Maestros de la Pintura Barroca en España: Escuelas y Características

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Pintura Barroca en España: Características y Escuelas

La pintura barroca en España se caracteriza por el dominio del color sobre el dibujo. Aunque los colores no son brillantes ni estridentes, en ocasiones se pinta sin dibujar previamente, de forma rápida mediante manchas de color. En la composición dominan las líneas diagonales que tienden a crear una composición movida y dinámica. Los mejores pintores, como Ribera y especialmente Velázquez, son maestros de las composiciones aparentemente “naturales” o casuales que en realidad están profundamente estudiadas. En esto, Velázquez se muestra similar a Rembrandt y en su habilidad para que sus composiciones parezcan casi “fotográficas”.

Caracteres y Escuelas de la Pintura Barroca Española

Hay una enorme abundancia de pintores en este siglo, por ello debemos hacer una selección importante. Asimismo, podemos dividir la pintura española en escuelas:

Escuela Valenciana

Muy influida por el tenebrismo italiano gracias a las fáciles comunicaciones con Nápoles y Florencia.

  • Francisco Ribalta (1565-1628): Muy influido por el tenebrismo italiano y el clasicismo de Guido Reni. Su obra más conocida es Cristo abrazando a San Bernardo.
  • José Ribera (1591-1652): Pintor nacido en Valencia, prácticamente toda su vida artística la realizó en Nápoles, que era un territorio español. En Italia le denominaron "el Spagnoletto". Ribera es, en su primera época, uno de los grandes maestros del tenebrismo, aunque es un gran colorista, sus negros son absolutos; posteriormente su paleta se irá aclarando. Prefiere las composiciones en diagonal y los escorzos como ejes compositivos y suele utilizar la luz para marcar dichas diagonales. Ribera es uno de los pintores más naturalistas del Barroco español. Tiene preferencia por los personajes monstruosos, deformes y hasta cierto punto grotescos, sin embargo, los trata con una gran humanidad, no pretende hacer burla de ellos, sino despertar en el espectador la piedad y la compasión. El contraste en sus obras entre forma y fondo es brutal. De su época tenebrista mencionaremos su Crucifixión, Apolo y Marsyas, Silenio Borracho o la Mujer Barbuda. Poco a poco su paleta se irá aclarando y dándonos unos fondos menos tenebrosos.

Escuela Andaluza

Los máximos representantes de la pintura barroca del XVII estaban relacionados, en su mayoría, con la ciudad de Sevilla, por ser esta la de mayor población de la Península y concentrar en su puerto el comercio con América. Este negocio reclamaba la presencia de mercaderes enriquecidos, que ayudaban a crear un animado mercado artístico. Entre los más destacados representantes de esta escuela hay que nombrar a:

  • Francisco de Zurbarán (1598-1664): Tuvo sus mejores clientes en los conventos sevillanos y extremeños, sobre todo de dominicos y mercedarios, frailes de hábitos blancos. A pesar de haber trabajado en la Corte, su horizonte parece que se limita con gusto a los temas monacales. Esta elección le separa al mismo tiempo de la pompa que caracterizaba a la pintura sevillana. Queda así Zurbarán como un pintor aparte de sus grandes contemporáneos, como un cantor de la religiosidad más severa y menos retórica, apoyándose en el uso del blanco y prescindiendo de los fondos arquitectónicos. Las figuras tienen una gran volumetría, mientras que la composición es excesivamente forzada y poco flexible.

Escuela Madrileña

  • Diego de Silva Velázquez (1599-1660): Ningún pintor ha contemplado la naturaleza y la ha interpretado con su admirable serenidad. Velázquez no gusta de contemplar la vida desde ese ángulo trágico ni espectacular, ni tan extremadamente realista a que nos tienen acostumbrados los pintores del Barroco. En este sentido es poco español y andaluz. Cuando retrata a un pobre contrahecho, no se acerca a él con esa curiosidad del naturalista ante el "monstruo de la naturaleza". Sabe mantenerse a la distancia en que las lacras, sin dejar de ser vistas, no repugnan. Cuando trata un tema mitológico, prescinde de su contenido espectacular, y nos lo narra con un lenguaje que todos puedan entender. Tiene un fino sentido naturalista sin estridencias y convierte sus cuadros en espejos portentosos donde el pintor se limita a reflejar la escena de la realidad. Sus composiciones son muy complicadas en la época de juventud, pero en su edad madura hay una naturalidad que nos hace pensar en la realidad misma sorprendida por el pintor.
Primera Etapa Madrileña de Velázquez (1623-1629)

Cuando llega a Madrid se convierte en retratista de la Corte. De esos retratos, el más antiguo, más tenebrista, es el del Infante don Carlos (1624). Tiene naturalidad, elegancia sin afectación, nobleza de expresión, gravedad. En el Felipe IV (1626), posterior, las sombras del tenebrismo casi desaparecen. Este período se cierra con El triunfo de Baco o Los borrachos (1626), en que el tema mitológico es interpretado en ese plano esencialmente humano. La iluminación es todavía de violento claroscuro y los rostros de los adoradores de Baco no son nada heroicos; son rostros típicos del barroco. Además, el pintor juega con el espectador mediante un artificio, pues dos de los borrachos nos miran desde el cuadro como si nosotros les hubiéramos sorprendido. La captación del instante fugaz es uno de los elementos más destacables de esta obra.

Segundo Viaje a Italia de Velázquez (1649-1651)

En 1649 viaja a Italia donde permanece hasta 1651. Viaja a Venecia, Milán, Florencia y Nápoles donde conoce a Ribera. La Venus del espejo (1648), originalísima composición, es uno de los pocos desnudos femeninos del Barroco español.

Último Periodo Madrileño de Velázquez (1651-1660)

En 1656 pinta Las Meninas. Es el retrato de la infanta Margarita atendida por sus meninas, Doña Agustina Sarmiento, que le ofrece de rodillas una bebida, y Doña Isabel de Velasco. Completan el grupo, en segundo término, Doña Marcela de Ulloa y un guardadamas, y en primer plano los enanos Maribárbola y Pertusato. Al fondo, en la puerta aparece José Nieto, mientras en el espejo se ve a Felipe IV y a Doña Mariana que están posando para el pintor en el lugar que está el espectador. Pinta lo que está fuera del cuadro. También decir que en sus Las Hilanderas o el mito de Aracne (1657), de tema mitológico, la perspectiva conseguida es tan importante como en las propias Meninas. Consigue que exista aire entre los diferentes personajes y las diversas profundidades.

La Escuela Madrileña tuvo muchos representantes en la segunda mitad del siglo XVII. El más grande, sin lugar a dudas, fue Claudio Coello (1642-1693). Éste fue pintor de Corte de Carlos II, y entre sus obras tenemos que destacar la Adoración de la Sagrada Forma de El Escorial, en la que retrata al propio rey de perfil.