La Monarquía de los Reyes Católicos: Política, Religión y Expansión en la España de 1474 a 1516
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Monarquía y unión dinástica de los Reyes Católicos
A mitad del siglo XV, la península ibérica estaba formada por cuatro reinos cristianos (Castilla, Corona de Aragón, Portugal y Navarra) y un reino musulmán (Granada). Castilla, por su vasta extensión territorial y su riqueza, ocupaba una posición clave entre los reinos peninsulares. Esto explica las rivalidades e intervenciones de los reinos de Aragón, Portugal, Francia e Inglaterra en los asuntos internos de Castilla, cuyo punto de partida sería el problema de la sucesión.
La crisis del reinado de Enrique IV
Castilla atraviesa una grave crisis durante el reinado de Enrique IV. Un sector de la aristocracia castellana pretendía mantener y acrecentar sus riquezas y privilegios, y se enfrentaba a un poder real débil. En 1462 nace, de su segundo matrimonio, la princesa Juana. Algunos sectores nobiliarios extendieron el rumor de su ilegitimidad y atribuyeron la paternidad al noble Beltrán de la Cueva, por lo que se la conoció como Juana la Beltraneja. Las pretensiones de la aristocracia provocaron que la herencia pasara a su medio hermano, el infante Alfonso, a quien llegaron a destronar simbólicamente en la Farsa de Ávila.
La muerte de Alfonso llevó a Isabel (media hermana de Enrique IV) a reclamar sus derechos a la sucesión al trono. Ese año, Isabel llegó a un acuerdo por el que, a cambio de reconocer la legítima autoridad de Enrique IV, se la declaraba como primera heredera y sucesora (Pacto de los Toros de Guisando).
Matrimonio y Concordia de Segovia
La candidatura de Fernando (hijo del rey Juan II de Aragón) fue tomada por ambas partes como una victoria. Pero esa elección no contaba con la aprobación del rey Enrique de Castilla, que celebró su matrimonio secreto en 1469. Juana se comprometió con un príncipe portugués y se firmaron dos bandos.
Con la muerte de Enrique IV (1474), la situación de Castilla era confusa entre los partidarios de Juana y los de su media hermana Isabel. La transmisión de poderes se realizó en Segovia a favor de Isabel. Fernando había tenido experiencias de gobierno como rey de Sicilia y regente de Aragón, y acudió desde Aragón, firmándose la Concordia de Segovia, que estipulaba los principios de la unión personal de ambas coronas:
- En documentos reales, Castilla precedería a Aragón y, a Fernando e Isabel, en ese orden.
- Cada reino mantendría la administración de sus propias rentas.
- La concesión de mercedes y oficios se reservaba a cada monarca en sus reinos.
La unión personal tuvo efectos a partir de 1479, tras la muerte de Juan II, cuando Fernando accedió al trono aragonés. Castilla atravesó una guerra civil entre partidarios de Isabel y juanistas, con el apoyo de Portugal. Tras la batalla de Toro y la Paz de Alcáçovas (1479), finalizó la fase de enfrentamientos.
Los reyes, en cada corona, se titulaban con la enumeración de todos sus reinos con sentido de comunidad, manteniéndose en cada uno de ellos sus leyes e instituciones. La unión de ambas fue personal y desigual:
- Personal: no supone la creación de una nueva realidad política o administrativa, sino que cada reino mantiene sus leyes, instituciones, moneda, etc.
- Desigual: por su peso geográfico, demográfico, económico y político, Castilla ocupará un lugar destacado en la monarquía con respecto a Aragón.
Ampliación de los territorios peninsulares
Conquista de Granada
El impulso de unificación de los Reyes Católicos se muestra en la Guerra de Granada. Cuando terminaron las disputas internas castellanas y el enfrentamiento con Portugal, aprovechando la inestabilidad política de Granada, se presentó la oportunidad de iniciar una campaña que terminara con el poder político musulmán en la península. Las discordias y rebeliones entre granadinos precipitaron el desenlace.
En 1480, los Reyes Católicos recibieron la concesión de Cruzada por parte del Papa para llevar a cabo la conquista de Granada, y dos años más tarde se inició el conflicto. Entre 1484 y 1487 cayó todo el frente occidental del Reino nazarí tras la toma de Álora, puerta de Málaga. En los dos años siguientes tomaron ciudades como Mojácar, Baza, Guadix y Almería, y alcanzaron la Vega granadina (1490-1491). El enfrentamiento civil entre El Zagal y Boabdil se extendió hasta la ciudad de Granada, que quedó asediada y terminó capitulando en noviembre de 1492. Boabdil se retiró, como había acordado, al señorío de la Alpujarra granadina, y se puso fin a más de 700 años de presencia musulmana en la península.
Anexión de Navarra
Con la muerte de Juan II de Aragón (padre de Fernando, que había reinado sobre Navarra), el reino pasó a la familia Foix y después a los Albret. Con el pretexto de que una alianza secreta entre los Albret y Francia suponía una amenaza de invasión para Castilla, Fernando envió en 1512 a Navarra un ejército castellano. El país fue ocupado sin dificultad, y Fernando obtuvo de la Santa Sede el reconocimiento de sus derechos sobre el mismo.
La incorporación de Navarra supuso redondear los territorios de la monarquía y tuvo ventajas para la defensa de las fronteras con Francia. El reino de Navarra mantuvo sus costumbres e instituciones (Cortes y Diputación) y su moneda. Navarra fue anexionada a la Corona de Aragón, pero Fernando decidió en 1515 su incorporación a la Corona de Castilla en las Cortes de Burgos.
Organización del Estado moderno. Monarquía autoritaria
Construcción del Estado moderno
El reinado de los Reyes Católicos se sitúa en el punto de partida de estos dos procesos: la construcción del Estado moderno y la monarquía autoritaria. La historiografía tradicional les atribuía la creación del moderno Estado peninsular y de la unidad de España. Sin embargo, con los Reyes Católicos no se produce la unidad de España, que no se logrará, con algunas objeciones, hasta el siglo XVIII (centralismo borbónico). Con ellos se trata de una unión personal y dinástica de las dos coronas.
Intentaron desarrollar un programa político en sus respectivos territorios que posibilitase la consecución de unas mayores cuotas de centralización del poder, unificación religiosa, modernización de la administración fiscal del Estado, aumento de la influencia internacional de sus reinos y creación de un ejército permanente. El desarrollo de este programa político centralizador encontró mayores obstáculos en el Reino de Aragón, ante el notable poder señorial y la tradición pactista de sus Cortes.
Monarquía autoritaria
La afirmación de la monarquía como institución en Castilla se realizó mediante una reconstrucción del Estado sin crear instituciones nuevas, y una centralización del poder político que supuso un enfriamiento con la nobleza. La nobleza acabó sometiéndose a la Corona: los nobles pasaron a ser colaboradores y siguieron siendo fuertes económica y socialmente. La afirmación de la monarquía se apoyó también en una política de unificación religiosa y modernización fiscal.
En Aragón, por el carácter confederal de la Corona, los intentos de imponer una política centralista y de autoritarismo real fueron diferentes. Fue la realeza la que se acomodó a las peticiones de la alta nobleza. Las Cortes presentaron una hostilidad manifiesta por no ser convocadas por el rey, ya que estas habían rehusado aprobar los subsidios que éste pedía. Valencia no planteó problemas por el ambiente de estabilidad social, y Cataluña atravesó una fase de debilidad por las luchas sociales, lo que provocó la permanencia de las instituciones, aunque con menos poder real.
Administración central
Se basa en las instituciones anteriores. El Consejo Real fue reestructurado convirtiéndose en la institución principal del reino al servicio de la Corona. Las atribuciones del Consejo Real de Castilla fueron amplias: actuaba como tribunal supremo del reino y asesoraba a la monarquía en cuestiones de política interna e internacional; en materia de Hacienda se producía el nombramiento de cargos. Esto provocó un aumento en el número de consejos, en los que trabajaban cada vez más juristas y expertos en leyes.
En Castilla y Aragón surgieron los secretarios reales, personas de confianza del rey que actuaban como enlace entre la monarquía y los consejos.
Las Cortes en Castilla fueron controladas por los monarcas en un proceso que comenzó en el siglo anterior: se limitaban a recibir el juramento de los sucesores al trono y a votar los servicios (impuestos) solicitados por la Corona. En Aragón se mantuvieron fuertes por el carácter confederal de la unión y la posición que mantenían sus representantes frente a las peticiones reales.
Administración territorial
Los municipios estaban regidos por la figura del corregidor, cargo de designación real para controlar los municipios, que obtenía atribuciones administrativas, judiciales y militares. Eran nombrados por el rey y suponían un mayor control de la Corona.
Ámbito militar
Se produjeron amplias modificaciones con la creación de un ejército permanente y la institucionalización de la Santa Hermandad: cuadrillas de ciudadanos encabezadas por alcaldes, con funciones de vigilancia, fiscalización y administración de justicia. Consiguieron el control real sobre las Órdenes militares (Calatrava, Santiago y Alcántara), que pasaron a ser administradas por los Reyes Católicos al ser nombrado el rey Fernando maestre mayor.
Ámbito judicial
En Castilla se fijó la sede de la Chancillería en Valladolid y se creó otra en Ciudad Real, que después fue trasladada a Granada. En Aragón se diversificaron las chancillerías, creándose una en cada uno de los reinos y principados que componían la Corona. Las Chancillerías actuaban como tribunales superiores de justicia.
Leyes de Toro
Son resultado de la actividad legislativa de los Reyes Católicos, fijada desde la muerte de la reina Isabel con ocasión de las Cortes de Toro (1505). La iniciativa partió del testamento de Isabel la Católica, quien estableció la necesidad de elaborar un conjunto de leyes en las que se prestaba atención a aspectos de orden familiar y sucesorio. En estas leyes se tratan aspectos como el mayorazgo, lo que garantiza el predominio social de las familias de la alta nobleza, los derechos civiles y criminales, y las formas de matrimonio. Fueron la base de las siguientes recopilaciones, que a su vez estuvieron vigentes hasta la promulgación del Código Civil (1889).
Hacienda
Se consolidó un sistema fiscal fijo, recurriendo a impuestos extraordinarios en caso de necesidad. La alcabala fue la principal fuente de ingresos. Las propiedades de las Órdenes Militares pasaron a manos de la Corona y se crearon los consulados.
Diplomacia activa
Se consolidó con los reinos europeos a través de la política matrimonial que llevaron a cabo con sus hijos y los miembros de las casas reales europeas: Isabel con Alfonso de Portugal (cuando este murió, con Manuel de Portugal); Catalina y Arturo de Inglaterra (cuando este murió, con Enrique VIII de Inglaterra); Juana con Felipe de Austria y Borgoña; Juan con Margarita de Austria y Borgoña.
Política religiosa
Aspecto esencial para el fortalecimiento del Estado fue la unidad religiosa basada en el cristianismo. Desde 1480 funcionaba en Castilla el Tribunal de la Inquisición, surgido por iniciativa de los Reyes Católicos con el fin de perseguir a los falsos conversos. En la Corona de Aragón, la introducción de la Inquisición fue más problemática, ya que se temía que fuera un instrumento al servicio del autoritarismo monárquico. Se convirtió en la única institución que abarcaba a todos los reinos de la monarquía.
El Consejo de la Suprema y General Inquisición estaba integrado en el sistema político de consejos. El Inquisidor General (primero fray Tomás de Torquemada) y los miembros del Consejo eran nombrados por el rey.
Con el establecimiento de la Inquisición se agravó la presión social contra los judíos. Tras las persecuciones de finales del siglo XIV se produjeron conversiones masivas de las comunidades judías (judeoconversos, cristianos nuevos, conversos). Ahora eran sospechosos los judíos, los conversos e incluso aquellas personas con antecedentes judíos (pruebas de sangre). La orden general de expulsión la dieron los Reyes Católicos en 1492 y supuso la marcha de unas 100.000 personas de la península. Tuvo repercusiones económicas y sociales en las ciudades castellanas y aragonesas, ya que los judíos tenían el poder económico y ocupaban puestos como administrativos, médicos, etc.
Reforma de la Iglesia
Los Reyes Católicos obtuvieron el Patronato Regio, que les daba derecho a intervenir en el nombramiento de obispos y arzobispos para imponer sus propios candidatos. En 1486 obtuvieron ese derecho de presentación de los cargos eclesiásticos en los nuevos territorios incorporados a la Corona (Granada, Canarias), y en 1508 en los territorios del Nuevo Mundo.
En la conquista de Granada, los mudéjares que vivían en la Corona de Aragón y Castilla se unieron a los granadinos. De acuerdo con las capitulaciones de Granada, quienes se rindieran conservarían sus bienes, señas de identidad y religión, y no se les forzaría su conversión al cristianismo. Estos acuerdos no se cumplieron, y las presiones de los cristianos y las campañas de conversión forzosa emprendidas por el cardenal Cisneros desencadenaron la sublevación de los mudéjares, reprimida por Fernando entre 1499 y 1501. En 1502, los mudéjares convertidos al cristianismo recibieron el nombre de moriscos, y estaban cada vez más arrinconados.
La monarquía hispánica con los Reyes Católicos se convirtió en una gran potencia y sentó las bases de la hegemonía española en nuestro continente.
Política exterior
La monarquía hispánica se convirtió en una gran potencia europea y sentó las bases de la hegemonía española en Europa. La diplomacia, la organización de un ejército permanente bajo control real y la política matrimonial fueron instrumentos básicos de la política exterior, inspirada en los intereses históricos de la Corona de Aragón. Esto significó atención al espacio mediterráneo (sobre todo Italia) y amistad con las dinastías cuyos dominios rodeaban a Francia para limitar su fuerza. La atención atlántica, propia de la Corona de Castilla, impulsó la conquista de las islas Canarias y el descubrimiento de América.
Opción mediterránea: Guerras de Italia
La presencia de la Corona de Aragón en Italia viene desde 1282, cuando los sicilianos pidieron ayuda a Pedro III. Desde Alfonso V, Sicilia y Cerdeña eran territorios de la Corona de Aragón, y Nápoles había quedado en manos de un hijo bastardo de Alfonso V. En 1494, Carlos VIII de Francia invadió Italia para hacer valer los derechos de los Anjou sobre Nápoles. Nueve años después, la acción diplomática de Fernando, que contaba con el apoyo del Papa, el emperador Maximiliano y Venecia, junto con las tropas de Gonzalo Fernández de Córdoba (el Gran Capitán), expulsó a los franceses, y el reino de Nápoles pasó a la Corona de Aragón.
Norte de África
El interés por el norte de África venía de tradiciones, de la idea de cruzada, de recuperar Jerusalén a los musulmanes y de razones geopolíticas. Los portugueses habían conquistado Ceuta y el duque de Medina Sidonia ocupó Melilla. Después de la conquista de Nápoles, los españoles ocuparon Orán (1509), que era la herencia de la tradición aragonesa, con el esfuerzo militar y financiero de Castilla, coordinado por el cardenal Cisneros. Su guarnición, atacada pocos años después desde Argel por los hermanos Barbarroja, se mantuvo durante dos siglos en manos españolas.
Opción atlántica
Desde Castilla, en los siglos XIII-XV, el mayor éxito fue el reconocimiento de soberanía sobre las islas Canarias a principios del XV. Después hubo interés de los señores andaluces y actividad de los marinos, que se unieron para sacar provecho de acciones que combinaban la pesca, el comercio y la piratería. Todo esto inquietó a Portugal, que consideraba la costa occidental de África como espacio natural de expansión. La guerra civil castellana dio nuevas alas a las expediciones de los nobles andaluces, que llegaron hasta el golfo de Guinea.
El acuerdo (Tratado de Alcáçovas) puso fin a la contienda y a la voluntad de los Reyes Católicos de asegurar la amistad con Portugal. Supuso la renuncia de Castilla a toda expansión por el África occidental y sus mares, con la excepción de las Canarias.
Hasta el reinado de los Reyes Católicos, la conquista y colonización de las islas menores había sido iniciativa de particulares. Isabel y Fernando organizaron la empresa sobre diferentes bases: confirmaron los señoríos particulares bajo la soberanía real de las islas menores, y ordenaron la conquista de las islas de La Palma, Gran Canaria y Tenerife. Los emigrantes a las islas eran andaluces, además de los mercaderes genoveses.