Narrativa desde los años 70 a nuestros dias

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La narrativa desde los años 70 a nuestros días

En los años 70, continúa escribiéndose novela experimental como la de la década anterior. Novela, recordemos, de estructura en secuencias, con ruptura temporal y punto de vista múltiple; con monólogo interior, lenguaje culto y sintaxis compleja.

Sin embargo, a partir de la muerte de Franco (1975) y el final de la dictadura y el aislacionismo español, se abre un nuevo período en el que desde esa fecha (1975) hasta hoy la novela vive un período feliz. De un lado, aparecen más autores nuevos y se publican muchos más títulos que antes; de otro, la respuesta al experimentalismo es contundente: los novelistas vuelven sus ojos a la tradición, recuperan muchos de los sus procedimientos y se escriben historias transparentes que devuelven el optimismo al lector.

Las novelas de esta época vuelven al retrato tradicional y la historia interesante en sí misma; predomina una visión irónica y distante de los problemas colectivos en beneficio de temas más personales, como la soledad, las relaciones personales, la realización del individuo, el amor, el erotismo… No se refleja la actualidad política pero sí hay una gran influencia de los medios de comunicación de masas y una vuelta al estilo realista.

A principios de los 70, con Gonzalo Torrente Ballester (La saga/fuga de J.B.), se inicia la recuperación de los pilares de la narración y del arte de contar historias como base de la novela. Comienza, pues, una nueva época para la novela española: los autores más destacados de esta etapa pertenecen a distintas generaciones. Narradores de posguerra renovados (Camilo José Cela, Miguel Delibes, Torrente Ballester) conviven con autores de los 60 (Juan Marsé, Carmen Martín Gaite) y de los 70 (Juan Benet, J.Mª. Guelbenzu y Juan Goytisolo).

En los años 80 y 90 surge un gran número de novelistas nuevos. Podemos decir que no existe una tendencia dominante, sino que comparten el panorama literario novelas muy diferentes en estilo, temas y calidad, entre las que destacan:
  • La novela histórica de intención paródica (Torrente Ballester en Crónica del rey pasmado, 1989) o de recreación del pasado (Terence Moix: No digas que fue un sueño, 1986, inspirada en Cleopatra y Marco Antonio) o Arturo Pérez Reverte, con obras de corte histórico-detectivesco sobre una pintura renacentista y un libro en La tabla de Flandes (1990) o El Club Dumas, respectivamente.


  • La metanovela, que consiste en incluir la narración misma como centro de atención del relato y reflexionar sobre la creación novelística: Beatus ille (1986), de Antonio Muñoz Molina.
  • La novela intimista, que vuelve a lo íntimo con el análisis psicológico de los personajes femeninos como los de Rosa Montero, Te trataré como una reina (1983), o propone historias amorosas como El desorden de tu nombre, de Juan José Millás.
  • La novela lírica (o poemática, por su parecido con el poema en prosa). Destacan La lluvia amarilla de Julio LLamazares y las obras de Javier Marías: Todas las almas y Corazón tan blanco.
  • La novela neorrealista situada en un espacio conocido, la ciudad provinciana o la gran urbe: Miguel Delibes (Diario de un jubilado, de 1994). Aquí podemos incluir el grupo de escritores jóvenes de finales de los 90 conocidos como la Generación X, que se caracterizan por su visión desencantada de la vida, con protagonistas jóvenes, la presencia de la violencia y frecuentes referencias musicales y cinematográficas, la jerga del mundo de la noche y la fiesta nocturna. Los autores más conocidos son Ray Loriga (Caídos del cielo, 1995), Lucía Etxeberría (Amor, curiosidad, prozac y dudas, 1998) y José Ángel Mañas (Historias del Kronen, 1994).
  • La novela policiaca, casi siempre influida por la novela y el cine negro americano. Aquí encontramos las obras de Manuel Vázquez Montalbán y su serie de novelas dedicadas a su personaje, el detective Carvalho;  Antonio Muñoz Molina, con El invierno en Lisboa y Beltenebros)
En la primera década del siglo XXI siguen las tendencias anteriores, aunque también se observa un auge del cuento. Uno de los mejores cultivadores es Alberto Méndez, que en Los girasoles ciegos (2004) engarza cuatro historias de posguera. Los microrelatos de Luis Mateo Díez, J. Mª Merino o Juan Pedro Aparicio también cosechan mucho éxito.

En estos últimos años hay que destacar también la abundancia de narrativa, en todos los soportes, incluyendo las nuevas tecnologías (blogs, foros,…)

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