para la plaza de San Pedro resolvíó diversas exigencias: debía acoger a los peregrinos, permitir ver al papa desde cualquier punto y mantener el obelisco como centro visual, además de adaptarse a los desniveles del terreno. Su diseño consistíó en una plaza elíptica delimitada por dos brazos rectos y convergentes, que simbolizaban la acogida de la Iglesia. La forma de los brazos ovalados creaba un efecto simbólico de apertura. Cada brazo de la plaza estaba compuesto por cuatro hileras de columnas toscanas que sostienen un entablamento jónico y culminaban en una balaustrada Fachada de San Pedro del Vaticano.
Baldaquino de San Pedro (1624-1633) Bernini, Roma
El baldaquino, de 29 metros de altura, se inspira en los usados en las procesiones, pero adaptado para el contexto monumental. Con columnas helicoidales de bronce que evocan el templo de Salomón, el dosel diseñado por Borromini tiene volutas gigantes que siguen el movimiento de las columnas. Remata con el globo terrestre y la cruz, símbolos del triunfo universal de Cristo. El baldaquino llena el crucero de la basílica, justo debajo de la gran cúpula de Miguel Ángel. Su diseño, de proporciones colosales y dinámicas, se integra al contexto con un atractivo contraste entre el bronce oscuro y dorado y los pilares blancos que sostienen la cúpula. El baldaquino simboliza la continuidad de la Jerusalén bíblica en la Roma papal, triunfante sobre la Reforma.
La escultura Apolo y Dafne de Gian Lorenzo Bernini (1622-1625) representa un momento de gran dinamismo y emotividad, captando el instante en que Dafne comienza a transformarse en laurel para escapar del Dios Apolo. Inspirada en las Metamorfosis de Ovidio, esta obra refleja el virtuosismo técnico de Bernini, combinando el idealismo clásico con el movimiento y la expresividad barroca.
Bernini diseñó la escultura para ser contemplada desde un ángulo privilegiado, logrando efectos teatrales mediante el tratamiento de la luz y el detalle en las superficies. La composición muestra a Dafne aterrorizada y a Apolo asombrado, subrayando la tensión dramática del momento.
Considerado uno de los máximos exponentes de la escultura barroca y del arte de la Contrarreforma, Bernini integró en esta obra dinamismo, dramatismo emocional y maestría técnica, marcando el futuro de la escultura occidental.