El Milagro Económico Español y el Fin de la Autarquía
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El desarrollismo: Años 50, cambios en la autarquía y factores del cambio
En los años 50, el franquismo comenzó a abandonar progresivamente la autarquía debido a cambios políticos internos (menor peso del nacionalsindicalismo y mayor influencia del nacionalcatolicismo) y a la normalización internacional, especialmente tras los acuerdos con Estados Unidos (Pacto de Madrid). La economía atravesaba una grave crisis caracterizada por el déficit comercial, la inflación, el agotamiento de las reservas y los desequilibrios presupuestarios. En este contexto ascendieron los tecnócratas, muchos vinculados al Opus Dei, quienes defendían una gestión económica más eficaz y la apertura al exterior. Además, España se integró en organismos internacionales como el FMI o el Banco Mundial, que impulsaron estas reformas.
El desarrollismo: Plan de Estabilización y Planes de Desarrollo
El Plan de Estabilización de 1959 supuso el abandono definitivo de la autarquía. Diseñado por tecnócratas, buscaba estabilizar y liberalizar la economía mediante las siguientes medidas:
- Control del gasto público y congelación salarial para frenar la inflación.
- Reducción de la intervención estatal y eliminación de organismos autárquicos.
- Devaluación de la peseta para atraer inversiones extranjeras.
Sus efectos fueron inmediatos y dieron inicio a una etapa de fuerte crecimiento económico (1959-1973), conocida como “desarrollismo” o “milagro económico español”. Posteriormente, se aplicaron los Planes de Desarrollo, que orientaban la inversión hacia polos industriales (como Vigo, A Coruña, Zaragoza o Valladolid) mediante infraestructuras, subvenciones y ventajas fiscales. A pesar de ello, la industria siguió concentrándose mayoritariamente en Cataluña, Madrid y el País Vasco.
Desarrollismo: industria, turismo y sector primario
La industria se modernizó y diversificó gracias a las inversiones extranjeras (metalurgia, química, alimentación, etc.), y se desarrollaron nuevas fuentes de energía como la hidroeléctrica, térmica y nuclear. El turismo se convirtió en un motor económico clave, con un gran crecimiento en zonas como Baleares, Cataluña, Canarias o la costa andaluza. En el sector agrario, se produjo una modernización basada en la mecanización, la concentración parcelaria y los regadíos. Esto aumentó la productividad, pero redujo drásticamente la mano de obra agrícola, favoreciendo el éxodo rural hacia las ciudades o hacia el resto de Europa.
Efectos económicos y sociales del turismo
El turismo creció rápidamente por factores como el bajo coste, el buen clima y la cercanía geográfica a Europa. Campañas como “Spain is different”, impulsadas por Manuel Fraga, ayudaron a promocionar el país. Se consolidó un modelo de turismo de masas que generó ingresos y empleo, pero que también provocó impactos negativos como la degradación ambiental y una urbanización desordenada. Además, este fenómeno permitió el contacto de la sociedad española con nuevas ideas y cambios sociales procedentes de Europa.
Cambios socioeconómicos: emigración, crecimiento urbano y clase media
En los años 60, muchos españoles emigraron a países europeos como Alemania, Francia o Suiza, lo que aportó divisas fundamentales y redujo las tasas de paro. Se produjo un importante crecimiento demográfico (baby boom) gracias a la mejora generalizada de las condiciones de vida. Por primera vez, la población urbana superó a la rural debido al éxodo rural. El crecimiento urbano fue rápido y, en ocasiones, desordenado, surgiendo barrios periféricos que carecían de infraestructuras suficientes. Al mismo tiempo, surgió una clase media con mayor poder adquisitivo, lo que impulsó la sociedad de consumo (generalización de electrodomésticos y automóviles como el SEAT 600).
Proyección del desarrollismo: crisis de 1973 y límites del modelo
El crecimiento económico terminó abruptamente con la crisis internacional de 1973, que redujo los ingresos exteriores provenientes del turismo, las inversiones y las remesas de emigrantes. El desarrollismo había generado profundos desequilibrios territoriales (zonas muy desarrolladas frente a otras deprimidas) y no logró equiparar el nivel de bienestar social al de la media europea. Además, el Estado carecía de recursos suficientes para afrontar la crisis y mantenía todavía cierto intervencionismo. Finalmente, los cambios sociales producidos durante esta etapa aumentaron el descontento con el régimen franquista, contribuyendo decisivamente a su crisis final.