Maestros del Romanticismo Musical: Chopin, Liszt, Berlioz y Mendelssohn
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La Plenitud del Romanticismo Musical
Frédéric Chopin: El Poeta del Piano
En Frédéric Chopin confluyen tres nacionalidades, y se sintetiza lo mejor de cada una de ellas: Polonia (su país natal) le aporta dolor estoico y espíritu caballeresco; Alemania le confiere el sentimiento romántico, y Francia le otorga su gentileza y gracia. Sin embargo, cuando se sienta al piano, ya no es polaco, ni francés, ni alemán. Quizá sea el único compositor que se dedicó casi exclusivamente al piano. Su música es una traducción fiel de su alma.
Sus formas son breves fantasías libres, donde se deja llevar por sus atormentados sentimientos de ternura, nostalgia y exasperación. De ahí que la mayoría de sus títulos sean:
- Baladas
- Estudios
- Impromptus
- Mazurcas
- Nocturnos
- Polonesas
- Preludios
- Valses
- Scherzi
Las combinaciones rítmicas son nuevas y están impregnadas de esencias y giros populares polacos, que expresan su profunda nostalgia y su amor a la patria. Se le considera el padre del nacionalismo musical polaco. En sus obras reviste especial realce el rubato, un ligero apresurar y retardar dentro de la frase en la parte de la mano derecha, mientras que en la izquierda se ajusta estrictamente al ritmo. Con el nocturno, Chopin desarrolla la sensación poética de un ambiente crepuscular, identificando la música con su estado de ánimo. Se vale para ello del rubato y la utilización de grupos de valoración irregular en el ritmo.
Franz Liszt: El Virtuoso y Visionario
Su padre, aficionado a la música, le inició en ella. A los nueve años, Liszt ya era concertista. Desde 1840 hasta 1847 se convirtió en el mejor pianista de toda Europa. Si dejamos aparte su producción vocal, el mundo de Liszt es el de la orquesta y el piano. Sus estudios supusieron una revolución en la concepción técnica del piano por las combinaciones sonoras y contrastes inesperados que logró.
Fue el continuador de la idea fija y anunció el leitmotiv wagneriano o idea musical dominante que reaparece y se transforma a través de su obra. Su influencia llegó casi hasta el impresionismo. Fue el principal compositor de música programática después de Berlioz, componiendo trece poemas sinfónicos. Estas son piezas breves para orquesta, divididas en secciones contrastantes, al igual que las sinfonías. El nombre del poema sugiere que la composición está inspirada en un cuadro, un poema o una escena. Algunos ejemplos son Hamlet y Los preludios.
El Réquiem de Berlioz: Grandeza Dramática
La Gran Misa de los muertos representa la culminación de los rasgos románticos: desarrollo considerable del número de instrumentos, de la duración y de los medios expresivos. En 1837, fue un encargo oficial para honrar la memoria de las víctimas de la Revolución de 1830. Berlioz insiste en los aspectos más dramáticos del texto: el terror que inspira el juicio final, con furiosa trompetería, metales, percusión atronadora, con diez timbales, diez pares de platillos, cuatro tam-tam y dos bombos.
Por el contrario, en otros momentos, redujo extraordinariamente los medios orquestales para conseguir tramos de delicados timbres, murmullos y pequeños rasgos de color. Así ocurre en el pasaje vocal Quaerens me. Para Berlioz, el arte consistía sobre todo en esa continua fluctuación emocional, en ese ir y venir de sentimientos contradictorios.
Felix Mendelssohn: El Clásico entre los Románticos
Felix Mendelssohn ha sido considerado con frecuencia como un neoclásico, el más clásico entre los románticos, por la simetría, el equilibrio y la perfección formal de su música. Sin embargo, se abre a corrientes románticas a través del lirismo de sus frases melodiosas. Esto se detecta en sus sinfonías y en sus oberturas.
Las más famosas páginas de Mendelssohn proceden de su obra instrumental: las oberturas de El sueño de una noche de verano y la Sinfonía italiana.