Narrativa Española entre 1939 y 1960: Autores, Corrientes y Contexto Histórico

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La Narrativa desde la Guerra Civil hasta los años 50

Al término de la Guerra Civil (1936-1939), con la victoria del bando nacional, se impone la dictadura del general Franco, iniciándose una difícil etapa en la sociedad y la cultura españolas. Es la primera etapa del franquismo, en la que se sentarán las bases del régimen, pero también la durísima época de la autarquía, acrecentada por el bloqueo de las naciones occidentales que, tras la Segunda Guerra Mundial (1940-1945), niegan su ayuda al régimen. Esta situación se mantiene hasta que en los años 50, con el apoyo de EE. UU. (movidos por intereses estratégicos), a España se le permitirá la entrada en organismos oficiales como la ONU (1955). Tras esto, comenzará a recibir ayudas económicas que impulsarán un tímido desarrollo que culminará en los años 60 con el despegue del turismo.

La Guerra Civil tiene un efecto devastador sobre la literatura, especialmente sobre la novela, a la que le costará desarrollarse. Se vive un proceso de desorientación (unos han muerto, otros están en el exilio); además, el aislamiento internacional y la censura impiden la entrada de nuevas formas de narrativa europeas y americanas (Joyce, Proust, Faulkner, Hemingway...). La novela española desde la Guerra Civil se desarrolló en distintas tendencias relacionadas con las transformaciones políticas y sociales del país.

La novela de la inmediata posguerra

a) Novela en el exilio

Hasta 1975 (muerte de Franco), los novelistas exiliados tuvieron su propia trayectoria fuera de España (México, Argentina...). Su producción no se conocerá hasta que la censura lo permita o hasta el final de la dictadura. Proliferan los libros de memorias y las autobiografías, destacando autores y obras como:

  • Rafael Alberti con La arboleda perdida.
  • Max Aub con Campo francés.
  • Ramón J. Sender con el conjunto de novelas Crónica del alba (1942 a 1946) y Réquiem por un campesino español (1953).
  • Francisco Ayala con Los usurpadores (1949).
  • Rosa Chacel con Memorias de Leticia Valle (1945).
  • Arturo Barea con La forja de un rebelde (1940-1945).

Los temas de sus obras serán la evocación de la España perdida, el recuerdo de la Guerra Civil, el deseo de recuperar el pasado, la nostalgia y la experiencia humana del destierro, con sus secuelas de dolor, angustia y soledad.

b) Novela de los años 40

La muerte de escritores como Unamuno o Valle-Inclán, el exilio, así como la censura, hacen necesario crear una nueva tradición novelística que retoma en parte la narrativa realista, rompiendo con el vanguardismo y la experimentación de antes de la guerra. La novela se puede clasificar dentro de tres tendencias:

  • Ideológica: Auspiciada por el régimen, donde los vencedores son los buenos y los vencidos los malos. Destaca Javier Mariño (1943) de Gonzalo Torrente Ballester. A pesar de su enorme calidad literaria, tardará en conseguir el reconocimiento (será a partir de los 70 cuando la crítica lo apoye gracias a La saga y fuga de J.B.).
  • Realista clásica: Cuentan la vida de la burguesía con sus valores y comportamientos. El argumento es muy extenso, con una larga sucesión de hechos en un periodo largo de tiempo. Es la llamada novela río. Ejemplo: Mariona Rebull (1943) de Ignacio Agustí.
  • De humor y fantasía: Se crean mundos imaginarios para evadirse de una realidad demasiado terrible. Destaca El bosque animado (1943) de Wenceslao Fernández Flórez.

El hito del Tremendismo y la Novela Existencial

Por otro lado, se produce una renovación de la novela con un hito literario: la publicación de La familia de Pascual Duarte (1944) de Camilo José Cela (Premio Nobel, 1989). Esta obra, con influencias de Quevedo y el Lazarillo, pero con un tono más agrio y directo, inauguró el llamado tremendismo, que se caracteriza por mostrar los aspectos más sórdidos de la realidad de una manera cruda y violenta. Cela es, sobre todo, creador y recreador del lenguaje, autor de una densa y variada obra.

Jóvenes escritores comienzan a crear novelas diferentes, proponiéndose innovar y renovar el realismo. Destaca la publicación de Nada de Carmen Laforet (Premio Nadal, 1945), con la que profundiza en la desolación psicológica, y Los Abel (1948) de Ana María Matute, que muestra características neorrealistas. Asimismo, se produce la publicación de las primeras obras de Miguel Delibes (Premio Cervantes, 1994) con La sombra del ciprés es alargada (1948). La novela existencialista refleja la amargura de la vida cotidiana, la frustración, la soledad y la vida gris de la posguerra; son personajes sin esperanza.

La novela de los años 50

En los años 50, con la Guerra Fría, España intenta salir del aislamiento (le interesaba a EE. UU. como base naval al ser un lugar estratégico) y se incorpora a algunos organismos internacionales como la ONU en 1955.

El Realismo Social

La novela de realismo social supera a la existencialista en las innovaciones técnicas y, más aún, en las ideológicas (compromiso ético y denuncia social). En esta década se deja paso a las preocupaciones sociales y colectivas. A los autores les mueve una intención ético-social (influidos por Sartre y las técnicas del cine y la novela americana como Faulkner), pretendiendo que sus novelas tengan un carácter útil, al servicio del hombre y de la mejora de sus condiciones de vida. El escritor debe comprometerse y denunciar la injusticia social.

Los novelistas tratan de reflejar las miserias de la sociedad española de posguerra, la dureza de la vida y del trabajo, la soledad, la desigualdad, la injusticia y la pobreza. En esta renovación se encuentran:

  • Miguel Delibes con El camino (1950): Su narrativa está comprometida con el ser humano. Muestra magistralmente ambientes y personajes cargados de autenticidad. Su lenguaje es sobrio, cuidado y de gran riqueza expresiva, captando el lenguaje coloquial y el habla rural.
  • Rafael Sánchez Ferlosio con El Jarama (1955): En la vertiente llamada realismo objetivista, donde el narrador presenta los hechos con objetividad y reproduce los diálogos como si antes se hubieran grabado. El narrador intenta pasar desapercibido, sin hacer comentarios o interpretaciones personales.
  • Otros autores fundamentales: Ignacio Aldecoa (El fulgor y la sangre, 1954), Jesús Fernández Santos (Los bravos, 1954), Ana María Matute (Pequeño teatro, 1954 y Los hijos muertos, 1959), Carmen Martín Gaite (Entre visillos, 1957) y Luis Romero (La noria, 1951).

Enfoques de la novela realista

La temática es variada y refleja tanto el mundo rural como el urbano. Existen dos enfoques principales:

  • a) Realismo testimonial u objetivismo: Fue la primera corriente. El narrador se limita a registrar de manera objetiva, como si fuera una cámara cinematográfica, los hechos y los comportamientos de los personajes sin juicios de valor. Ejemplos: El Jarama de Sánchez Ferlosio, Los bravos de Fernández Santos y El fulgor y la sangre de Ignacio Aldecoa.
  • b) Realismo crítico: La denuncia social se hace explícita con comentarios del narrador interesados por los aspectos más duros, sórdidos y denunciables del panorama de la España de posguerra. Sirve como vehículo de denuncia de las injusticias sociales. Ejemplos: A las afueras de L. Goytisolo y La mina de Armando López Salinas.

Renovación técnica

Las características técnicas de este periodo incluyen:

  • a) Personaje colectivo: Generalmente personajes pertenecientes a las clases medias o bajas de la sociedad; gente común en definitiva.
  • b) Sencillez expresiva: Uso de un lenguaje coloquial, claro y prosaico. Los personajes hablan como cualquier persona real (técnica del magnetofón).
  • c) Temas y estructura: Simplificación de la trama, organizada por secuencias. Es el retrato de la vida cotidiana y las preocupaciones de los años 50.
  • d) El narrador objetivo: Prácticamente no interviene en la narración.
  • e) Importancia de los diálogos: Son el motor principal de la obra.
  • f) Tiempo y espacio: La narración suele ser lineal, siguiendo un orden cronológico sin grandes saltos en el tiempo.

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