Literatura renacentista española: características, prosa y tipos de novelas

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Características de la literatura renacentista

El estilo renacentista, basado en la sencillez y la claridad expresivas, persigue la naturalidad de la lengua hablada. A las formas características de la literatura española se incorpora el verso endecasílabo y con él las estrofas, composiciones y modalidades genéricas propias de la poesía italiana. Se recuperan los temas clásicos, en los que el amor y la naturaleza reciben un tratamiento idealizado, y se revitalizan los mitos grecolatinos. En la literatura renacentista española cabe distinguir dos tendencias contrapuestas: por un lado, la idealización de la realidad y, por otro, el realismo crítico.

La prosa renacentista

La prosa de pensamiento, vinculada a la difusión del humanismo, recupera una fórmula clásica: el diálogo, que tiene en los hermanos Alfonso y Juan de Valdés a sus principales representantes.

Las novelas idealistas del Renacimiento

Este fue el género que tuvo más éxito en el siglo XVI. Al público le gustaban las novelas que contaban aventuras fantásticas y enredos amorosos complicados, casi siempre inverosímiles.

Características de las novelas idealistas

  • Sus personajes son planos; su comportamiento no evoluciona con la experiencia.
  • El ritmo de la acción resulta lento debido a que se interrumpe con relatos secundarios, poemas o largas descripciones.
  • No reflejan la realidad cotidiana de su época, sino un tiempo indefinido, irreal o mítico.
  • Transcurren en paisajes ideales, lugares exóticos o legendarios.
  • El argumento gira en torno a lances caballerescos, idilios amorosos y aventuras fantásticas.
  • La esmerada elaboración del lenguaje, las frecuentes digresiones, la indefinición del espacio y del tiempo, así como la mezcla de realidad y fantasía, adelantan algunas características de la novela experimental del siglo XX.

Novela pastoril: el amor ideal

Se idealiza la figura del pastor. Los renacentistas consideraban que los pastores eran más sensibles que los habitantes de la ciudad para descubrir la belleza de la naturaleza y para reflexionar de manera refinada sobre el amor. En estas novelas no aparece el erotismo de las novelas de caballerías, sino un amor espiritualizado, casto, en medio de un paisaje idílico. El éxito de estas novelas fue decayendo porque los autores trataban el tema del amor de manera muy abstracta y cada vez más alejada de la realidad.

Destacan La Diana (1559), de Jorge de Montemayor, y La Galatea (1585), de Miguel de Cervantes. Surgen en el Renacimiento, inspiradas en las Bucólicas escritas por el poeta latino Virgilio (s. I a. C.). Tratan del amor entre pastores idealizados y se desarrollan en la naturaleza, en paisajes bellos y perfectos — “bucólicos”—. Las historias de amor siempre acaban bien gracias a la intervención de algún mago o hechicero que realiza un encantamiento o da a beber alguna pócima a algún personaje. La primera y más famosa es La Diana, de Jorge de Montemayor. Cervantes también escribió una novela pastoril, La Galatea, pero en ella algunos romances acaban mal, como en la vida real, ya que Cervantes no quiso remedios mágicos para solucionar los conflictos de los personajes.

Novela bizantina: el viaje como alegoría de la vida humana

Ejemplo representativo es Historia de los amores de Clareo y Floristea (1552), de Alonso Núñez de Reinoso. Estas novelas se dan en toda Europa y surgen en el Renacimiento, inspiradas en la Odisea de Homero (s. VIII a. C.). Son novelas de viajes y aventuras constantes: los protagonistas —siempre nobles que viajan sin decir quiénes son— se ven separados por alguna circunstancia adversa y deben viajar para alcanzar algo y poder reencontrarse al final de la obra. Su estructura suele ser in media res. Como son de aventuras y viajes, se desarrollan en países lejanos. Los trabajos de Persiles y Sigismunda, de Cervantes, es una novela bizantina.