La Misión de la Iglesia: Evangelización, Misericordia y Santidad

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La Misión Evangelizadora de la Iglesia

La finalidad de la Iglesia es espiritual. La evangelización consiste en hacer llegar a todos los hombres el mensaje de Jesús y su obra salvadora. La Iglesia continúa la obra salvadora de Jesús a lo largo de los siglos; en ella se encuentra Cristo y también los medios necesarios para ser santos, tanto en la tierra como en la vida eterna. Para ello, la Iglesia:

  • Predica la Palabra de Dios: Es maestra cuando enseña sobre cuestiones de fe o de moral, contando con la especial asistencia del Espíritu Santo para no equivocarse.
  • Administra los Sacramentos: A través de ellos se transmite la gracia. Por eso decimos que la Iglesia es madre, pues por ella llega la vida divina a los fieles.
  • Fomenta el amor, la paz y la justicia: Entre todos los hombres. Todos los cristianos estamos llamados a difundir el Evangelio con el ejemplo y con la palabra.

La Salvación Integral del Ser Humano

Dios vino para salvar a las personas de los pecados, pero también se ocupó de nuestras necesidades y del bien integral en sus aspectos espirituales, materiales, individuales y sociales. El cristiano debe realizar:

  • Obras de misericordia espirituales: Aconsejar, consolar, confortar, perdonar y sufrir con paciencia los defectos del prójimo.
  • Obras de misericordia corporales: Como dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, y visitar a los enfermos y presos.

La Llamada Universal a la Santidad

Todos estamos llamados a ser santos. La santidad es la vocación de cada uno de los miembros de la Iglesia; es la perfección de la caridad, y el Espíritu Santo es quien hace santos a quienes corresponden a sus llamadas. La Iglesia es la fuente de santificación de sus hijos, los cuales aquí en la tierra se reconocen pecadores, siempre necesitados de conversión y purificación.

Ser santos es imitar a Jesucristo y glorificar su nombre con las obras que realizamos en nuestra vida. Para vivir esto, un cristiano debe:

  1. Vivir en gracia de Dios.
  2. Cumplir bien las propias obligaciones.
  3. Amar a Dios en la oración y la Eucaristía.
  4. Amar con hechos a los demás.

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