Miguel Hernández: Estructura y Sentimiento en la Elegía de El rayo que no cesa
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Contexto y Significado de la Elegía de Miguel Hernández
Miguel Hernández y la Generación del 27
Esta elegía pertenece a Miguel Hernández, considerado como el poeta más importante de su momento y perteneciente a la Generación del 27. El estilo de los poetas de la Generación del 27 se ve determinado por los acontecimientos históricos. Sienten admiración por el lenguaje poético de Góngora, por los autores clásicos y por las formas populares del Romancero, pero sobre todo por el surrealismo.
La Obra Central: El rayo que no cesa
El rayo que no cesa, obra a la que pertenece la elegía, es un libro de plenitud que supone la total asimilación de la retórica clásica a los problemas personales del autor. Dolor, tristeza, rabia y rebelión: estas palabras son las que se desprenden del poema y que constituyen la base temática. Es una de las elegías más tristes, llena de sentimientos contradictorios y pasión.
Estructura Métrica y Ritmo
Hernández habla sobre su amigo fallecido y cómo le cuesta aceptar el hecho de su muerte y ausencia. El poema se puede dividir externamente en dieciséis estrofas de tres versos cada una, cuya métrica corresponde a tercetos encadenados de arte mayor (endecasílabos). La rima es consonante durante todo el poema con esquema ABABCB y así sucesivamente. Posee un ritmo lento y armonioso para poder expresar su angustia y darle mayor efecto.
Evolución de los Estados Anímicos
Se observan tres estados anímicos principales que reflejan la transformación que se opera en el poema:
- Aceptación (del terceto 1 al 7).
- Rebelión (del terceto 8 al 12).
- Exaltación (del terceto 13 al 16).
Recursos Retóricos y Expresión del Dolor
El autor siente un dolor tan grande que para expresarlo se vale de numerosas hipérboles presentes a lo largo de todo el poema (ejemplos: “tanto dolor se agrupa en mi costado”, “que por doler me duele hasta el aliento”). El paralelismo y la anáfora de los versos “No perdono a la muerte enamorada,/ no perdono a la vida desatenta,/ no perdono a la tierra y a la nada” insisten en la idea de no aceptación, de rechazo de la muerte de un amigo joven.
La misma idea de la muerte de una persona joven se expresa a través de la personificación y la metáfora (“Temprano levantó la muerte el vuelo/ temprano madrugó la madrugada…”). En la última parte del texto, la actitud del poeta se vuelve más resignada y esperanzada. Al corazón de su amigo muerto se refiere con la metáfora “terciopelo ajado” y lo relaciona con la naturaleza (flores, rosas, almendro...) en la que espera volverlo a encontrar. Las constantes metáforas, paralelismos, anáforas y personificaciones inciden continuamente en el dolor, la injusticia y el consuelo.
Carácter Lírico y Subjetividad
Esta obra es de carácter lírico y, por lo tanto, se caracteriza por una perspectiva subjetiva; la obra gira en torno a un «yo» que presenta la realidad desde su punto de vista. El objetivo principal de una obra lírica no es la descripción de lo externo, sino la expresión de una interioridad: de los sentimientos, de las sensaciones y de los pensamientos que produce en ese «yo» del poeta la reciente muerte de su amigo íntimo.
Como consecuencia de todo esto, es muy frecuente el empleo de la primera persona, aunque también pueden aparecer otras personas gramaticales. A diferencia de los otros géneros, en el lírico no tienen un papel prioritario las acciones ni el discurrir del tiempo; se detiene en los estados del alma y los evoca. Debido a que persigue transmitir un sentimiento determinado y una situación anímica, abunda la descripción.
Miguel Hernández perdió a Ramón Sijé, pero quiso salvar su amistad por medio de la palabra poética, brindándole a su amigo, también poeta, el mejor homenaje que un escritor le puede regalar a otro: su propia poesía.