Nihilismo, Eterno Retorno y la Transvaloración de los Valores
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La muerte de Dios: El fin de los valores absolutos
La muerte de Dios es el acontecimiento más decisivo de la historia. Los ateos siguen siendo creyentes; han sustituido a Dios por la fe en la ciencia, en el progreso o en la política. Su moral está intacta, como si nada hubiera sucedido.
El afán por la verdad ha matado a Dios. Consecuencias: Desaparición del sentido, del Fundamento, del Eje en torno al cual todo giraba. Dios era la unidad, la verdad y el Bien absolutos.
El hombre no está a la altura de las circunstancias para asumir los efectos de la muerte de Dios; es algo demasiado grande. La muerte de Dios es una amenaza y un ocaso, pero también puede ser lo contrario: una liberación y una aurora.
El nihilismo como consecuencia del vacío
Resultado de la muerte de Dios es el nihilismo. Nihilismo: Pérdida de valor de todos los valores morales, estéticos o políticos. Se produce un agotamiento vital; la existencia se convierte en insoportable y la vida en absurda. El hombre se siente desorientado; el pesimismo es la forma previa del nihilismo.
Existen dos tipos de nihilismo:
- Nihilismo de la debilidad: Es un nihilismo pasivo; el hombre ha quedado paralizado y busca sufrir lo menos posible.
- Nihilismo de la fuerza: Es la rebeldía aceleradora del proceso demoledor de los valores vigentes.
El eterno retorno: El desafío de la repetición infinita
Todo se repite de forma idéntica; todo es un círculo eterno. No se trata de una verdad científica, sino de un desafío, un experimento mental. El eterno retorno es un abismo, una carga insoportable. Pero si se logra digerir, puede convertirse en el inicio de la superación del nihilismo.
Hay una profunda relación del eterno retorno con la muerte y el carácter único de la vida. El eterno retorno puede interpretarse como una especie de nuevo imperativo categórico: pregúntate si deseas volver a vivir infinitas veces eso que haces, eso que quieres.
Efectos sobre la vivencia del tiempo
- Respecto al pasado: Implica la aceptación del pasado.
- Respecto al futuro: Él niega la posibilidad del futuro mismo.
El eterno retorno es la forma más extrema de nihilismo: el absurdo completo de una existencia llena que se repite idénticamente. El efecto más radical del eterno retorno es la reconversión del odio hacia la existencia en amor. Esta suprema forma de afirmación es lo que Nietzsche llama Amor fati (amor al destino).
El superhombre y la superación de la humanidad
El hombre es algo que debe ser superado. El superhombre está ligado profundamente a la voluntad de poder y a la superación de sí mismo. No debe ser entendida de forma evolucionista; no es una especie nueva. El tipo es una realidad intermedia entre el individuo y la especie.
El superhombre no debe ser un resultado del azar, sino de un cierto tipo de búsqueda educativa y cultural. Es ajeno al Estado, no es un nuevo Dios, no puede identificarse con los hombres superiores; es una proyección hacia el futuro. No se debería interpretar el superhombre como una sustancia, sino como un proceso: el camino hacia el superhombre.
La antítesis: El último hombre
La figura simbólica del último hombre es la antítesis del superhombre. Es gregario en sus gustos y opiniones, busca la seguridad y rechaza el esfuerzo; es conformista y nada rebelde. Tiene suficiente con tener sus pequeños placeres.
Las tres transformaciones del espíritu
Nietzsche utiliza la alegoría de De las tres transformaciones del espíritu. El espíritu inicialmente se convierte en camello, el camello en león y el león, por fin, en niño.
- El espíritu-camello: "Carga con todo", con los pesados fardos de la moral y de la religión.
- El león: Representa al nihilista activo y rebelde; tiene la tarea de acabar con las viejas tablas de valores.
- El niño: Es un nuevo comienzo, una nueva inocencia, capaz de jugar y crear. El niño representa el cambio de valor de los valores (la transvaloración), capaz de superar el nihilismo. El niño representa al superhombre.