Mitos de Ovidio: Narciso, Eco, Apolo, Dafne y Pigmalión
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Narciso y Eco: Metamorfosis III
Narciso, a quien la naturaleza había concedido todas las gracias, fue pretendido por numerosos amantes, entre ellos la infeliz Eco. Pero aquel, soberbio, despreció a todos, hasta que un día se vio reflejado en la superficie de un estanque e, hipnotizado por su propia belleza y enamorado de sí mismo, no pudo abandonar aquel lugar. Allí mismo, consumido por la pena de quien no puede alcanzar un amor imposible, murió (Metamorfosis: castigo).
Apolo y Dafne: Metamorfosis I
El dios Cupido, para vengarse de una ofensa de Apolo, hiere a este con la flecha del amor y a una ninfa llamada Dafne con la del desamor. Cuanto más se enamora él, más lo rechaza ella. Esta paradoja —común a muchos amores—, la del que, irremediablemente enamorado, no comprende cómo su pasión no es correspondida, se resuelve en este mito clásico de una manera sorprendente (Metamorfosis: súplica).
Pigmalión y Galatea
El escultor y su obra
Pigmalión era un admirable escultor, pero, como no se había casado, estaba harto de estar solo. Su opinión sobre las mujeres era lo que le impedía encontrar compañera, pues creía que la naturaleza les había dado muchos vicios. A pesar de esto, un día decidió esculpir una estatua femenina a la que llamó Galatea. Era de marfil blanco y más hermosa que cualquier mujer; tan bella que se enamoró de su hermosura. Se acercaba a ella y la tocaba con gran cuidado, le daba besos y creía que se los devolvía; incluso le decía piropos y la colocó en su lecho como una compañera.
La intervención de Venus
En la fiesta de Venus, Pigmalión fue a su altar y rogó que le concedieran una esposa semejante a la de marfil. Venus entendió la súplica y, cuando Pigmalión volvió a casa y besó la estatua, sintió que estaba tibia. Poco a poco, el marfil se ablandó y Pigmalión, atónito, tocaba una y otra vez: era de carne y hueso y las venas latían bajo sus dedos.
El milagro de la vida
Entonces dio gracias a la diosa por el regalo y, al besar los labios de la joven, esta abrió sus ojos y vio el rostro de su enamorado. Venus asistió a su boda y, nueve meses después, la joven dio a luz a una niña a la que llamaron Pafos.