La novela española posterior a la Guerra Civil

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Tema 5

La Guerra Civil supone un corte profundo en la evolución literaria: algunos como Unamuno y Valle-Inclán murieron, otros como Max Aub, Francisco Ayala, Ramón J. Sénder marcharon al exilio. También, añadir el aislamiento cultural, la censura eclesial y política del franquismo y el auge de las traducciones para llenar el hueco editorial.

En la década de los 40 la novela debe comenzar de nuevo. Sigue dos caminos: el de una literatura evasiva y triunfalista y el de una literatura desarraigada, de carácter existencialista.

Continúa la evolución narrativa en los 50 con la novela del Realismo social.
Finalmente se supera el Realismo en la década de los 60, con una etapa experimental y vanguardista. Además hay que tener en cuenta la novela del exilio.

La novela de posguerra en la década de los 40:


el Realismo existencial: la novela evasiva se caracteriza por obras condescendientes con el régimen franquista que defienden los valores tradicionales, justifican la Guerra Civil y sus consecuencias  y culpan de las mismas al bando perdedor. Destacan: Rafael García Serrano: La fiel infantería; Agustín de Foxá: Madrid, de corte a checa.

La novela desarraigada y existencialista pretende mostrar un amargo y dolorido reflejo de la vida cotidiana. La temática gira en torno a la amargura, la soledad, la inadaptación, la frustración, el vacío existencial, el hastío y la muerte. Los personajes son antihéroes, seres marginados o desarraigados. El origen de este malestar se debe a causas sociales y políticas, pero la censura impide la denuncia, de ahí que la crítica se enfoque desde la esfera personal, de lo existencial. En cuanto a la técnica, se caracterizan por su sencillez: narración cronológica lineal y narrador en tercera persona.

Las novelas más representativas son:


La familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela, Nada de Carmen Laforet, Javier Mariño de Torrente Ballester y La sombra del ciprés es alargada de Miguel Delibes.

La novela en la década de los 50:


el Realismo social: se pasa de una novela existencial a una novela social, porque utilizan la denuncia social en la base de sus argumentos. En cuanto a la concepción del arte, los autores son partidarios de un literatura comprometida que refleje la realidad, la explique y contribuya a transformarla. Debe ser útil, un instrumento de denuncia a las injusticias sociales, asumiendo el papel que en otros países tiene la prensa y la tribuna política.

El Realismo ha sido la fórmula preferida para enfrentarse a la problemática social. Lo hace con dos enfoques: el Realismo objetivo, destaca El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio y el Realismo crítico, en el que destacan Martín Gaite, Caballero Bonald e Ignacio Aldecoa.

Respecto a la temática, hay una evolución de lo individual a lo colectivo, de los problemas personales a los sociales. La sociedad deja de ser el marco en el que se desarrollan los conflictos para convertirse en el núcleo temático del relato. Principales temas: la dura vida del campo, el mundo del trabajo, con las relaciones laborales, el mundo urbano, abarcando un amplio panorama, el mundo de los suburbios, la burguésía y la evocación de la Guerra Civil.


En cuanto a la técnica narrativa y el estilo, prevalece el contenido sobre los alardes técnicos. Entre sus rasgos destacan: la estructura del relato es sencilla con predominio de la narración lineal; reducción del espacio y del tiempo; predominio del personaje colectivo, también es frecuente el personaje representativo; abundancia del diálogo, recoge el habla coloquial.

Respecto a los narradores, la etapa se inicia con La colmena de Camilo José Cela. Continúa con obras de Delibes como El camino.
A mediados de los cincuenta se consolida la novela social con escritores  como: Ignacio Aldecoa: El fulgor y la sangre, Juan Goytisolo: Duelo en el Paraíso, Rafael Sánchez Ferlosio: El Jarama, Carmen Martín Gaite: Entre Visillos, Jesús Fernández Santos: Los bravos, Ana María Matute: Primera memoria, Caballero Bonald: Dos días de Septiembre, López Salinas: La mina, López Pacheco: Central eléctrica.

La novela de la década de los 60:


la literatura se muestra ineficaz como arma para transformar el mundo. El cansancio del Realismo social dará lugar a la búsqueda de nuevos enfoques y nuevas técnicas sin renunciar a la crítica.

Nuestros autores se sienten cada vez más atraídos por novelistas extranjeros como Proust, Kafka, Joyce, Faulkner, García Márquez, Vargas Llosa, Borges y Cortázar.

En 1962 se inicia esta nueva etapa, con la publicación de Tiempo de Silencio, de Luis Martín Santos, que supone la ruptura con el Realismo convencional. Se cierra la etapa con La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza.

Carácterísticas más novedosas de la novela experimental:


  • Diversidad de enfoques o perspectivismo: se adopta la perspectiva diversificada de varios personajes, el mismo suceso desde el punto de vista múltiple de los personajes que lo han vivido.
  • Abundancia del monologo interior.
  • Estructura compleja.
  • Desorden temporal.
  • Importancia decreciente del argumento: interesa la forma de contar.
  • El contrapunto.
  • La estructura caleidoscópica.
  • Manejo del lenguaje con absoluta libertad.

Entre los escritores más destacados encontramos a los que comenzaron en los años cuarenta y han evolucionado a las nuevas formas, convirtiéndose en modelos de los jóvenes escritores:

  • Cela: San Camilo y Oficio de Tinieblas 5.
  • Delibes: Cinco horas con Mario y Parábola del náufrago.
  • Torrente Ballester: La saga/fuga de JB.

Entre los coetáneos de Luis Martín Santos, la generación del 55, destacan:

  • Juan Marsé: Últimas tardes con Teresa y Si te dicen que caí.
  • Juan Benet: Volverás a Regíón, Una meditación y Saúl ante Samuel.
  • Juan Goytisolo: Señas de identidad, Reivindicación del conde Don Julián y Juan sin tierra.

Coincidiendo con el auge de la novela experimental, aparece una nueva generación, nacidos y educados en la posguerra, vivieron la rebelión contra el franquismo en las protestas universitarias del 68 y empiezan a publicar entre 1968 y 1975. Destacan José María Guelbenzu: El Mercurio, Félix de Azúa, Manuel Vázquez Montalbán o José María Vaz de Soto. Posteriormente se produce una reflexión sobre la novela y se deja de lado el experimentalismo puro, recuperándose elementos tradicionales del relato, sin olvidar los logros conseguidos por la novela estructural. En este nuevo rumbo intervienen Eduardo Mendoza, José María Merino y Juan José Millás, además de M. Vázquez Montalbán.

La novela del exilio:


gran parte de la intelectualidad española marcha al exilio cuando acaba la Guerra Civil y continúa fuera de España su labor literaria. Las carácterísticas de estos escritores son: la evocación de la España perdida, el recuerdo de la Guerra Civil, el deseo  de recuperar el pasado, la nostalgia y la experiencia humana del destierro, con sus secuelas de dolor, angustia, soledad…

Destacan:

  • Max Aub: El laberinto mágico.
  • Francisco Ayala: Muertes de perro, El fondo del vaso, Los usurpadores, La cabeza del cordero.
  • Rosa Chacel: Estación de ida y vuelta, Teresa, Memorias de Leticia Valle, La sinrazón.
  • Ramón J. Sénder: Crónica del Alba, El bandido adolescente, Réquiem por un campesino español.

Tema 6

Tras la muerte de Franco, la vida cultura experimenta una considerable transformación: se recuperan las libertades, desaparece la censura, vuelven algunos exiliados, se produce una apertura hacia la literatura extranjera, la creación literaria en lenguas españolas distintas al español recibe un impulso, se multiplican los premios y certáMenes literarios, y la novela se convierte en el género literarios que alcanza mayor auge.

La novela española, cansada del experimentalismo de los  años sesenta e inicios de los setenta, ya había comenzado la transformación con anterioridad: Torrente Ballester en La saga/fuga de J.B, parodia las innovaciones de la novela en la primera mitad de los 60 y recupera el arte de contar historias y Eduardo Mendoza, en La verdad sobre el caso Savolta, pasa desde la experimentación inicial a la recuperación de la intriga y del relato lineal.

Se habla del Realismo renovado para la promoción que publica a partir de 1975, se advierte una vuelta a la concepción clásica de la novela donde se reivindica el placer de narrar, interesa contar historias, con una buena trama y un argumento sólido en el que estén presentes la intriga, las aventuras, los enredos, amoríos….Una acción de un protagonista individual contada de forma lineal con un narrador tradicional en primera o tercera persona, según la estructura externa en capítulos, recuperación del dialogo, un retorno a la sencillez y la naturalidad en el lenguaje  y un estilo cuidado en la sintaxis.


En cuanto a la temática, destaca la libertad y diversidad de tendencias, y también podemos señalar:

  • Un sentimiento de desencanto y escepticismo.
  • Reaparecen las preocupaciones existenciales y la presencia de la intimidad
  • Destaca el sentido lúdico de la literatura que se manifiesta en el misterio y la intriga.

Trataremos de las tendencias, obras y autores más representativos reconocidos por la crítica:

La novela histórica


Influida por escritores como Graves, Yourcenar, Gore Vidal o Umberto Eco, la novela histórica es una tendencia importante en las últimas décadas, recrea hechos históricos del pasado. Destacan:

  • Torrente Ballester: Crónica del Rey pasmado.
  • Eduardo Mendoza: La ciudad de los prodigios.
  • Jesús Fernández Santos: Extramuros.
  • Juan Eslava Galán: En busca del unicornio.
  • Pérez-Reverté: El maestro de esgrima.
  • José María Merino: El oro de los sueños.
  • Muñoz Molina: El jinete polaco.
  • Julio Llamazares: Luna de lobos.
  • Vázquez Montalbán: Galíndez.
  • Delibes: El hereje.
  • Javier Cercas: Soldados de Salamina.
  • Dulce Chacón: La voz dormida.

La novela política y de intriga


El género policial ha experimentado un desarrollo rápido y espectacular, combina la tendencia a narrar una historia que resulte interesante y atraiga al lector con aspectos sociales y de denuncia. En España este modelo nacíó con La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza que continua este camino con el misterio de la cripta embrujada y El laberinto de las aceitunas, Antonio Muñoz Molina, El invierno en Lisboa y Beltenebros, Pérez-Reverté con la Tabla de Flandes, El club Dumas y la piel del tambor, la serie Carvalho de Vázquez Montalbán, crónica sociopolítica, mordaz e irónica de la transición democrática en Yo maté a Kennedy, Tatuaje, Los mares del Sur, Juan Bonet con El aire de un crimen o Juan José Millás con Papel Mojado.

La novela intimista


Trata temas subjetivos y de introspección psicológica, la novela vuelve a lo privado con el análisis psicológico de los personajes o se centra en la búsqueda personal y la reflexión sobre la propia existencia. Obras representativas: Mortal y rosa de Francisco Umbral, El desorden de tu nombre de Juan José Millás, La lluvia amarilla de Julio Llamazares, Todas las almas y  Corazón tan blanco de Javier Marías, Juegos de la edad tardía de Luis Landero, La fuente de la edad de Luis Mateo Díez, El lápiz carpintero de Manuel Rivas, Proyecto Nocilla de Fernández Maíllo o Las mascaras del héroe de Juan Manuel de Prada, Historias de Kronen de José Ángel Mañas, Héroes de Ray Loriga y Amor, curiosidad, prozac y dudas de Lucia Etxebarría.


Tema 7

La Guerra Civil supone un corte profundo en la evolución literaria: algunos de los poetas mueren durante el conflicto como por ejemplo Unamuno o Lorca, otros con Juan Ramón Jiménez continuarán su labor en el exilio. El panorama cultural del franquismo es desolador.

Comienzan a publicar jóvenes poetas nacidos alrededor de 1910, la llamada generación del 36. Se trata de una generación escindida  entre poesía arraigada o desarraigada.

Poesía de los años 40:


poesía arraigada es la de quienes se sienten serenamente conformes con su vivir y con el mundo. En formas clásicas, encierran una visión del mundo, que es optimista, a lo que se une un firme sentido religioso. Dejan huella los poetas del Imperio, como Garcilaso, a los que se les llamo garcilasistas.

En esa línea se sitúan Luis Rosales, Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco, Dionisio Ridruejo, etc. Situados en torno a las revistas  Escorial y Garcilaso. Son poetas importantes, destacamos La casa encendida de Luis Rosales y Escrito a cada instante de Leopoldo Panero.

La poesía desarraigada presidida por: Hijos de la ira, de Dámaso Alonso y Sombra del paraíso de Vicente Aleixandre, expresa la desazón, la angustia de quienes se sienten disconformes en un mundo caótico y doloroso. Su religiosidad conflictiva y su humanismo dramático hacen que se les incluya en las corrientes existencialistas, desembocaron en la poesía social. Su estilo suele ser bronco, directo, menos preocupado de primores.

En esa línea se sitúan: Victoriano Crémer en Tacto sonoro, Eugenio de Nora, con Pueblo Cautivo, fundaron la revista Espadaña y otros como Blas de Otero en Ángel fieramente humano y Redoble de conciencia, Gabriel Celaya, en Tranquilamente hablando y José Hierro, en Tierra sin nosotros y Alegría.

La distinción entre ambas tendencias es tajante. Surgen autores difícilmente clasificables como José María Valverde o el grupo Cántico de Córdoba con Pablo García Baena, Juan Bernier y Ricardo Molina; defienden posturas humanistas y cultivan una poesía pura. Miguel Labordeta, Carlos Edmundo de Ory y Eduardo Cirlot siguen una línea postsurrealista.


Miguel Hernández


Su obra se divide en dos etapas: a la primera pertenecen Perito en Lunas y El rayo que no cesa. A la segunda, influenciada por Neruda pertenecen Viento del pueblo, El hombre acecha y Cancionero y romancero de ausencias.

La poesía de los años 50: la poesía social


En 1955 aparecen Pido la paz y la palabra de Blas de Otero y Cantos iberos de Celaya. Aparece un nuevo concepto de poesía: es un instrumento para transformar el mundo, dice Celaya. En esta misma línea José Hierro con Quinta del 42 y Cuanto sé de mí.

Las intenciones de estos poetas hacen que se dirijan a la inmensa mayoría con un lenguaje claro, directo. Muchos caerán en una poesía prosaica y otros descubren las posibilidades y los valores poéticos de la lengua cotidiana.

Blas de Otero: Ángel fieramente humano, Ancia, Todos mis sonetos, Que trata de España.

Gabriel Celaya: Tranquilamente hablando, Cantos íberos, Casi en prosa, Penúltimos poemas.

José Hierro: Alegría, Cuanto sé de mí, Cuaderno de New York.

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