La novela y el teatro españoles de 1939 a finales de los años 70: tendencias, autores y obras principales
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La novela española de 1939 a finales de la década de 1970. Tendencias, autores y obras principales
Los años 1939-1942 (inmediata posguerra) son los “años de convalecencia” en la novela. Censura y autocensura. Baroja pareció conectar con las preocupaciones de los autores jóvenes.
- Novela del exilio (de los vencidos): Ramón J. Sender, Max Aub, Francisco Ayala y Rosa Chacel.
- Novela de los vencedores: Agustín de Foxá y Rafael García Serrano.
- Novela tradicional: Juan Antonio de Zunzunegui, Ignacio Agustí y José María Gironella.
Tres grandes direcciones temáticas, según Gonzalo Sobejano, que corresponden temporalmente con las décadas de los 40, 50 y 60 respectivamente:
- Década de los 40: novela existencial. La existencia de un hombre contemporáneo en algunas situaciones extremas que ponen a prueba la condición humana. Literatura inquietante, cargada de angustia. Reflejo amargo de la vida cotidiana. Los grandes temas son la soledad, la inadaptación, la frustración, la muerte... en personajes marginales, desarraigados y angustiados.
La familia de Pascual Duarte (1942), de Camilo José Cela (“tremendismo”), y Nada (1945), de Carmen Laforet. - Década de los 50: novela social. El vivir de la colectividad en estado de conflicto o de crisis que demanda una solución. Tímida liberalización. La colmena (1951), de Camilo J. Cela. Dos grandes modalidades:
- a. Objetivismo = testimonio neutro de la realidad, sin aparente intervención del autor.
El Jarama (1956), de Rafael Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite, Ignacio Aldecoa, Juan García Hortelano y Jesús Fernández Santos. - b. Realismo crítico = denuncia de desigualdades e injusticias sociales.
Juan Goytisolo, Alfonso Grosso, Jesús López Pacheco, Armando López Salinas y José Manuel Caballero Bonald.
- a. Objetivismo = testimonio neutro de la realidad, sin aparente intervención del autor.
- Década de los 60: novela estructural (o experimental). El conocimiento de la persona mediante la exploración de la estructura de su conciencia y, simultáneamente, de la estructura de todo su contexto social. Apertura al exterior e influencias de fuera: Proust, Joyce, Kafka, Faulkner y la nueva narrativa hispanoamericana (el “boom”).
Preocupación estética y superación del realismo.
Tiempo de silencio (1962), de Luis Martín Santos; 5 horas con Mario (1966), de Miguel Delibes; Últimas tardes con Teresa (1966), de Juan Marsé; Señas de identidad (1966), de Juan Goytisolo; Volverás a Región (1967), de Juan Benet; San Camilo, 1936 (1969), de Camilo José Cela; y La saga/fuga de J.B. (1972), de Gonzalo Torrente Ballester.
• Última narrativa. A partir de 1975: pluralidad de tendencias: novelas policiacas y de intriga, novelas históricas, novelas intimistas, novelas experimentales...
Eduardo Mendoza y Antonio Muñoz Molina.
El teatro de 1939 a finales de la década de 1970. Tendencias, autores y obras principales
- Durante los 40 y parte de los 50. El panorama teatral de la España de la inmediata posguerra es bastante pobre. Limitaciones: autores desaparecidos o en el exilio, y condicionamientos comerciales e ideológicos (censura).
a) Domina un tipo de alta comedia en la línea del teatro benaventino, donde predominan las comedias de salón o los dramas de tesis, a veces con la crítica amable de costumbres y lacras morales, unida a la defensa de los valores espirituales tradicionales. Preocupación por la obra “bien hecha”, con un diálogo cuidado y elegante, dentro de estructuras escénicas consagradas, aunque a veces con discreta utilización de técnicas nuevas. Autores: José María Pemán, Juan Ignacio Luca de Tena, Claudio de la Torre, Joaquín Calvo Sotelo, José López Rubio y Víctor Ruiz Iriarte.
b) Teatro cómico. Humor intelectual, próximo a las comedias del absurdo. Las situaciones inverosímiles y los diálogos regidos por una lógica poco corriente encierran ciertas dosis de amargura. Autores: Enrique Jardiel Poncela, Miguel Mihura, Alfonso Paso...
c) Teatro existencial. Teatro “distinto”, inconformista y preocupado. Dos fechas: en 1949 se estrena Historia de una escalera, de Antonio Buero Vallejo, y en 1953 Escuadra hacia la muerte, de Alfonso Sastre.
- Teatro realista y social (mediados de los 50-60). Disconformidad con el sistema vigente, con dos formas distintas de entender la protesta: política, en el caso de Alfonso Sastre; social, en el caso de Antonio Buero Vallejo. Otros autores: José María Rodríguez Méndez, Carlos Muñiz, Lauro Olmo, José Martín Recuerda...
- Teatro poético de Alejandro Casona y, posteriormente, Antonio Gala.
- Teatro experimental (décadas de los 60 y 70). Nueva vanguardia. Superación del realismo como sucede con otros géneros. Asimilación de las corrientes nuevas y experimentales del teatro europeo: del teatro del absurdo a las propuestas más avanzadas, pasando por Brecht o Artaud. Autores: José Ruibal, Francisco Nieva, Fernando Arrabal, Luis Riaza...
- Teatro independiente (décadas de los 70 y 80). Grupos que viven al margen de las cadenas establecidas en el mundo del espectáculo, como los antiguos cómicos de la legua. Síntesis de lo experimental y lo popular: Els Joglars, Los Goliardos, Akelarre...
- Últimos dramaturgos (décadas de los 80 y 90). José Sanchis Sinisterra, José Luis Alonso de Santos, Fermín Cabal, Fernando Fernán Gómez...
La poesía de 1939 a finales de la década de 1970. Tendencias, autores y obras principales
- La poesía como arma de propaganda y de combate durante la Guerra Civil. Dos bandos. Escasa calidad.
- Poetas en el exilio, fieles a la República: Juan Ramón Jiménez, León Felipe, Salinas, Guillén, Cernuda, Alberti, Prados, Altolaguirre... España como patria perdida fue el tema clave y ante él dos actitudes, correspondientes a dos momentos temporales: tono apasionado al principio y tono nostálgico con el paso del tiempo.
- Poesía de posguerra – “Generación del 36”. Los poetas que siguen en España se orientan por diversos caminos que Dámaso Alonso redujo a dos: la poesía arraigada y la poesía desarraigada.
- Poesía arraigada. Poetas que se agrupan en torno a las revistas Escorial, fundada en 1940, y Garcilaso, fundada en 1943; de ahí que se les llamara también “garcilasistas”. Han salido de la contienda con un afán optimista de claridad, de perfección, de orden. En formas clásicas puras, encierran una visión del mundo coherente, ordenada y serena. Arte por el arte. Uno de los temas dominantes es su firme sentimiento religioso, junto con temas tradicionales (el amor, el paisaje, las cosas bellas...).
Poetas: Luis Rosales, Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco, Dionisio Ridruejo, Rafael Morales, José García Nieto, etc. - Poesía desarraigada (existencial). Reacción contra los garcilasistas. Deshumanización de la poesía. Poesía comprometida. Hijos de la ira (1944), de Dámaso Alonso (“Ya otros, el mundo nos es un caos y una angustia, y la poesía una frenética búsqueda de ordenación y de ancla. Sí, otros estamos muy lejos de toda armonía y de toda serenidad.”), y la revista Espadaña, fundada en 1944, en León, por Victoriano Crémer y Eugenio de Nora. Estilo bronco, directo, más espontáneo y menos preocupado por los primores estéticos.
- Poesía arraigada. Poetas que se agrupan en torno a las revistas Escorial, fundada en 1940, y Garcilaso, fundada en 1943; de ahí que se les llamara también “garcilasistas”. Han salido de la contienda con un afán optimista de claridad, de perfección, de orden. En formas clásicas puras, encierran una visión del mundo coherente, ordenada y serena. Arte por el arte. Uno de los temas dominantes es su firme sentimiento religioso, junto con temas tradicionales (el amor, el paisaje, las cosas bellas...).
- La poesía social. Parte de la poesía desarraigada. La poesía debe “tomar partido” ante los problemas del mundo que le rodea. El poeta se siente “solidario” de los demás hombres; antepone a las metas estéticas los objetivos más inmediatos para transformar el mundo. El tema principal es el “tema de España” y, junto a él, la injusticia social, la alienación, el mundo del trabajo, el anhelo de libertad y de un mundo mejor... Lenguaje claro, prosaico muchas veces, y empleo sistemático del tono coloquial para llegar mejor al pueblo. Poesía = comunicación.
Poetas: Blas de Otero, Gabriel Celaya, José Hierro...
Grupos disidentes: el grupo Cántico de Córdoba (preocupaciones estéticas) y el Postismo (de carácter experimental, surrealista). - De la poesía social a la nueva poética (los años 60). Preocupación por el hombre que, en parte, enlaza con el “humanismo existencial”, huyendo de todo tratamiento patético. Frecuentes muestras de inconformismo frente al mundo en que viven, aunque cierto escepticismo les aleja de la poesía social. Consolidación de la poesía de la experiencia personal, cuya temática se caracteriza por un retorno a lo íntimo: el fluir del tiempo, la evocación nostálgica de la infancia, lo familiar, el amor y el erotismo, la amistad, el marco cotidiano... Renace el interés por los valores estéticos y por las posibilidades del lenguaje. Influencia de Vicente Aleixandre.
Autores: Ángel González, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Carlos Barral, José Ángel Valente, Claudio Rodríguez, Francisco Brines, José María Valverde... - Los “novísimos” y la poesía experimental (años 70). Exhibicionismo cultural y esteticismo. La nueva vanguardia vuelve la espalda al prosaísmo y a las formas tradicionales, y se encuentra de nuevo con el surrealismo. Pere Gimferrer, Antonio Martínez Sarrión, Manuel Vázquez Montalbán, Leopoldo María Panero, Guillermo Carnero...
- “Postnovísimos” (años 80). Dispersión de tendencias. Luis García Montero, Blanca Andreu, Felipe Benítez Reyes...
Tres sombreros de copa
Los personajes están distribuidos en dos mundos. Uno es el de Dionisio, que corresponde a una visión de la vida tradicionalista, aburguesada, de la ciudad provinciana; el otro corresponde al mundo de Paula, una muchacha joven que trabaja en la compañía de music-hall que dirige Buby, un personaje doblemente marginal: explotador para las pobres chicas de su compañía, y esclavo despreciable para la burguesía que lo contrata. Representa el puente simbólico de ambos mundos. Su actitud repercute negativamente en el idilio entre Dionisio y Paula, así como en los opositores de Dionisio: don Sacramento, el futuro suegro de éste, y doña Rosario, que funciona como protector absurdo de dicho personaje para que no cambie de opinión y con la luz del día contraiga matrimonio.
Todos los personajes están tratados con algún tipo de simbolismo, tanto en la indumentaria como en la forma de identificarlos: “el anciano militar”, “el odioso señor”.
Los sombreros cubren al menos tres funciones: una está en el título de la obra, ya que alude tanto a la boda de Dionisio como a un elemento mágico, de ilusión. Otra, como elemento caricaturizador o deformador grotesco del personaje, sobre todo cuando Dionisio se mete en la cama con el puesto. Y un tercer valor se da cuando Dionisio se encuentra con Paula y decide “jamás tomar tónicos”: se produce la transformación del personaje. También en el “¡Op!” de Paula al final de la obra, ahí se descubre la fina ironía que representa el engañoso brillo del espectáculo, la mediocridad de su mundo de artistas, la cara más triste del fracaso personal y profesional de Paula.
Responde a la comedia que respeta las tres unidades clásicas: espacio, tiempo y acción. La originalidad está en la doble perspectiva: cómica (comicidad) y humorística (humor), perfectamente combinadas en la obra.
En cuanto al lenguaje, cabe señalar que la comicidad del mismo es claramente vanguardista, con tendencia a lo irracional que nos conduce a un lenguaje imposible, absurdo, que provoca la risa.
Lo poético y lo cómico aparecen reflejados en la obra. La obra es una farsa y lo cómico tiene la función de frenar lo patético y lo lírico cuando aparecen.
Además de sus abundantes efectos cómicos, la obra es la obra maestra del humor, del humor de Wenceslao Blanco, en el que tras la risa o la sonrisa, se esconde la lágrima. Tiene el mérito de combinar el humor trágico, la verdad profunda, con lo ridículo, con lo absurdo, con lo irracional.
La literatura del siglo XVIII: ensayo y teatro
El siglo XVIII es en toda Europa el siglo de la Ilustración. Este movimiento, nacido en Francia, tenía como fin primordial divulgar el saber, fomentando el espíritu crítico y el culto a la razón. Los autores ilustrados pretendían desterrar los prejuicios nacidos de la superstición y de la ignorancia, potenciando el racionalismo como única forma de caminar hacia el progreso en todos los órdenes de la vida. La luz era la metáfora de esta razón, que ilumina el saber y alumbra la senda del progreso. Por eso se denomina siglo de las Luces o Ilustración.
Las características principales de la literatura dieciochesca son las siguientes:
- Utilitarismo: predominio de la razón sobre el sentimiento o la imaginación. Se abandona la idea del arte por el arte: la literatura debe buscar la verdad, no la belleza.
- Finalidad didáctica: se vuelve al principio clásico de “enseñar deleitando”. La literatura debe educar y ayudar a dar formación al pueblo.
- Se estudia a los clásicos para determinar las reglas de los géneros literarios.
- El artista debe buscar la claridad, la sencillez y el buen gusto.
Prosa: en la primera mitad del siglo algunos autores utilizaron moldes narrativos siguiendo el estilo denominado posbarroco. Este estilo todavía imita la dificultad y las formas del siglo anterior, aunque con una visión del mundo más optimista, es el caso de Torres Villarroel (Vida) o del padre Isla con novelas como Fray Gerundio de Campazas, en las que predomina el tono satírico y que están, en cierto modo, insertas en la tradición de la novela picaresca.
Sin embargo, la principal manifestación de la prosa en el siglo XVIII es el ensayo, pues es el género que mejor se ajustaba a los intereses didácticos y utilitarios de los ilustrados. La prosa ensayística trae consigo un nuevo estilo caracterizado por ser llano, directo, natural y preciso. No busca despertar la emoción del lector, sino provocar la reflexión. Los ilustrados lograron, además, impulsar el español como lengua de la ciencia y de la filosofía frente al latín.
Los principales ensayistas son: Benito Jerónimo Feijoo (Teatro crítico universal), Gaspar Melchor de Jovellanos (Memoria sobre espectáculos y diversiones públicas) y José Cadalso, quien cultivó todos los géneros literarios, aunque sus principales obras están escritas en prosa: Cartas marruecas y Noches lúgubres (la obra que se puede considerar prerromántica por su especial tendencia a lo melancólico, la presencia de paisajes nocturnos o el tema fúnebre). La primera es su obra más importante. Son noventa y un cartas que se entrecruzan entre tres personajes: el español Nuño y los marroquíes Gazel y Ben-Beley, su anciano maestro. En ellas Cadalso vierte su pensamiento sobre la sociedad y la cultura españolas. Los temas tratados pueden agruparse en tres grandes bloques: la historia nacional, la sociedad española del XVIII y la proyección moral del ser humano. Esta obra responde a los rasgos del género ensayístico: con un estilo claro, el autor muestra una actitud crítica ante los diversos temas que trata.
Poesía: el racionalismo de los ilustrados hace que la poesía no sea considerada uno de los géneros principales. No es un momento propicio para la expresión de sentimientos. La poesía es más didáctica que lírica. De cualquier modo estuvo presente a lo largo de todo el siglo, destacando autores como Juan Meléndez Valdés o los fabulistas Félix María Samaniego y Tomás de Iriarte.
Teatro: durante la primera mitad del siglo se continúan las fórmulas del teatro de Calderón, con autores que repetían los temas y argumentos complicando la intriga y el montaje: Antonio Zamora o José de Cañizares.
En la segunda mitad hay una oposición a este teatro tanto por razones estéticas como sociales. El nuevo teatro se va a caracterizar por el respeto escrupuloso a la regla de las tres unidades (espacio, tiempo y acción), por su verosimilitud y por su intención didáctica. Los ilustrados conciben el teatro como medio fundamental para la educación y la propaganda política. Los géneros cultivados fueron la tragedia (Raquel, de Vicente García de la Huerta) y la comedia, que mostraba la realidad idealizada con personajes comunes (burgueses y sus criados). Dado su carácter didáctico, trata de mostrar la vía de la razón y el buen sentido.
El principal autor fue Leandro Fernández de Moratín, que es el creador de la comedia moderna española. Sus obras recogen la vida social de su tiempo y las preocupaciones de los ciudadanos. Invitaba a la burguesía a reírse de sí misma (El barón), recomendaba una educación basada en la sinceridad que acabara con las bodas de conveniencia (El viejo y la niña, El sí de las niñas) y criticaba los excesos del teatro popular (La comedia nueva o El café).
El romanticismo literario del siglo XIX
En el ámbito cultural, junto con el liberalismo y los nacionalismos, nace el romanticismo, movimiento literario, cultural y político que surge en la primera mitad del siglo XIX en Europa, aunque en España tuvo un desarrollo tardío debido al retraso de nuestro país y a la política absolutista de Fernando VII (1814-1833).
Este movimiento está caracterizado por el predominio del sentimiento sobre la razón, en contraste con los ilustrados del siglo XVIII. Asimismo, los románticos buscan la libertad individual frente a la norma, lo que les provoca soledad y angustia; también están caracterizados por la lucha por la justicia, el gusto por lo exótico y lo lejano, los ambientes lúgubres, el morbo por la violencia y la muerte como temas constantes, además del interés por el pasado histórico de los pueblos y la naturaleza. Por tanto, los rasgos más representativos del romanticismo son el individualismo, el rechazo de la realidad mediante la evasión o la rebeldía, la defensa de la libertad, la importancia de la naturaleza y el nacionalismo.
Los géneros más cultivados son el dramático y el lírico.
- Género dramático. Está caracterizado por la ruptura de las tres unidades clásicas, la mezcla de lo trágico y lo cómico, la combinación del verso y la prosa, así como por el gusto por la temática con destino trágico para el personaje, la muerte y el amor apasionado, que está por encima de toda regla. El personaje del drama romántico vive en un mundo adverso con un sino trágico y trazado de antemano. La acción se desarrolla en un tiempo lejano, envuelta en misterio y rodeada de elementos fantásticos. La temática de los dramas presenta el choque entre el individuo y el entorno hostil, abundando los conflictos en torno al amor y la libertad, sentimientos y anhelos que enfrentan al héroe con las normas sociales y que se resuelven en un final trágico. Todo ello, con el propósito de conmover.
Destacan José Zorrilla, mayor dramaturgo del momento y creador del drama romántico nacional (Don Juan Tenorio y A buen juez, mejor testigo); el Duque de Rivas, que introdujo definitivamente la estética romántica en España (Don Álvaro o la fuerza del sino); Martínez de la Rosa (La conjuración de Venecia); García Gutiérrez (El trovador) y Artzenbusch (Los amantes de Teruel). - Género lírico. Se emplea la polimetría; los autores experimentan con nuevas formas o recuperan otras olvidadas, como el romance. En lo relativo a los temas, la lírica gira en torno a los sentimientos y a la exaltación del amor, la libertad y la crítica social; además del importante marco de la naturaleza, que acentúa el efecto de la soledad y la melancolía. Se presentan dos tipos de poesía romántica: la lírica intimista, de Bécquer y Rosalía de Castro, y la poesía narrativa, de Espronceda y Zorrilla.
Bécquer está considerado el primer poeta moderno con sus setenta y cuatro composiciones breves (Rimas); concibió la poesía pura, íntima y desprovista de adornos. De él arranca, en gran medida, la poesía española contemporánea e influyó notablemente en poetas posteriores como Machado y Juan Ramón Jiménez. Rosalía de Castro cosechó gran fama con tres grandes poemarios que evocan las costumbres, paisajes y gentes de Galicia con un tono nostálgico y melancólico (Cantares gallegos, Follas novas, en gallego los dos, y En las orillas del Sar, en castellano).
Espronceda es un romántico liberal que trata temas amorosos y la exaltación de personajes marginales porque en ellos ve un símbolo de rebeldía (destacan sus poemas narrativos El estudiante de Salamanca y El diablo mundo).
• En el ámbito literario de la prosa, destaca Larra, que intervino en política y se dedicó al periodismo, escribiendo más de doscientos artículos, con el seudónimo de Fígaro, en los que realiza un retrato crítico y satírico de la realidad española de la época. Estos artículos periodísticos (de costumbres, políticos y literarios) poseen un estilo claro, transparente y expresivo, que influirá considerablemente en la Generación del 98. Otros prosistas son el propio Zorrilla (Leyendas); Bécquer, con sus Leyendas, breves narraciones donde trata lo sobrenatural y lo exótico; y el escritor costumbrista Mesonero Romanos (Escenas matritenses).
La novela realista y naturalista en el siglo XIX
Aunque es una corriente estética que afectó a todas las artes y géneros literarios, el realismo tiene en la novela su manifestación más característica. La novela realista puso freno a la fantasía. Los autores realistas pretendían narrar una historia posible ambientada en lugares conocidos y observados previamente. El objetivo del escritor era crear la ilusión de realidad mediante las descripciones minuciosas de lugares exteriores e interiores, la caracterización de los personajes atendiendo a aspectos externos y psicológicos, y el decoro en el uso del lenguaje, esto es, el empleo de una lengua viva, acorde al personaje, con coloquialismos, voces populares o regionales e incluso jergales.
La narración suele ser lineal y cerrada. Es frecuente el uso de un narrador omnisciente que interviene de manera constante en el relato enjuiciando hechos y personajes con intención satírica o moralizadora. Se observa también el empleo de técnicas narrativas que aproximan la novela realista al relato moderno: la presentación indirecta de los personajes, es decir, a partir de su comportamiento y su discurso, el estilo indirecto libre y el monólogo, con el que el autor se adentra en la conciencia de los personajes. Los conflictos de la sociedad de su tiempo constituyen la fuente principal de temas tratados en la novela realista: el contraste entre la vida urbana y el campo, los vicios y defectos de la burguesía, la miseria de ciertos individuos o lugares, el enfrentamiento ideológico por cuestiones religiosas o políticas, etc.
Dos tendencias se pueden observar en la novela realista española:
- Una conservadora, con escritores como Fernán Caballero (seudónimo utilizado por Cecilia Böhl de Faber, La gaviota), Pedro Antonio de Alarcón (El sombrero de tres picos) y José María de Pereda (Peñas arriba). Tratan en sus novelas temas relacionados con un mundo rural idealizado, al que todavía no han llegado el progreso ni los males de la civilización; un mundo en el que todo lo malo procede de fuera, la cultura produce desasosiego y la fe religiosa aparece como vía de salvación.
- Juan Valera representa una actitud intermedia entre las dos tendencias. Su realismo se caracteriza por la búsqueda del conocimiento de la personalidad humana, y sus novelas indagan sobre todo en la condición de la mujer (como sucede, por ejemplo, en Madame Bovary de Flaubert). Entre sus obras, Pepita Jiménez.
- En la otra tendencia podemos encuadrar a Galdós y a Clarín, partidarios de un realismo crítico que toma del mundo urbano preferentemente sus temas y aborda el relato con la creencia en el progreso social humano como consecuencia de la educación y la cultura.
Benito Pérez Galdós es autor de una extensa producción narrativa y teatral, de más de cien títulos. Destacan:
- Episodios nacionales: 46 novelas históricas que relatan hechos del pasado nacional reciente comprendidos entre los últimos años del reinado de Carlos IV y la Restauración. La documentación sobre los hechos referidos y la objetividad son los rasgos característicos de esta nueva novela histórica, muy diferente, por tanto, de la romántica.
- Novelas de tesis: son las novelas de la primera época, que se inicia con La fontana de oro. El argumento y los personajes de estas obras quedan sometidos a las ideas del autor, que trata de ejemplificarlas y justificarlas con la historia narrada y con los personajes arquetípicos que utiliza y que representan actitudes y valores (la tradición frente al progreso y el liberalismo). Destaca Doña Perfecta.
- Novelas españolas contemporáneas: ciclo de novelas que se inicia con La desheredada y con el que trazó un fresco del Madrid y de la España de la época, con sus ambientes sociales, formas de vida, tipos, etc. Galdós pretendió realizar un análisis profundo de la realidad. Los personajes son más complejos. Su comportamiento se relaciona con el medio social, la herencia biológica y la psicología. Emplea nuevas técnicas narrativas, como el estilo indirecto libre, el monólogo o el estilo teatral. Un título destacado de esta serie es Fortunata y Jacinta.
- Novelas espirituales: en sus últimas novelas muestra un profundo interés por temas morales y espirituales; se acentúa el idealismo de los personajes y pierde importancia la descripción de la realidad. Títulos: Nazarín y Misericordia.
Leopoldo Alas “Clarín”, ensayista, crítico literario y gran cultivador del relato corto (Pipá, Doña Berta, Adiós, cordera…), es el autor de la novela más importante del siglo XIX, La Regenta, que presenta el vasto panorama social de una ciudad de provincias, Vetusta (Oviedo), en la que está representada la sociedad española de la Restauración.
La historia es la crónica del adulterio de Ana Ozores, joven esposa del regente de la Audiencia Provincial, mujer sensible e imaginativa que busca en un medio hostil, como lo es la ciudad de Vetusta, el amor ideal, la felicidad, la plenitud. El modelo de Madame Bovary es innegable. Destacan en la novela la caracterización psicológica de los personajes, siempre en relación con el medio y la sociedad, y el empleo del estilo indirecto libre, utilizado por el autor para adentrarse en la vida interior de sus criaturas.
El sí de las niñas
En su época (siglo XVIII), los matrimonios no entendían de sentimientos, sino que eran simplemente una imposición familiar. De aquí viene el drama de esta magnífica obra. Moratín, aparte de crear un libro de gran calidad literaria, intenta y desde luego consigue hacer pensar, moralizar… lanzar un mensaje lleno de sentido y absolutamente necesario para su contexto cronológico y social.
Hombre de vasta cultura, Leandro Fernández de Moratín fue un autor polifacético que se atrevió con varios géneros. Así, escribía poesía, prosa y, ante todo, teatro. Con la comedia El sí de las niñas, Moratín quiere, sobre todo, educar. Para ello hace una fuerte crítica a las familias que se mueven por interés, así como a los jóvenes que aceptan el matrimonio para lograr la estabilidad económica deseada.
Con respecto a la localización espacial, los hechos ocurren en un lugar concreto, en una posada de Alcalá de Henares. Dentro de esta posada, la acción se concentra en una sala de paso, en el primer piso. Se trata de un lugar espacioso, que consta de una escalera para bajar al piso de abajo. Y aunque casi todo ocurra en este lugar, se hacen referencias continuas a otros sitios y a anécdotas ocurridas allí, como los lugares de procedencia de los protagonistas.
El tema que trata Moratín está muy en la línea de la mentalidad de entonces. Retrata una de las tribulaciones de finales del siglo XVIII: el extremo respeto que hay hacia las autoridades y las normas establecidas. También aparece el tópico del amor verdadero, en contraposición al amor interesado. Se cuestiona, además, el papel de la mujer en la sociedad. De hecho, en los artículos de prensa se expone el rol de la mujer en la familia y el acceso que tiene a la formación. Todo ello se sitúa en un momento histórico concreto: el 23 de marzo de 1776, cuando Carlos III obliga a los hijos menores de 25 años a aceptar la decisión paterna sobre el hecho de casarse.