La novela del tranvía de Gutiérrez Nájera: Literatura, observación y modernidad

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El arte de la observación y la fantasía urbana

En La novela del tranvía, el narrador es un pasajero que, por medio del lenguaje humorístico, expresa cómo imagina la vida de sus compañeros de viaje al observarlos con cuidado. No se interesa tanto en lo que hacen los pasajeros para ganarse la vida o en su apariencia, sino más bien en cuáles podrían ser sus pensamientos y, aún más importante, la forma en que él mismo reacciona ante ellos.

Es un excelente ejemplo de cómo el autor es capaz de fantasear asuntos novelescos sin más datos que la impresión fugaz, captada en unas miradas a los personajes. Los describe con acertados detalles, con un sentido de observación muy vivo, chispeante agudeza y estilo juguetón. Nos revela la fascinación por las posibilidades infinitas de especular, pero sin poder tener certeza sobre la vida de los otros.

Ficción, realidad y el espacio de la ciudad

Además, como señala el autor, «el vagón… lleva a muchos puntos desconocidos y a regiones vírgenes»: la ciudad es mucho más que los puntos icónicos de referencia (Palacio Nacional, Catedral, etc.). Igualmente ocurre con los demás, con esos «otros» que comparten el espacio urbano.

La palabra «novela» en el título hace referencia a su acepción de hechos interesantes de la vida real que parecen ficción. En el relato de Gutiérrez Nájera, es justamente la indeterminación entre ficción y realidad la que permite reconstruir el pasado, analizar el presente y especular sobre el futuro de los demás. Otros relatos comparables son La novela en el tranvía de Pérez Galdós y En tranvía de Pardo Bazán.

La perspectiva crítica: Del flâneur al voyeur moderno

El estudioso Andreas Kurz señala que el espectador televisivo de hoy es el equivalente del tipo de personaje que encarna el protagonista de este cuento:

«Gutiérrez Nájera en su Novela del tranvía (1882) da la receta para un reality show de finales del siglo XIX, cuyos ingredientes, 120 años después, siguen siendo válidos. El protagonista es un flâneur, un viajero contemplador y reflexivo que se sube, sin tener un destino fijo, a un tranvía y empieza a apropiarse de las vidas de sus compañeros de viaje. [...] El voyeur Gutiérrez Nájera se formó una realidad mucho más convincente que el área que está fuera de la observación del ojo de Big Brother».