Metafísica y Ética: De la Realidad Aristotélica al Pensamiento Agustiniano
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La Realidad según Aristóteles
Para Aristóteles, la filosofía se define como el estudio del ser; la realidad debe ser inteligible. Existen verdaderamente múltiples cosas con diversos modos y grados de ser. Por ejemplo, existo yo (sujeto), quien puede escuchar, pero también existe algo que es escuchado (objeto determinado). La diferencia fundamental es que cualquier ejemplo del segundo grupo supone la existencia del primero (luz, color, sonido).
Existen realidades que ocurren en un sujeto (como medir dos metros) y otras que ocurren de forma externa (como estar a la izquierda de alguien). Aristóteles clasifica estas realidades en diez categorías del ser:
- Sustancia (la realidad independiente)
- Cualidad
- Cantidad
- Emoción
- Acción
- Pasión
- Tiempo
- Lugar
- Situación
- Posesión
Todo lo que es, pertenece a alguna de estas diez categorías.
Las Cuatro Causas Aristotélicas
Aristóteles señala que existen cuatro causas o principios bajo los que se rige el ser (tomando como ejemplo una silla):
- Causa material: ¿De qué está hecho?
- Causa formal: ¿Cómo y qué es?
- Causa agente: ¿Qué o quién lo hizo?
- Causa final: ¿Para qué sirve? (su propósito o telos).
La Comprensión del Hombre según San Agustín
La comprensión del hombre en San Agustín está dirigida a la conservación del alma consigo misma, pues «en el alma habita la verdad». Además, propone aprender a reconducir a la luz las doctrinas sepultadas en el olvido, evocando la teoría platónica del pensamiento.
Planteamientos sobre el Mal en San Agustín
San Agustín sostiene que existen dos tipos de mal: el que se sufre y el que se hace. Más específicamente, el mal que se sufre proviene de un mal que se hizo previamente. Llega a la conclusión de que el origen de los males que se sufren es el pecado original de Adán, el cual se hereda a través de las generaciones.
El Mal como Privación: Una Perspectiva Agustiniana
San Agustín concluye que el mal no es nada sustancial. Inicia su reflexión bajo la premisa de que toda creación proviene de la mano de Dios; por lo tanto, todo cuanto existe debe ser bueno. En consecuencia, el mal, al ser el opuesto del bien, no posee una existencia sustancial propia, sino que es una privación del bien.