Modelos de relación social: conflicto, competencia y cooperación en proyectos

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¿En qué tono de relación social se va a desarrollar el proyecto?

1. Conflicto

Conflicto: Choque o antagonismo entre la conducta de dos o más sujetos que, a través de su acción, se proponen conseguir metas incompatibles. También se considera conflicto cuando un sujeto no tiene una meta propia, pero se propone como objetivo impedir la consecución de la meta del otro.

2. Competencia

Competencia: La diferencia entre conflicto y competencia consiste en que, en el caso de la competencia, no existe incompatibilidad de metas: los sujetos aspiran a conseguir la misma meta o, al menos, una parte lo más sustantiva posible de los beneficios de dicha meta. Dos individuos en relación de competencia pueden llevarse bien siempre que sometan sus prácticas a las mismas normas.

3. Cooperación

Cooperación: Convergencia entre la conducta de dos o más sujetos encaminada a la consecución de la misma meta. No hay que descartar que existan motivos interesados en la cooperación; también podemos aceptar el concurso de la actividad ajena porque reconocemos en ella otro valor que nos complementa. Supone actitudes de tipo convivencial y comunitario.

¿Hasta qué grado está el sujeto decidido o comprometido al esfuerzo para transformar la situación carencial en situación satisfactoria?

  • Proyectos pensados: Contienen una meta que a la razón le parece correcta, pero esa meta no moviliza la voluntad y, por lo tanto, tampoco moviliza la acción.
  • Proyectos ensoñados: La meta es, para la razón, correcta y lógica, y para la voluntad es realmente apetecida; aun así, no se moviliza la acción. Esto puede deberse a falta de realismo en las fases anteriores o a no tener o no saber cómo llevarlo a cabo.
  • Proyectos intencionales y realizados: En ambos tipos—intencionales y realizados—razón, voluntad y acción son favorables. La diferencia es que, en los intencionales, la ejecución puede quedarse relegada a la intención porque, a lo largo del proceso, algo falla. En los proyectos realizados, la acción llega efectivamente a la meta.

Recogida de resultados. ¿Con qué disposición mental analiza y evalúa el sujeto los resultados de su esfuerzo?

La disposición o actitud casualista: Consiste en atribuir los efectos derivados de la acción a variables fuera de nuestro control (suerte, casualidad, azar, destino, magia, horóscopo...).

El causalismo: Muestra al sujeto interpretando cada efecto o consecuencia como derivado de causas discernibles, es decir, identificables y explicables.

¿Con qué criterios distribuimos los resultados?

  • Acaparamiento: Disposición del sujeto a asegurarse para sí mismo el control de la totalidad o la mayor parte de los logros y beneficios obtenidos de la acción, así como a desvincularse de lo negativo.
  • Participación: Orientada a distribuir entre las partes implicadas tanto los logros y beneficios como los fracasos. Se puede concretar en varias posiciones:
    • Desde una posición interesada: Se entrega lo elemental y básico de lo positivo, lo suficiente para asegurarse de que en el futuro el sujeto volverá a participar con quienes le beneficiaron.
    • Desde una posición convivencial: Se distribuye a las partes implicadas la parte que se merecen en cada caso, tanto en lo positivo como en lo negativo.
    • Desde una posición comunitaria: Se distribuye de forma generosa; se tenderá a dar al otro incluso más de lo que le corresponde según la estricta justicia.

Observaciones finales

La elección del tono de relación social, el grado de compromiso del sujeto y la disposición para interpretar y distribuir resultados influyen directamente en la eficacia y sostenibilidad de cualquier proyecto. Comprender estas categorías facilita diseñar intervenciones y procesos más coherentes con los objetivos colectivos.

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