Del mito al logos: Actitud filosófica, falacias comunes y pensamiento arcaico

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Del mito al logos

Mito al logos. El mito utiliza la explicación imaginaria en un mundo donde todo es arbitrario y nada funciona de manera estable (caos). En el mito, los dioses eran los causantes de todo y actuaban de forma ilógica, irracional y caprichosa: los dioses enfadados provocaban los fenómenos. El paso del mito al logos implica que la arbitrariedad de la voluntad divina será sustituida por la necesidad, dando así explicaciones sobre la naturaleza o los fenómenos naturales (physis). En cualquier circunstancia, la ley se cumple y tiene un comportamiento que no va a cambiar; estas explicaciones se basan en la razón, el estudio y el conocimiento.

Por ejemplo: en el mito se afirmaba «el fuego quema» como una explicación inmediata; en la reflexión racional se busca el arjé —un sustrato material o principio vital— que explique los porqués. El arjé es entendido como un principio que permite la transición del mito al logos. Hay una ley/estabilidad (el cosmos) porque existe una explicación basada en la razón y el conocimiento, fruto del estudio que busca las explicaciones más razonables a lo que sucedía. Por ejemplo: un objeto sólido cae y esa observación es explicada por causas naturales, no por la arbitrariedad divina.

Actitud filosófica

Actitud filosófica: consiste en buscar permanentemente la explicación que se esconde detrás de lo que no se ofrece a primera vista y que, si se hallara, le daría sentido.

Características de la actitud filosófica

  • Reconocimiento de la propia ignorancia: el filósofo inicia su búsqueda asumiendo que no sabe aquello que los demás dan por sabido.
  • Cuestionamiento profundo: piensa a fondo hasta encontrar sus propias respuestas; su actitud no acepta ideas u opiniones preconcebidas.
  • Discriminación racional: trata de discriminar entre lo que es razonable y lo que no lo es, usando la razón como instrumento de conocimiento.
  • Elaboración racional de doctrinas: el filósofo elabora sus teorías a partir de la reflexión racional; su pensamiento es crítico y transformador.
  • Espíritu crítico frente al statu quo: sabe enjuiciar la realidad, separando verdades de falacias, juicios y prejuicios.
  • Finalidad práctica: aunque aspira al saber teórico, pretende transformar la realidad y analizar los mecanismos de injusticia para mejorar la situación en la medida de lo posible.
  • Afan de universalidad: no rehúye ninguna cuestión que el ser humano pueda plantearse, por muy general que sea; es un saber de segundo grado que espera a que las cosas sucedan y se ocupa de enjuiciarlas racionalmente desde su propia perspectiva, que puede ser de índole particular.

Falacias del razonamiento

Entre las falacias más habituales encontramos:

  • Ad hominem: consiste en atacar un argumento atacando a la persona que lo defiende, en lugar de atacar el argumento. Ejemplo: «Alguien que viste tan mal no puede tener razón». Tu quoque es una variante: cuando somos atacados o cuestionados, respondemos con el mismo ataque («¿por qué no lo voy a hacer yo si tú haces lo mismo?»).
  • Ad populum (o apelación a la mayoría): defendemos un argumento porque la mayor parte de la gente lo defiende. Ejemplo: «La mayoría de la gente opina lo mismo que yo».
  • Apelación a los sentimientos (ad misericordiam / ex populo): se defiende un argumento apelando a los sentimientos del oyente para conseguir su apoyo o evitar algo. Ejemplo: «Te va a salir bien la entrevista porque eres muy simpático».
  • Ad baculum: razonamiento en el que no se aportan razones para establecer una conclusión; en su lugar se recurre a la amenaza. Esto permite vencer, pero no convencer. Ejemplo: «O vais a clase ahora mismo o mañana tenéis un examen».
  • Falso dilema: plantear un dilema entre dos opciones cuando pueden existir otras alternativas. Ejemplo: «O estás conmigo o estás contra mí».
  • Pendiente resbaladiza (bola de nieve): defender un argumento apelando a consecuencias que no son seguras ni necesariamente relacionadas, exagerando resultados futuros (pueden ser negativos o positivos). Ejemplo: «Si convencemos a tus padres podremos salir de fiesta y dormirás en mi casa» (presentado como una consecuencia segura cuando no lo es).
  • Ad ignorantiam: razonamiento que pretende defender la verdad o falsedad de una afirmación por el hecho de que no se puede demostrar lo contrario. Ejemplo: «No se puede demostrar que Dios existe; por lo tanto, no existe».

Pensamiento arcaico

Pensamiento arcaico se caracteriza por:

  • Fundamentos infundados: afirmaciones sin poder demostrarlas.
  • Pensamiento acrítico: no analiza ni explicita la metodología que sigue.
  • Carácter antropomórfico: considera a los dioses iguales a los humanos en emociones y acciones.
  • Predominio de lo emocional sobre lo racional: se basa más en el sentimiento que en la razón.

Estos rasgos muestran por qué el paso del pensamiento mítico al pensamiento racional implicó, históricamente, un cambio profundo en cómo se explican los fenómenos y en la valoración de la evidencia y la argumentación.

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