Nietzsche y Marx: Filosofía, Ética y Crítica Social
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Nietzsche (1844–1900): El Problema de Dios
Nietzsche afirma la “muerte de Dios”, con la que no se refiere a un hecho literal, sino al fin de la creencia en Dios como fundamento de la verdad, la moral y el sentido de la vida en la cultura occidental.
Considera que esta “muerte” es consecuencia del desarrollo de la ciencia y la crítica filosófica, que han eliminado las bases del pensamiento religioso tradicional. Con ello, desaparece también la moral cristiana, que había dominado Europa durante siglos.
Esta situación conduce al nihilismo, es decir, la pérdida de valores y sentido. Sin embargo, Nietzsche ve esta crisis como una oportunidad para crear nuevos valores mediante la voluntad de poder y la figura del superhombre, que sustituye los valores religiosos por otros afirmadores de la vida.
En conclusión, Nietzsche no demuestra ni niega a Dios racionalmente, sino que sostiene que su creencia ha dejado de ser válida culturalmente, dando paso a una nueva forma de entender la vida sin fundamentos absolutos.
Nietzsche (1844–1900): El Problema de la Moral
Nietzsche critica la moral tradicional occidental, especialmente la cristiana, a la que considera una moral de esclavos basada en el resentimiento, la debilidad y la negación de la vida.
Distingue entre:
- Moral de señores: Propia de los fuertes que afirman la vida y crean sus propios valores.
- Moral de esclavos: Basada en la obediencia, la igualdad y la humildad. Según Nietzsche, esta última ha dominado Occidente.
Propone la transvaloración de los valores, es decir, la creación de nuevos valores que afirmen la vida. En este proceso aparece el superhombre, que supera la moral tradicional y crea sus propios valores desde la voluntad de poder.
En conclusión, Nietzsche defiende una ética vitalista que rechaza la moral tradicional y apuesta por la afirmación de la vida y la creación de nuevos valores.
Marx (1818–1883): El Problema de la Sociedad y la Política
Marx desarrolla una teoría materialista de la historia, según la cual las condiciones económicas determinan la organización social, política e ideológica. La historia avanza mediante la lucha de clases entre opresores y oprimidos.
En el capitalismo, la sociedad se divide en burguesía (propietaria de los medios de producción) y proletariado (trabajadores), lo que genera explotación mediante la plusvalía.
El Estado no es neutral, sino un instrumento de dominación de la clase dominante. Por ello, Marx propone la revolución proletaria, que elimine la propiedad privada de los medios de producción. El objetivo final es una sociedad comunista sin clases, donde desaparezcan la explotación y el Estado.
Nietzsche (1844–1900): Ética y Vitalismo
Nietzsche realiza una crítica radical de la moral tradicional occidental, especialmente la moral cristiana, a la que considera una moral de esclavos basada en la debilidad, la obediencia y la negación de la vida.
Distingue entre moral de señores (propia de los fuertes, que afirman la vida y crean sus propios valores) y moral de esclavos (basada en el resentimiento y en valores como la humildad y la igualdad). Considera que esta última ha dominado Occidente a través del cristianismo.
Propone la transvaloración de los valores, es decir, la creación de nuevos valores que afirmen la vida. En este proceso destaca la figura del superhombre, que supera la moral tradicional y crea sus propios valores desde la voluntad de poder.
En conclusión, Nietzsche defiende una ética vitalista basada en la afirmación de la vida, la superación del nihilismo y la creación de nuevos valores.