Nietzsche, Marx y Kant: Fundamentos de la Filosofía y Crítica de la Modernidad

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Friedrich Nietzsche y la Crítica a la Razón Occidental

Para Nietzsche, la historia de la filosofía, que comienza con Sócrates y Platón, es el inicio de un gran error. Anteriormente, en la Grecia presocrática con Homero, existía una filosofía brillante hasta la llegada de los filósofos. Dentro de la Grecia presocrática se encontraban los principios de lo Apolíneo y lo Dionisíaco.

  • Apolo: representa el ajuste, la belleza y la autorregulación.
  • Dionisio: representa el exceso y el descontrol.

En la Grecia presocrática se vivía con estos dos principios por igual y ninguno de los dos estaba por encima o eliminaba al otro. Sin embargo, con la llegada de Sócrates y Platón se empieza a valorar más la razón y la justicia, lo que conlleva a que lo apolíneo domine frente a lo dionisiaco, lo que dará lugar al gran error de la filosofía.

El Error de la Metafísica y el Trasmundo

Si nos centramos solo en lo apolíneo, dejando de lado lo dionisíaco, se dejará de aceptar el mundo en el que se vive, por lo que se pretenderá huir del mundo real buscando otro mejor. Esto dará lugar a duplicar el mundo y generar un trasmundo; por ejemplo, en el caso de Platón es el Mundo de las Ideas y en el cristianismo es la vida divina.

Por lo tanto, tras realizar esta operación, se rechaza al mundo real para desear el trasmundo. Al duplicar el mundo, se elimina el devenir, ya que es despreciado. Por lo tanto, para Nietzsche, el gran error ocurrido a lo largo de la historia de la filosofía es haber despreciado al mundo real dándole un mayor valor a los trasmundos; es decir, dejar de ser fiel al mundo real. Él piensa que, tras haber creado un trasmundo, los conceptos que provienen de la metafísica se convierten en ideas dándoles un valor objetivo y universal.

Pero esta operación, según Nietzsche, es errónea, ya que la verdadera realidad pertenece al mundo real y no al trasmundo, por lo que no existen las ideas, lo que da lugar a que no haya verdades absolutas. Lo único que se da a conocer son las perspectivas de la realidad que tiene cada vida, pero dichas perspectivas son todas diferentes y todas son igual de correctas; por lo que conocer no significa conocer una verdad absoluta, ya que no existe.

La Crítica al Cristianismo y la Moral

Nietzsche critica al cristianismo. Para él, el triunfo del cristianismo es el desprecio al mundo real. Esto hace que Nietzsche piense que la moral del cristianismo es inviable. Cuenta que en la Grecia presocrática se encuentra la moral de señores, la cual consiste en que lo bueno es: fuerza, orgullo, ambición, éxito y vigor; y lo malo es lo débil, enfermizo, cobarde, mediocre e impotente.

Con el cristianismo se da lugar a la moral de los débiles, que surge del resentimiento de los débiles debido a la incapacidad de poder alcanzar la moral de señores, por lo que se realiza la operación de quitar el valor a la moral de los señores creando un trasmundo al que se le da dicho valor. Esta operación hace que se dé la vuelta a lo bueno y lo malo de la moral de señores.

Para Nietzsche, somos cada persona diferente, por lo que critica al cristianismo debido a que utiliza un sistema en el que se trata por igual a la gente. La democracia proviene del cristianismo, por lo que contiene el mismo sistema igualitario, lo que da lugar a que Nietzsche también critique la democracia. Nietzsche cuenta que en el Renacimiento los seres humanos mataron a Dios. Por lo que, a raíz de ese acontecimiento, la creencia en Dios es en vano.

Nihilismo y el Superhombre

Esto da como consecuencia que los trasmundos no tengan sentido y que, al estar Dios implicado en ese trasmundo y haber muerto, el valor de ese trasmundo carece de sentido. Por lo que ya no queda nada con valor, lo que da lugar al nihilismo. El nihilismo da lugar a dos diferentes ramas:

  1. Nihilismo reactivo: piensa que tras la muerte de Dios ya no hay nada que se pueda hacer.
  2. Nihilismo afirmativo: es el que sigue Nietzsche; explica que tras la muerte de Dios se abre la posibilidad de volver a amar la vida, es decir, darle valor al mundo real y eliminar los errores que habían creado los trasmundos.

Nietzsche cuenta que para crear la nueva aurora y amar a la vida se tienen que dar estos tres conceptos: voluntad de poder, eterno retorno y superhombre.

  • La voluntad de poder se refiere a ser dueños de nuestra propia vida y que esa vida se intensifique. Este tipo de vida consiste en crear normas y no conformarse con obedecerlas o aceptarlas.
  • El eterno retorno nos cuenta que para poder amar la vida se necesita aceptar y desear eternamente tanto lo bueno como lo malo del mundo real. Nietzsche rompe con el modelo lineal de la historia planteado por el cristianismo y crea el modelo circular en el que se repiten eternamente los acontecimientos.
  • Por último, el superhombre es el concepto de una persona sobrehumana que no ha existido aún y que es capaz de soportar eternamente lo bueno y lo malo para poder amar la vida.

Para que se dé lugar al superhombre, el espíritu tiene que pasar por tres diferentes fases:

  • El Camello: corresponde al “debes...”; este tipo de espíritu espera pacientemente las normas que le dicten y las obedece.
  • El León: corresponde al “quiero...”; este tipo de espíritu empieza a cuestionar las normas, las creencias y las verdades absolutas (este tipo de espíritu se corresponde con el que mató a Dios).
  • El Niño: es inocente y juega; este tipo de espíritu es el que crea y ajusta las normas a su voluntad y da sentido a su vida.

Para que se dé lugar al superhombre se tiene que llegar al espíritu del niño, al cual actualmente no se ha llegado.

Karl Marx: Antropología y Alienación

Marx divide la antropología en dos partes. En la primera define la esencia del ser humano y en la segunda expone lo que el humano pierde debido al modo de producción capitalista. Hace un cambio en la antropología respecto a los anteriores autores. Estos explicaban que la esencia del ser humano es que los humanos son seres racionales; sin embargo, Marx piensa que eso no es lo principal que define a un ser humano, sino que la esencia del ser humano es la capacidad de transformar la realidad de manera libre y creativa mediante el trabajo. Por lo que la esencia del ser humano será dicha capacidad.

La Alienación en el Sistema Capitalista

Sin embargo, piensa que esa esencia del ser humano se pierde bajo las condiciones del modo de producción capitalista, por lo que el ser humano queda alienado. La alienación principal es la de la economía. En la alienación económica se pierde:

  • El producto del trabajo: ya que los trabajadores producen para algo de lo que no son dueños, ya que los dueños son los capitalistas.
  • El proceso de trabajo: ya que además de no ser dueños de lo que se produce, tampoco son dueños de las condiciones de trabajo debido a que trabajan bajo las condiciones de los dueños, no de los trabajadores.
  • La fraternidad con los compañeros: ya que se debe competir para poder trabajar, lo que convierte a un compañero en un enemigo.

La alienación económica da lugar a otras alienaciones como la política, social y religiosa:

  • Alienación política: la política se empieza a inclinar a los intereses de la clase dominante, a los capitalistas, haciendo que el proletariado pierda el Estado.
  • Alienación social: surge debido a que se debe competir para trabajar, lo que da lugar a conflictos entre personas en la sociedad.
  • Alienación religiosa: en el modo de producción capitalista se crea un Dios con las habilidades y cualidades humanas perfeccionadas, lo que convierte al ser humano en un ser limitado y que sea despojado.

Immanuel Kant: Ética y Razón Práctica

Kant también emplea la Crítica a la razón práctica, donde dice que la moral es movida por la razón y solo existe una única razón para todos. La razón hace mandatos. Hay dos tipos de mandatos:

  1. Subjetivos (Máximas): son aquellos mandatos que se da uno a sí mismo pero no son de obligado cumplimiento para los demás, por lo que no son universales y, por lo tanto, la moral no puede componerse de este tipo de mandatos.
  2. Objetivos (Imperativos): son aquellos que mandan al margen de lo que quiera el sujeto. Existen dos tipos:
    • Hipotéticos: son de la forma “si... entonces...”, en los que se expone que si se quiere algo se debe cumplir una serie de normas al margen de la subjetividad, pero existe la posibilidad de no querer ese algo y, por lo tanto, no cumplir dichas normas. Por lo tanto, la moral tampoco puede componerse de este tipo de mandatos.
    • Categóricos: son del tipo “debes o no debes”, que son incondicionales y, por lo tanto, la moral se debe componer de estos mandatos.

El Deber y la Autonomía

La razón puede actuar de tres maneras diferentes: conforme al deber, contrario al deber y por puro deber. Distingue la moral, que es la intención de algo, y la justicia, que son los hechos de ese algo, es decir, lo ocurrido después de la experiencia.

  • Si se actúa conforme al deber, estás actuando de manera que estás cumpliendo el deber pero con una intención de beneficio del sujeto; por lo tanto, es incorrecto actuar así ya que no hay contenido moral.
  • Si se actúa contrario al deber, no es correcto debido a que debes actuar con el deber.
  • Cuando se actúa por puro deber, se tiene en cuenta la intención y tiene que ser una intención desconsiderada; por lo tanto, esta será la manera correcta de actuar con la razón.

El uso teórico de la razón hace juicios y el uso práctico de la razón da órdenes. Las órdenes tienen que ser formuladas, como anteriormente se ha dicho, desde el imperativo categórico. Todas las personas tenemos una serie de rasgos y, si se comporta conforme a sus rasgos, carecerá de libertad. Un humano será libre cuando sea capaz de comportarse como dicta la razón siguiendo el imperativo categórico.

Por lo tanto, una persona será autónoma cuando obedezca algo que corresponda con lo que dicta la razón; si no, será heterónomo. Las éticas como la de Aristóteles o la de Santo Tomás, entre otras, buscan como fin supremo la felicidad, pero para Kant el fin supremo es la justicia. Kant cuenta que felicidad y justicia pueden coincidir, pero también puede que no coincidan; por lo tanto, en este mundo no se garantiza que felicidad y justicia coincidan, pero la razón cuando no...

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